Cuba tuvo focas: la historia de una extinción y lo que aún podemos recuperar
por Henrik Hernandezpublicado en
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Una foca capturada en La Habana en 1883, conservada gracias a la intervención del naturalista Felipe Poey, permite reconstruir una parte olvidada de nuestro patrimonio natural. ¿Qué ocurrió con las focas del Caribe y qué puede enseñarnos hoy su desaparición?
Introducción
En el verano de 1883, los habitantes de La Habana pudieron contemplar un animal poco común: una joven foca capturada en la bahía de la ciudad. Su piel había sido preparada para exhibirse y, pocos meses después, el ejemplar llegaría a una de las instituciones científicas más importantes de Estados Unidos, el Smithsonian Institution.
El naturalista cubano Felipe Poey y Aloy intervino en el envío del ejemplar al Smithsonian. Gracias a aquel material, los zoólogos pudieron estudiar con mayor precisión un mamífero marino que hoy ha desaparecido para siempre.
Se trataba de la foca monje del Caribe (Neomonachus tropicalis), una especie adaptada a las aguas tropicales que habitó durante siglos las costas, playas y cayos de nuestra región, incluida Cuba.
Su última observación científicamente confirmada ocurrió en 1952. En 2008, las autoridades estadounidenses la declararon oficialmente extinguida y la retiraron de la lista de especies amenazadas.
La historia de aquella foca habanera nos conduce a tres preguntas: ¿cuántas existieron, por qué desaparecieron y qué podemos recuperar de los ecosistemas que un día las sostuvieron?
La foca de La Habana que llegó al Smithsonian
La historia está documentada en una investigación publicada en 2021 por la historiadora de la ciencia Dolly Jørgensen, quien reconstruyó las relaciones entre la caza de focas monje del Caribe y las prácticas de las instituciones zoológicas.
En octubre de 1883, el Smithsonian recibió de Felipe Poey un ejemplar preparado y montado que incluía el cráneo y huesos de las extremidades. La pieza quedó registrada con el número NMNH 13950.
Su importancia científica era considerable. Por entonces, el British Museum conservaba otro ejemplar de la especie, pero su preparación incompleta no permitía un estudio anatómico tan detallado.
Los especialistas Frederick W. True y Frederic A. Lucas examinaron el material enviado desde Cuba. Realizaron mediciones, describieron características del cráneo y de la coloración y publicaron ilustraciones anatómicas que contribuyeron al conocimiento zoológico del animal.
Las tres ilustraciones del cráneo, publicadas en 1885, constituyeron las primeras representaciones científicas conocidas de esa parte anatómica de la foca monje caribeña.
Aquella foca no era simplemente una curiosidad exhibida en La Habana. Representaba una oportunidad para estudiar una especie de la que existían escasas muestras científicas.
El episodio demuestra la participación de naturalistas cubanos en las redes internacionales de investigación del siglo XIX. También permite comprender una contradicción histórica: durante aquella época, la zoología dependía considerablemente de la captura y conservación de ejemplares, incluso cuando algunas especies comenzaban a mostrar señales de disminución.
La demanda de animales para museos y colecciones científicas constituyó una presión adicional sobre las poblaciones de focas del Caribe, ya afectadas por la explotación comercial.
Actualmente, las colecciones históricas pueden proporcionar información anatómica y genética mediante técnicas que no estaban disponibles en el siglo XIX.
El ejemplar asociado a Felipe Poey constituye así un testimonio material de una parte desaparecida de nuestro patrimonio natural y una fuente potencial para futuras investigaciones.
Fuente: Jørgensen (2021), Erasing the extinct: The hunt for Caribbean monk seals and museum collection practices.
¿Cuántas focas hubo en el Caribe?
Durante mucho tiempo, la verdadera abundancia histórica de la foca monje del Caribe fue difícil de establecer. Los primeros viajeros europeos describieron encuentros con estos mamíferos, pero no realizaron censos sistemáticos.
