La idea fatal de Jrushchov: del “Estado de todo el pueblo” a la redefinición del Estado socialista en Cuba (1959–2019)
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
En la historia del socialismo real hay momentos que no producen un colapso inmediato, pero desarman lentamente sus defensas internas. Uno de esos puntos de inflexión ocurre en 1956, cuando Nikita Jrushchov, en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, introduce una reformulación que marcaría el rumbo de las décadas siguientes: el Estado deja de concebirse como dictadura del proletariado para convertirse en “Estado de todo el pueblo”.
Esta transformación, presentada como un avance humanista y superador, tuvo consecuencias históricas profundas. No se trató de una simple corrección de excesos ni de un ajuste semántico, sino de una mutación doctrinal que alteró la naturaleza del poder socialista y abrió el camino al reformismo estructural. Más de seis décadas después, esa misma lógica reaparece —con otros lenguajes— en la redefinición del Estado socialista en la Constitución cubana de 2019.
La dictadura del proletariado: qué significaba realmente
En la tradición marxista, la dictadura del proletariado no describe un régimen autoritario ni un culto al poder. Designa, con precisión teórica, la fase histórica en la que la clase trabajadora ejerce el poder político para impedir la restauración de la burguesía mientras se transforman las bases materiales de la sociedad y construir el spcialismo.
Su razón de ser es clara: la lucha de clases no desaparece con la toma del poder, el Estado socialista es un instrumento transitorio de defensa, la revolución no se consolida por consenso abstracto, sino por dirección consciente y vigilancia histórica.
Eliminar este concepto no elimina el conflicto; elimina la conciencia y la preparación para enfrentarlo.
El giro de Jrushchov: de la crítica a la deslegitimación
La crítica de Jrushchov a Iósif Stalin pudo haber sido una revisión necesaria de errores concretos. Sin embargo, la forma y el alcance de esa crítica fueron decisivos. Al personalizar los problemas del proceso revolucionario y presentar el período anterior como una desviación patológica, el discurso produjo un efecto devastador: rompió la continuidad histórica del socialismo.
El paso siguiente fue doctrinal. Al proclamar el “Estado de todo el pueblo”, se introdujo una abstracción integradora que negaba el antagonismo de clase en nombre de la unidad. El mensaje implícito fue inequívoco: la transición había concluido; el conflicto histórico estaba superado.
En realidad, ocurrió lo contrario.
Del poder de clase a la administración general
Con el “Estado de todo el pueblo”, el socialismo soviético inició su transformación en un sistema de gestión, no de combate histórico. Las consecuencias fueron visibles: la lucha de clases fue declarada obsoleta, la vanguardia se burocratizó, el partido dejó de ser estructura de dirección para convertirse en aparato administrativo, la sociedad se despolitizó.
El Estado dejó de concebirse como instrumento de defensa revolucionaria y pasó a operar como administrador general de una sociedad supuestamente reconciliada. Este desplazamiento no fortaleció al socialismo; lo volvió vulnerable. El desmontaje posterior —desde el revisionismo tardío hasta el colapso final— fue posible porque las defensas ideológicas ya habían sido retiradas.
La continuidad histórica: de Moscú a La Habana
Este proceso no quedó confinado a la URSS. Con variaciones nacionales y contextuales, la idea del Estado integrador reapareció en distintas experiencias socialistas y progresistas. En el caso cubano, la Constitución de 2019 formaliza un cambio significativo: el Estado se define como Estado socialista de derecho, con un lenguaje que prioriza la universalidad ciudadana y la juridicidad por encima de la explicitación del poder de clase.
No se trata aquí de cuestionar intenciones ni de negar conquistas sociales. Se trata de analizar el significado histórico del giro conceptual. Al igual que en 1956, el desplazamiento del énfasis desde la defensa revolucionaria hacia la integración abstracta implica un riesgo estratégico, especialmente en condiciones de asedio, guerra híbrida y presión imperial constante.
Un Estado que no se concibe a sí mismo como instrumento de una clase en lucha pierde claridad sobre: a quién defiende, contra quién se defiende y con qué medios históricos debe hacerlo.
