Luz congelada, mente liberada: el nuevo estado de la materia y su impacto potencial en Cuba

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Por Henrik Hernandez

¿Es posible detener la luz? La pregunta, que parece sacada de una novela de ciencia ficción, ha encontrado respuesta afirmativa en los laboratorios de la ciencia moderna. A temperaturas cercanas al cero absoluto, investigadores han logrado ralentizar e incluso detener completamente la propagación de la luz.

Introducción: cuando la ciencia supera la ficción

No se trata de apagar la luz, sino de suspenderla dentro de un medio superenfriado, donde los fotones —partículas de la luz— se comportan de manera muy diferente a lo que conocemos. Este fenómeno, más que una curiosidad, ha permitido crear un nuevo estado de la materia, un híbrido entre luz y materia conocido como condensado de polaritones, cuyas propiedades están marcando el inicio de una nueva era en la ciencia.

¿Qué significa congelar la luz?

Desde principios de siglo, experimentos pioneros como los de la física danesa Lene Hau demostraron que un rayo de luz podía ser ralentizado hasta velocidades bajísimas en una nube de átomos de sodio a temperaturas criogénicas. Hoy, este conocimiento se ha expandido, permitiendo que la luz se "congele" en materiales semiconductores, dando origen a partículas híbridas que combinan la velocidad de la luz con las propiedades cuánticas de la materia. El resultado es un nuevo tipo de fluido cuántico que podría revolucionar múltiples campos: desde la computación hasta la energía, desde la medicina hasta la seguridad digital.

La luz viaja normalmente a 299 994 ± 4 km/s, pero mediante técnicas cuánticas, en 2001, la física danesa Lene Hau logró reducir su velocidad a apenas 17 m/s dentro de un gas de átomos de sodio superenfriado. En años recientes, se ha conseguido detenerla completamente al hacerla interactuar con estados de la materia como los condensados de Bose-Einstein y los llamados polaritones: partículas híbridas de luz y materia.

Esto no solo representa un logro técnico. Significa que la luz puede comportarse como si tuviera masa, como si pudiera almacenarse y luego liberarse a voluntad. Estamos, literalmente, frente a un nuevo estado de la materia.

Partiendo de la definición formulada por V. I. Lenin en Materialismo y empiriocriticismo, donde afirma que "la materia es una categoría filosófica para designar la realidad objetiva, que existe independientemente de la conciencia, y que es reflejada por ésta", podemos concluir que todo lo que percibimos en el universo visible forma parte de esa realidad objetiva que la conciencia humana intenta aprehender.

¿Qué es la materia?

A partir de la definición filosófica propuesta por V. I. Lenin en Materialismo y empiriocriticismo —“la materia es una categoría filosófica para designar la realidad objetiva, que existe independientemente de la conciencia, y que es reflejada por ésta”—, comprendo que todo lo que percibimos en el universo visible pertenece a esa realidad objetiva que se manifiesta ante la conciencia humana.

Sin embargo, reflexionando desde los avances científicos y filosóficos del siglo XX, considero que esta definición puede enriquecerse dialécticamente. Como expresara Albert Einstein, la materia no es más que una forma condensada de energía, una equivalencia que sintetizó en su célebre fórmula E = mc². De manera semejante, Friedrich Engels, en su Dialéctica de la naturaleza, sostenía que “el movimiento es el modo de existencia de la materia”, negando la posibilidad de una materia sin movimiento o de un movimiento sin materia. Ambas ideas confluyen en una comprensión más dinámica de la realidad.

Desde esta perspectiva, y tras estudiar estos aportes, he llegado a la conclusión de que la materia en general —todo lo que conocemos en el universo visible— no es más que una concentración de energía “frenada”, una energía estructurada que adquiere formas diversas según las condiciones del espacio y el tiempo, y que la conciencia humana refleja mediante sus facultades sensoriales y racionales. Es decir, la materia no es algo fijo ni absoluto, sino una manifestación organizada y limitada de una energía más fundamental, que constituye el substrato último de la realidad objetiva.

Esta interpretación no niega el principio materialista, sino que lo expande hacia una visión más integral, donde materia y energía forman una unidad transformable y profunda. En ella, la conciencia no crea el mundo, pero lo refleja con grados variables de fidelidad, dependiendo de la capacidad de la ciencia y del pensamiento para aproximarse a esa realidad en movimiento. Así, la comprensión del universo no se reduce a lo que vemos, sino a lo que descubrimos al interrogar dialécticamente la esencia energética de lo que llamamos “materia”.

Aplicaciones prácticas: una revolución silenciosa

Las aplicaciones prácticas de esta hazaña son tan sorprendentes como diversas. Por un lado, se vislumbra una computación cuántica más poderosa y eficiente, con unidades de información basadas en luz detenida. Esto no solo aceleraría los cálculos, sino que también haría posibles nuevos modelos de procesamiento basados en coherencia cuántica. Por otro lado, se abren las puertas a sistemas de comunicación imposibles de interceptar, gracias al entrelazamiento cuántico y a los canales de transmisión basados en fotones congelados. Además, materiales inteligentes capaces de responder a estímulos luminosos, sensores de altísima precisión y celdas solares más eficientes podrían derivarse de esta tecnología en los próximos años.