En 2008, Loren McClenachan y Andrew B. Cooper publicaron una reconstrucción basada en registros históricos y arqueológicos.
Su investigación estimó que, antes del colapso de la especie, pudieron existir entre 233.000 y 338.000 focas, distribuidas en trece agrupaciones regionales del Caribe.
Estas cantidades son estimaciones retrospectivas para toda la región, no cifras correspondientes exclusivamente a Cuba.
El modelo utilizó la distribución de las observaciones históricas y diversos supuestos poblacionales para reconstruir la posible organización de las colonias. Sus resultados no equivalen a la observación directa de trece colonias reproductoras.
El estudio identificó una agrupación denominada «S Cuba», asociada a la región meridional cubana, a partir de cinco registros incluidos en el análisis.
El último registro de esa agrupación corresponde a 1877. Sin embargo, esto no significa que todas las focas de Cuba desaparecieran aquel año: el ejemplar capturado en La Habana en 1883 demuestra que todavía se registraban animales posteriormente.
Los investigadores identificaron además un patrón geográfico interesante. Las agrupaciones que persistieron durante más tiempo se encontraban principalmente en atolones y cayos alejados de las principales perturbaciones humanas.
La distancia respecto a los asentamientos y actividades humanas pudo ofrecer cierta protección, aunque finalmente resultó insuficiente.
La reconstrucción permite comprender que las focas no fueron visitantes excepcionales del Caribe. Constituyeron poblaciones establecidas que formaban parte de su fauna marina.
Fuente: McClenachan y Cooper (2008), Extinction rate, historical population structure and ecological role of the Caribbean monk seal.
¿Cómo desaparecieron?
La foca monje del Caribe fue perseguida durante siglos por su carne, su piel y, especialmente, su grasa, utilizada para producir aceite.
Su comportamiento facilitaba la caza. Los animales descansaban y se reproducían en playas y cayos donde podían concentrarse numerosos individuos. Una vez descubiertos estos refugios, los cazadores podían capturar varios ejemplares en una misma expedición.
Las crónicas históricas registran matanzas desde los primeros viajes europeos por el Caribe. Con el establecimiento de actividades comerciales, la explotación adquirió una escala mayor.
Durante los siglos XIX y XX, la presión continuó mediante capturas, expediciones y recolección de ejemplares para instituciones científicas. Paralelamente, la explotación pesquera y la transformación de los ecosistemas marinos pudieron agravar la vulnerabilidad de las poblaciones restantes.
La última observación ampliamente aceptada ocurrió en 1952, en el banco de Serranilla, una zona del Caribe occidental.
Esto no significa que el último individuo muriera ese año, sino que no se conocen registros posteriores suficientemente comprobados.
En 2008, el Servicio Nacional de Pesquerías Marinas de Estados Unidos, dependiente de NOAA, concluyó oficialmente que la especie estaba extinguida.
Había desaparecido un mamífero marino tropical que durante siglos formó parte de los ecosistemas caribeños.
Su destino demuestra hasta qué punto una especie aparentemente abundante puede desaparecer cuando la explotación humana supera su capacidad de recuperación.
Fuentes: Jørgensen (2021); NOAA (2008), Caribbean Monk Seal 5-Year Review.
¿Qué sabemos de su papel ecológico?
Las focas monje del Caribe eran depredadoras que se alimentaban de organismos marinos. Los estudios ecológicos históricos las relacionan con el consumo de peces y diversos invertebrados, aunque la información directa sobre su dieta es limitada.
Su presencia formaba parte de las redes alimentarias de los ecosistemas arrecifales.
Una de las aportaciones más interesantes de la investigación de McClenachan y Cooper consistió en estimar la biomasa alimentaria necesaria para mantener las poblaciones históricas de focas.
Mediante un modelo de redes tróficas, los investigadores calcularon que los arrecifes antiguos debieron sostener cantidades de peces e invertebrados considerablemente superiores a las registradas en muchos arrecifes caribeños modernos.