La paradoja de la unidad
El argumento que sustenta estos giros es siempre similar: unidad nacional, inclusión, superación de antagonismos. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra una paradoja constante:
Cuando una revolución disuelve su carácter de clase en nombre de la unidad, la clase dominante no desaparece: se reorganiza.
La abstracción del “pueblo” no elimina relaciones de poder; las oculta. Y cuando el conflicto reaparece —porque siempre reaparece—, el Estado ya no posee la arquitectura doctrinal ni la legitimidad histórica para enfrentarlo.
Lección estratégica
La experiencia que va de Jrushchov a la Cuba contemporánea muestra un patrón claro: la crítica sin arquitectura alternativa produce desarme. El abandono de la dictadura del proletariado no fue reemplazado por una forma superior de dirección revolucionaria, sino por formalismo jurídico y administración política.
En ausencia de una vanguardia consciente y de una dirección estratégica capaz de anticipar y resistir, el socialismo se transforma en gestión del presente, no en construcción del futuro.
Conclusión
La fórmula del “Estado de todo el pueblo” no representó un avance humanista, sino la negación del Estado como instrumento de defensa revolucionaria. Al diluir el poder de clase en una universalidad abstracta, Jrushchov inauguró un proceso de desarme ideológico cuyos efectos aún se sienten.
La redefinición del Estado socialista en Cuba en 2019, aunque inscrita en un contexto distinto, dialoga con esa misma herencia conceptual. La lección histórica es clara: sin conciencia de antagonismo y sin dirección superior, las revoluciones no se humanizan; se desarman.
Glosario de términos clave:
Dictadura del proletariado:
Concepto marxista que designa la fase de transición en la que la clase trabajadora ejerce el poder estatal para impedir la restauración burguesa y transformar las bases materiales de la sociedad. No equivale a autoritarismo, sino a poder de clase en lucha.
Estado de todo el pueblo:
Formulación introducida en la URSS a partir de 1956 que presenta al Estado socialista como integrador universal, diluyendo el antagonismo de clase y debilitando su función defensiva revolucionaria.
Desarme ideológico:
Proceso por el cual una revolución pierde sus categorías teóricas de autodefensa, sustituyendo el conflicto histórico por abstracciones integradoras y consensuales.
Reformismo estructural:
Transformación de estructuras revolucionarias en aparatos administrativos que gestionan el orden existente sin capacidad de ruptura ni defensa frente a la restauración capitalista.
Estado socialista de derecho:
Definición jurídica que prioriza la normatividad, la institucionalidad y la universalidad ciudadana; puede fortalecer garantías formales, pero también desplazar la centralidad del poder de clase.
Continuidad doctrinal:
Persistencia histórica de ideas y categorías que, aun en contextos distintos, reproducen efectos políticos similares a lo largo del tiempo.
Antagonismo de clase:
Conflicto estructural entre clases sociales con intereses irreconciliables; su negación teórica no implica su desaparición real.
Vanguardia revolucionaria:
Función histórica de dirección consciente que articula estrategia, defensa y transformación social; no se reduce a partido ni a liderazgo personal.
Restauración capitalista:
Proceso de reintroducción de relaciones capitalistas en sociedades socialistas, a menudo de forma gradual, jurídica y encubierta.
Fuentes consultadas y recomendadas:
Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks. International Publishers.
Jrushchov, N. S. (1956). Informe al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. PCUS.
Lenin, V. I. (1917/2017). El Estado y la revolución. Editorial Progreso.
Miliband, R. (1969). The state in capitalist society. Basic Books.
Poulantzas, N. (1978). State, power, socialism. Verso.
Partido Comunista de Cuba. (2019). Constitución de la República de Cuba. Gaceta Oficial de la República de Cuba. http://cuba.cu/gobierno/NuevaConstitucion.pdf
Robinson, W. I. (2008). Latin America and global capitalism: A critical globalization perspective. Johns Hopkins University Press.
Sader, E. (2008). The weakest link? Neoliberalism in Latin America. New Left Review, 52, 5–31.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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