Cuba no es Venezuela: gobernanza bajo presión extrema
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción: pensar antes de que el relato se cierre
En contextos de alta tensión geopolítica, cuando los hechos se desarrollan con rapidez y proliferan versiones contradictorias, suele imponerse una recomendación prudente: esperar. Esperar a que se confirme, a que el relato se estabilice, a que “el polvo baje”. Sin embargo, la historia reciente demuestra que hay coyunturas en las que esperar también es una forma de riesgo, porque la parálisis decisional es uno de los objetivos centrales de la guerra contemporánea.
Este análisis no pretende describir hechos contingentes ni validar narrativas específicas. Su propósito es comparar estructuras, doctrinas y principios de gobernanza bajo presión extrema, a partir del contraste entre Venezuela y Cuba, con el objetivo explícito de extraer lecciones preventivas para la preservación de la soberanía.
La guerra que no invade: decapitación política y parálisis inducida
La guerra entre Estados asimétricos ya no se define principalmente por la invasión territorial clásica. El patrón dominante privilegia acciones rápidas, selectivas y altamente simbólicas, orientadas a desarticular el núcleo político del Estado, inducir confusión institucional y producir un vacío de poder susceptible de ser ocupado narrativamente.
En este marco, la parálisis resulta más valiosa que la destrucción material. Un Estado que duda, que espera confirmaciones imposibles o que posterga decisiones excepcionales, se convierte en su propio obstáculo defensivo. La pregunta estratégica clave no es quién posee más medios, sino quién reduce primero su tiempo de decisión.
Venezuela: fragmentación, ambigüedad y riesgo de parálisis
El caso venezolano muestra una estructura estatal heterogénea y estratificada, sometida a presiones externas directas sobre individuos clave, disputas narrativas persistentes y una doctrina que ha oscilado entre la disuasión declarativa y la gestión política de crisis. En ese entorno, la espera puede transformarse en pasividad estratégica.
Cuando la cadena de mando enfrenta incentivos contradictorios, cuando el costo de actuar se percibe como individual y no sistémico, y cuando el umbral de legitimidad de la respuesta es disputado, la inacción deja de ser neutral y pasa a ser una decisión con consecuencias estructurales. Esto no implica ausencia de preparación ni de legitimidad, sino mayor vulnerabilidad a la parálisis inducida, especialmente frente a acciones no convencionales.
Cuba: doctrina histórica y reducción del tiempo de decisión
En Cuba, la arquitectura de poder presenta una integración histórica entre Estado, fuerzas armadas y proyecto nacional, reforzada por una doctrina que no normaliza la pasividad ante la agresión externa. Este rasgo no es coyuntural, sino constitutivo del pensamiento estratégico cubano desde las guerras de independencia.
La máxima atribuida a Antonio Maceo, según la cual quien intente apoderarse de Cuba enfrentará una resistencia sin rendición, opera como límite histórico interiorizado, no como consigna. A ello se suma una doctrina militar que excluye explícitamente los conceptos de “rendición” y “derrota” como salidas políticas, y una tradición que no legitima la negociación mientras exista ocupación efectiva del territorio.
Orden de combate permanente y mandato constitucional
Dos principios refuerzan este esquema. Primero, la formulación política según la cual la orden de combate siempre está dada, entendida no como activación táctica permanente, sino como eliminación de la ambigüedad moral y jurídica ante una agresión. La legitimidad de la defensa no depende de una autorización improvisada, sino de un principio previo.
Segundo, el mandato constitucional que define la defensa de la Patria socialista como el mayor deber y honor, incluyendo la lucha armada. Este principio constitucionaliza la defensa, la vincula a la soberanía nacional —no a un gobierno específico— y convierte a la sociedad en sujeto activo de la preservación del Estado. En términos comparativos, estos elementos socializan el costo, acortan el tiempo de reacción y reducen la probabilidad de parálisis.
La Guerra de Todo el Pueblo: disuasión estructural
Un elemento decisivo que distingue a Cuba es la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo, concebida como arquitectura defensiva integral. La defensa no es una función exclusiva de las fuerzas armadas regulares, sino una responsabilidad organizada del conjunto de la sociedad, articulada territorialmente y preparada con antelación.