En particular, la biomasa de peces arrecifales necesaria para alimentar a las poblaciones estimadas de focas resultó entre cuatro y seis veces superior a la media utilizada como referencia para los arrecifes caribeños contemporáneos.
Se trata de una reconstrucción de biomasa, no de una medición directa de productividad ecológica histórica.
También debemos distinguir entre lo documentado, lo estimado y lo que todavía desconocemos.
Lo documentado: las focas habitaban el Caribe, formaban agrupaciones y se alimentaban de organismos marinos.
Lo estimado: su abundancia histórica y la biomasa de alimento necesaria para sostener sus poblaciones, calculadas mediante modelos ecológicos.
Lo desconocido: cómo afectó exactamente su desaparición a las poblaciones de peces, crustáceos y otros depredadores, y qué cambios específicos produjo en el funcionamiento de los ecosistemas.
La desaparición de un depredador puede modificar las relaciones entre otras especies, pero no sabemos con precisión cuáles fueron esos efectos en el caso de la foca monje del Caribe.
Por tanto, tampoco podemos afirmar que introducir otra especie de foca mejoraría automáticamente los mares cubanos.
La verdadera importancia de estos estudios reside en que permiten reconstruir una referencia histórica del ecosistema: muestran cuánta vida animal pudieron sostener determinados arrecifes antes de siglos de explotación y degradación.
Conocer esas condiciones ayuda a comprender la magnitud de las transformaciones ecológicas, aunque no significa que sea posible reproducir exactamente el pasado.
Fuente: McClenachan y Cooper (2008).
¿Qué puede investigar Cuba hoy?
Aunque la foca monje del Caribe está extinguida, sobreviven dos especies emparentadas: la foca monje hawaiana (Neomonachus schauinslandi) y la mediterránea (Monachus monachus).
Un estudio de 2014, dirigido por Dirk-Martin Scheel y colaboradores, demostró mediante ADN antiguo y características anatómicas que la especie caribeña estaba evolutivamente más relacionada con la hawaiana.
Este resultado permitió establecer el género Neomonachus para ambas especies.
Sin embargo, compartir parentesco no significa que una especie pueda reemplazar a otra sin consecuencias. La foca hawaiana está amenazada, y cualquier traslado fuera de su distribución natural requeriría evaluaciones científicas y autorizaciones rigurosas.
Tampoco existe actualmente una tecnología demostrada que permita reconstruir una población viva y reproductora de la foca monje caribeña a partir de material genético antiguo.
¿Significa esto que Cuba no puede hacer nada?
Por el contrario, existe una oportunidad de investigación que no depende de introducir animales.
La primera tarea podría ser elaborar un Atlas histórico de la foca monje del Caribe en Cuba.
Ese proyecto reuniría registros de expediciones, documentos de naturalistas, mapas, observaciones antiguas y datos de colecciones científicas.
El ejemplar asociado a Felipe Poey en 1883 y los registros históricos de la costa sur cubana constituirían referencias iniciales. Sería necesario verificar la ubicación exacta de cada observación, su fecha, su procedencia documental y el grado de confiabilidad de la identificación zoológica.
Una segunda etapa podría estudiar las condiciones ecológicas actuales de los antiguos hábitats: disponibilidad alimentaria, estado de los arrecifes, amenazas humanas y transformaciones del litoral.
La reconstrucción documental y ecológica de la presencia histórica de focas en Cuba podría aportar información útil para orientar futuras investigaciones y medidas de conservación. A diferencia de una eventual introducción de animales vivos, esta iniciativa permitiría comenzar con archivos, colecciones científicas y estudios ambientales, sin asumir los riesgos de una intervención ecológica de consecuencias inciertas.
En este esfuerzo podrían colaborar instituciones cubanas de investigación marina, museos de historia natural y centros internacionales especializados en mamíferos marinos, ecología histórica y genética.
La historia de las focas ofrecería así una oportunidad para conectar nuestro patrimonio científico con las necesidades actuales de conservación y recuperación de los ecosistemas marinos.
Fuentes: Scheel et al. (2014); UICN/SSC (2013).