¿Qué papel puede jugar Cuba?

Este avance representa una oportunidad estratégica si se accede a tiempo. Cuba podría integrarse a proyectos conjuntos con países aliados que ya trabajan en estas tecnologías, como China, Rusia, India o incluso Irán. A través de convenios científicos bien diseñados, con énfasis en la formación y transferencia de conocimiento, podría colocarse en la primera línea del desarrollo cuántico. También se fortalecería la soberanía digital y comunicacional del país, en momentos donde la guerra no convencional incluye ataques cibernéticos, sabotajes informáticos y vigilancia intensiva. Un sistema nacional de criptografía cuántica permitiría proteger comunicaciones sensibles y preservar datos estratégicos sin depender de tecnologías externas vulnerables.

Ciencia con conciencia: formar talento y resistir

Otro punto a favor sería el estímulo al pensamiento científico nacional. La física cuántica, por compleja que parezca, tiene un atractivo indiscutible para la juventud. Si se canaliza con una pedagogía inspiradora, puede formar nuevas generaciones de científicos y científicas cubanas comprometidas con el conocimiento y el país. La Revolución, como proceso cultural y educativo, debe abrazar estos campos de frontera. Cuba ya posee una sólida tradición científica. Lo que falta, muchas veces, no es vocación, sino condiciones materiales y estímulo institucional.

Riesgos de exclusión tecnológica y dependencia

Sin embargo, también existen riesgos importantes. El primero y más evidente es la exclusión. Dada la naturaleza estratégica de estas tecnologías, Estados Unidos podría ampliar aún más el bloqueo, impidiendo que Cuba acceda a equipos, software o publicaciones relacionadas. Ya ha sucedido con medicamentos, tecnologías médicas y programas informáticos. La brecha tecnológica entre el Norte y países como Cuba podría profundizarse peligrosamente si no se toman medidas inteligentes y audaces.

Además, si Cuba no genera su propia base de conocimiento, corre el riesgo de importar estas tecnologías como productos terminados, perdiendo soberanía en el proceso. La dependencia no siempre viene en forma de subordinación política, a veces llega en forma de fascinación tecnológica. Solo el conocimiento propio garantiza el control sobre el rumbo del país.

Otro riesgo es el sabotaje científico. La guerra contra Cuba también ha tenido como blanco la producción intelectual, bloqueando revistas, negando acceso a bases de datos, impidiendo colaboraciones y desmoralizando a científicos. La luz congelada puede ser un símbolo de futuro, pero también una herramienta que nos nieguen si no fortalecemos nuestra soberanía académica y nuestras redes de colaboración segura.

¿Qué hacer entonces?

La respuesta no está solo en los laboratorios, sino también en las aulas, en las políticas públicas y en la voluntad de imaginar una ciencia soberana y útil. Formar talento desde edades tempranas, conectar a nuestros estudiantes con centros de investigación aliados, apoyar a quienes regresan del exterior con nuevas ideas y reforzar la protección del conocimiento generado en Cuba son pasos fundamentales. La ciencia no puede florecer sin condiciones, pero tampoco sin espíritu.

Conclusión: concentrar la luz, iluminar el futuro

La posibilidad de detener la luz y transformarla en un nuevo estado de la materia no es solo un logro técnico. Es una metáfora profunda. Congelar la luz no es apagar el futuro, sino concentrarlo, moldearlo, dirigirlo con precisión. En un mundo que se mueve a velocidades inhumanas, detener la luz es también un acto de resistencia, un gesto de reflexión. Cuba puede y debe participar en esta revolución cuántica, no como espectadora, sino como protagonista. Porque al final, el verdadero poder de la ciencia no está en las máquinas, sino en la conciencia que las guía.

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Fuentes consultadas:

Amo, A., & Bloch, J. (2016). Exciton-polaritons in lattices: A non-linear photonic simulator. Comptes Rendus Physique, 17(8), 934–945. https://doi.org/10.1016/j.crhy.2016.07.009

Ballarini, D., & De Giorgi, M. (2019). Polaritonics: From microcavities to sub-wavelength confinement. Nanophotonics, 8(3), 641–654. https://doi.org/10.1515/nanoph-2019-0045

Engels, F. (1875-1876). Dialéctica de la naturaleza. Recuperado de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/75dianatu.htm

Einstein, A. (1905). Zur Elektrodynamik bewegter Körper [Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento]. Annalen der Physik, 17(10), 891–921. Recuperado de https://doi.org/10.1002/andp.19053221004

Einstein, A. (1946). E=mc²: La ecuación que cambió el mundo. Recuperado de https://www.muyinteresante.com/ciencia/16207.html

Hau, L. V., Harris, S. E., Dutton, Z., & Behroozi, C. H. (1999). Light speed reduction to 17 metres per second in an ultracold atomic gas. Nature, 397(6720), 594–598. https://doi.org/10.1038/17561

Lenin, V. I. (1909). Materialismo y empiriocriticismo. Recuperado de https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1908/mye/index.htm

Rodríguez, M. (2021). Tecnología cuántica y soberanía digital en América Latina. Revista Latinoamericana de Ciencia y Tecnología, 23(2), 115–130.

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La redacción e investigación de este artículo han contado con la asistencia de inteligencia artificial, utilizada desde julio de 2024.

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