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La zanahoria después del palo: pragmatismo estadounidense y la nueva trampa de la “normalización” con Cuba

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

Introducción

Durante más de seis décadas, la política de Estados Unidos hacia Cuba se ha sostenido sobre una lógica de coerción abierta: sanciones económicas, aislamiento diplomático y presión constante con el objetivo explícito —aunque raramente alcanzado— de provocar un cambio político interno. El llamado “bloqueo” no solo ha sobrevivido al fin de la Guerra Fría, sino que se ha endurecido y sofisticado, convirtiéndose en una de las políticas exteriores más longevas y fallidas de Washington.

En este contexto, el artículo An America First Case for Ending the Cuban Embargo, publicado por The American Conservative, resulta llamativo no por su benevolencia hacia Cuba, sino por el lugar desde el que se formula. No es un alegato humanitario ni un llamado ideológico al entendimiento, sino un argumento estrictamente pragmático, anclado en la doctrina America First, que sostiene que el bloqueo ya no sirve a los intereses estratégicos de Estados Unidos. Esta constatación abre una oportunidad, pero también introduce una nueva forma de riesgo: la transición del palo a una zanahoria más sofisticada.

El fracaso estratégico del bloqueo según Estados Unidos

El texto parte de una premisa que durante décadas fue considerada herética en amplios sectores de Washington: la política de máxima presión contra Cuba no solo no ha logrado sus objetivos declarados, sino que ha producido efectos contrarios a los intereses estadounidenses. Lejos de debilitar al Estado cubano en términos funcionales, el bloqueo ha contribuido a la inestabilidad económica, al incremento de la migración irregular hacia Estados Unidos, a la pérdida de cooperación regional y al fortalecimiento de los vínculos de La Habana con potencias como Rusia y China.

Desde esta óptica, el bloqueo no aparece como una herramienta de presión eficaz, sino como un factor de inseguridad. Un eventual colapso del Estado cubano —advierte el artículo— no sería un triunfo geopolítico, sino un problema grave para Estados Unidos: crisis migratoria, mayor espacio para el crimen organizado y una presencia aún más profunda de actores extrahemisféricos a 90 millas de Florida.

Cuba y la paradoja de la seguridad en el Caribe

Uno de los argumentos más contundentes del texto es la caracterización de Cuba como un socio de seguridad excepcional en el Caribe. Basándose en informes oficiales del propio Departamento de Estado, el autor subraya que el territorio cubano es evitado sistemáticamente por las redes del narcotráfico debido a la eficacia de su aparato de seguridad y a su cooperación con agencias estadounidenses, incluida la Guardia Costera.

Esta realidad contrasta con la situación de varios aliados formales de Washington en la región, convertidos en corredores habituales del tráfico de drogas. La paradoja es evidente: mientras Estados Unidos declara la lucha contra el narcotráfico como prioridad de seguridad nacional, mantiene una política que obstaculiza la cooperación con uno de los pocos Estados del Caribe que ha demostrado capacidad real para contenerlo.

Pérdida de influencia y vacío geopolítico

El artículo recuerda que, durante el breve período de deshielo diplomático entre 2014 y 2016, Cuba comenzó a reintegrarse de manera gradual —aunque controlada— en el entorno económico estadounidense. Cruceros, vuelos regulares, intercambios culturales y el interés de grandes empresas norteamericanas señalaban un proceso lento, pero significativo, de reconfiguración de la relación bilateral.

Ese proceso fue abruptamente interrumpido. El endurecimiento posterior de las sanciones expulsó a las empresas estadounidenses y abrió un vacío que fue ocupado por actores como Rusia, China, Canadá y Vietnam. Desde una perspectiva estrictamente realista, el resultado es difícil de defender: Estados Unidos cedió influencia económica y política en su propio entorno geográfico inmediato, mientras potencias lejanas consolidaban posiciones estratégicas en sectores clave de la economía cubana.

El costo interno del bloqueo para Estados Unidos

Más allá de la geopolítica, el texto subraya un aspecto raramente discutido en el debate público estadounidense: el costo interno del bloqueo. Mantener este sistema de sanciones requiere una extensa maquinaria administrativa, legal y financiera destinada a vigilar transacciones, penalizar viajes, congelar activos y procesar violaciones que, en muchos casos, afectan a ciudadanos y empresas estadounidenses.

A ello se suma la financiación sostenida de programas de “promoción de la democracia” que, según el propio artículo, han demostrado una eficacia política mínima y funcionan, en la práctica, como un entramado clientelar ligado a intereses electorales y grupos de presión específicos. Desde la lógica de America First, el bloqueo aparece así como una política cara, ineficiente y desconectada de las prioridades reales de seguridad nacional.

La oferta pragmática y sus trampas implícitas

Hasta aquí, el argumento parece sólido e incluso razonable. Sin embargo, es precisamente en este punto donde emerge la dimensión más problemática del enfoque. La normalización propuesta no implica un reconocimiento pleno de igualdad soberana ni una revisión crítica del daño histórico causado por décadas de coerción económica. Tampoco plantea garantías jurídicas que impidan la reversibilidad unilateral de las sanciones ni mecanismos de reparación por los perjuicios acumulados.