Conclusiones
La foca monje del Caribe fue parte de la naturaleza cubana durante siglos. Su desaparición representa una pérdida biológica y una advertencia sobre las consecuencias de la explotación indiscriminada de los recursos naturales.
La historia del ejemplar conservado gracias a la intervención de Felipe Poey demuestra que Cuba también contribuyó al conocimiento científico de aquella especie. Hoy, los testimonios históricos y las colecciones zoológicas pueden ayudar a reconstruir su distribución y comprender mejor la transformación de los ecosistemas marinos.
No sabemos si algún día podrán volver a vivir focas en libertad en las aguas cubanas. Lo que sí sabemos es que la investigación histórica y la conservación de los ecosistemas actuales ofrecen posibilidades concretas de trabajo.
Cuba no puede recuperar por ahora la foca monje que desapareció. Pero puede recuperar el conocimiento de su existencia y trabajar para restaurar los mares que un día la sostuvieron.
Glosario de términos clave:
Foca monje del Caribe:
Mamífero marino extinguido, científicamente denominado Neomonachus tropicalis.
Ecología histórica:
Disciplina que estudia los cambios de los ecosistemas mediante documentos y evidencias del pasado.
Biomasa:
Cantidad total de materia viva de una población, comunidad o ecosistema.
Productividad ecológica:
Tasa de producción de nueva materia orgánica dentro de un ecosistema.
Red trófica:
Conjunto de relaciones alimentarias entre los organismos de un ecosistema.
Restauración ecológica:
Proceso destinado a facilitar la recuperación de ecosistemas degradados.
ADN antiguo:
Material genético recuperado de restos biológicos históricos o arqueológicos.
Fuentes y referencias bibliográficas:
International Union for Conservation of Nature, Species Survival Commission. (2013). Guidelines for reintroductions and other conservation translocations (Version 1.0). IUCN. https://portals.iucn.org/library/sites/library/files/documents/2013-009.pdf
Jørgensen, D. (2021). Erasing the extinct: The hunt for Caribbean monk seals and museum collection practices. História, Ciências, Saúde – Manguinhos, 28(Suplemento 1), 161–183. https://doi.org/10.1590/S0104-59702021000500007
McClenachan, L., & Cooper, A. B. (2008). Extinction rate, historical population structure and ecological role of the Caribbean monk seal. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 275(1641), 1351–1358. https://doi.org/10.1098/rspb.2007.1757
National Marine Fisheries Service. (2008). Caribbean monk seal (Monachus tropicalis): 5-year review. National Oceanic and Atmospheric Administration. https://repository.library.noaa.gov/view/noaa/17045/noaa_17045_DS1.pdf
Scheel, D.-M., Slater, G. J., Kolokotronis, S.-O., Potter, C. W., Rotstein, D. S., Tsangaras, K., Greenwood, A. D., & Helgen, K. M. (2014). Biogeography and taxonomy of extinct and endangered monk seals illuminated by ancient DNA and skull morphology. ZooKeys, 409, 1–33. https://doi.org/10.3897/zookeys.409.6244
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Palabra clave principal: focas en Cuba
Palabras clave secundarias: foca monje del Caribe, Felipe Poey, Neomonachus tropicalis, fauna extinta de Cuba, conservación marina, biodiversidad cubana, ecosistemas del Caribe, restauración ecológica.
Sobre el autor
Henrik Hernandez es licenciado en Ciencias Pedagógicas y cuenta con formación en Promoción y Ventas Internacionales y como auxiliar de enfermería especializado en psiquiatría. Es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano.
Sus líneas de trabajo abarcan el análisis histórico, político, económico y social, la geopolítica, la soberanía nacional y el estudio interdisciplinario de sistemas y relaciones de poder. En su trabajo utiliza herramientas de inteligencia artificial como apoyo para la investigación, organización, contraste y elaboración de contenidos, manteniendo bajo su responsabilidad la selección de las fuentes, el análisis y la revisión final.
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