El riesgo central es que la “normalización” funcione como una forma más sofisticada de presión. Allí donde el embargo fracasó como instrumento de asfixia, la apertura condicionada puede operar como mecanismo de reconfiguración interna: dependencia económica, captura tecnológica, formación de élites funcionales al mercado externo y desplazamiento del conflicto político hacia un terreno aparentemente técnico y desideologizado.

El régimen de presión no desaparece; se transforma. El objetivo deja de ser el colapso visible y pasa a ser la erosión gradual de la autonomía estructural del modelo cubano.

America First: hegemonía transaccional, no coexistencia

Comprender esta trampa requiere entender la lógica de America First. A diferencia del internacionalismo liberal, que busca hegemonía mediante normas y consensos, o del neoconservadurismo, que privilegia la fuerza y la confrontación abierta, esta doctrina persigue la primacía a través de la utilidad. Los vínculos no se basan en afinidades ideológicas, sino en cálculos de costo-beneficio.

Desde esta perspectiva, Cuba no es un igual con el que coexistir, sino un actor que puede ser integrado de manera funcional en el sistema estadounidense, siempre que ello refuerce la seguridad, la economía y la influencia de Washington. La aceptación de la soberanía ajena es táctica, no estructural.

Cómo podría Cuba convertir la apertura en oportunidad real

Nada de lo anterior implica que Cuba deba rechazar de plano cualquier proceso de negociación o acercamiento. Pero sí exige una lectura estratégica extremadamente cuidadosa. La clave no está en sustituir unas alianzas por otras, sino en superponerlas; no en apostar por un centro de poder, sino en reforzar la multipolaridad como seguro estratégico.

Una apertura gestionada desde la soberanía implicaría negociar desde el derecho internacional, exigir garantías de irreversibilidad, mantener la diversificación de socios y evitar cualquier dependencia crítica —financiera, tecnológica o logística— que limite la capacidad de decisión futura. La diplomacia cubana no debería aspirar a “morder la zanahoria”, sino a obligar a que existan varias, ninguna de ellas atada al palo.

Conclusión: del fin del bloqueo al sentido de la normalización

El hecho de que sectores del pensamiento conservador estadounidense reconozcan hoy el fracaso del bloqueo es, en sí mismo, un dato político relevante. Pero el verdadero debate no es si esa política agotó su eficacia, sino qué tipo de relación pretende sustituirla.

Una normalización basada en la asimetría, la reversibilidad y la utilidad estratégica de Cuba para Estados Unidos no resolvería el conflicto histórico, sino que lo desplazaría a un terreno más sutil. Cuba puede y debe negociar, pero no desde la urgencia ni desde la ilusión de neutralidad. La apertura, para ser justa y sostenible, debe asentarse sobre soberanía plena, garantías jurídicas, reconocimiento del daño causado y un equilibrio real de relaciones internacionales.

De lo contrario, el palo habrá sido sustituido por una zanahoria más elegante, pero no menos condicionante.

Glosario de términos clave:

Bloqueo:

Sistema integral de sanciones económicas, financieras, comerciales y logísticas impuestas por Estados Unidos contra Cuba, con efectos extraterritoriales, cuyo objetivo histórico ha sido la coerción económica y política del Estado cubano. Su alcance excede el concepto jurídico de “embargo”.

America First:

Doctrina de política exterior estadounidense basada en el interés nacional inmediato, la transacción pragmática y la utilidad estratégica de las relaciones internacionales, priorizando beneficios directos para Estados Unidos por encima de compromisos ideológicos o multilaterales.

Normalización condicionada:

Proceso de restablecimiento parcial de relaciones diplomáticas y económicas que mantiene mecanismos de presión reversibles, asimetrías estructurales y capacidad de coerción unilateral por parte de la potencia dominante.

Régimen de presión:

Conjunto de instrumentos políticos, económicos, legales y financieros utilizados para influir o modificar el comportamiento de un Estado soberano, ya sea mediante sanciones abiertas (palo) o incentivos condicionados (zanahoria).

Multipolaridad:

Configuración del sistema internacional en la que coexisten varios centros de poder económico, político y militar, reduciendo la dependencia de un único actor hegemónico y ampliando los márgenes de maniobra soberana.

Soberanía estructural:

Capacidad real de un Estado para tomar decisiones políticas, económicas y estratégicas sin dependencia crítica externa, más allá del reconocimiento formal de su soberanía jurídica.

Fuentes consultadas:

Lindsay, R. (2026). An America First case for ending the Cuban embargo. The American Conservative.
https://www.theamericanconservative.com/an-america-first-case-for-ending-the-cuban-embargo/

United Nations General Assembly. (2023). Necessity of ending the economic, commercial and financial embargo imposed by the United States of America against Cuba. United Nations.

Departamento de Estado de los Estados Unidos. (2024). International Narcotics Control Strategy Report. U.S. Government Publishing Office.

Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. (2025, 18 septiembre). El bloqueo es real y se ha recrudecido a niveles sin precedentes [Informe sobre las afectaciones del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra Cuba]. https://cubaminrex.cu/es/el-bloqueo-es-real-y-se-ha-recrudecido-niveles-sin-precedentes

Gracias por leerme.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano

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