Desde el punto de vista estratégico, esta doctrina niega al adversario la posibilidad de una victoria rápida o “limpia”. Incluso ante acciones selectivas o intentos de decapitación política, el sistema no colapsa porque la capacidad de resistencia no está concentrada en un solo nodo. La defensa se distribuye, se descentraliza y se reproduce en el territorio, reduciendo la eficacia de operaciones orientadas a inducir parálisis institucional.
Necesidad de complementar la doctrina sin desnaturalizarla
La doctrina cubana de la Guerra de Todo el Pueblo ha demostrado su solidez en la defensa territorial y en la movilización integral de la nación ante una agresión directa. Sin embargo, los acontecimientos recientes evidencian que resulta necesario que dicha doctrina se complete con una planificación estratégica que contemple respuestas más allá del territorio propio, orientadas a elevar el costo de cualquier agresión externa y a impedir que acciones de decapitación política o coerción extraterritorial se desarrollen sin consecuencias. No se trata de abandonar el carácter defensivo de la doctrina, sino de adaptarla a un entorno donde la agresión ya no respeta ninguna legislación internacional ni formatos tradicionales.
Milicias populares: ¿por qué no son equivalentes en Cuba y Venezuela?
Tanto Venezuela como Cuba cuentan con estructuras de milicias populares. Sin embargo, la existencia de milicias no equivale por sí sola a una doctrina de defensa integral. En Venezuela, las milicias funcionan como componente auxiliar de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, con activación y continuidad dependientes del mando central.
En Cuba, por el contrario, la defensa popular es columna vertebral del sistema. La resistencia está descentralizada por diseño y constitucionalmente legitimada, de modo que la defensa no colapsa si el centro se ve afectado. La diferencia no reside en la presencia de civiles organizados, sino en el lugar que ocupan dentro del sistema y en qué ocurre cuando el centro falla.
La señal temprana como factor decisivo
En los conflictos contemporáneos, el tiempo no se mide únicamente en movimientos militares, sino en señales políticas e institucionales. Las primeras horas y días cumplen una función estratégica esencial: negar al adversario la percepción de vacío, duda o desarticulación. Una señal temprana de alerta, cohesión y control no busca escalar el conflicto, sino interrumpir la narrativa del colapso propia de la guerra híbrida.
Defensa preventiva, no belicismo
Este análisis no promueve la guerra ni la escalada militar como horizonte deseable. Parte de una premisa elemental de la gobernanza bajo presión extrema: la ausencia de preparación y decisión es más peligrosa que la firmeza preventiva. Blindar al Estado y a la nación frente a amenazas existenciales no equivale a belicismo, sino a responsabilidad estratégica. La prevención clara y anticipada reduce la probabilidad de conflicto; la ambigüedad, por el contrario, lo incentiva.
Conclusión
Cuba no es invulnerable. Ningún Estado lo es. Pero no es un escenario equivalente al venezolano porque ha reducido, por diseño histórico, doctrinal y constitucional, el espacio para la parálisis inducida. En la guerra híbrida contemporánea, esa diferencia —más que cualquier sistema de armas— decide la supervivencia soberana.
Nota estratégica final: el riesgo residual del tiempo
Reconocer la solidez doctrinal, histórica y constitucional del sistema defensivo cubano no implica desconocer un riesgo residual inherente a toda situación de presión extrema: el factor tiempo. En la guerra híbrida contemporánea, el adversario rara vez apuesta a la inacción permanente del Estado agredido; apuesta, más bien, a la demora, a la extensión calculada de la prudencia, a la espera de que la decisión correcta llegue un poco tarde. Ese margen temporal es utilizado para fijar narrativas, consolidar hechos consumados y elevar progresivamente el costo político, diplomático y comunicacional de cualquier respuesta posterior.
Incluso los Estados con doctrina clara, legitimidad histórica y cohesión institucional pueden verse tentados a prolongar la cautela más allá del punto crítico, confundiendo responsabilidad con espera. Por ello, la diferencia decisiva no radica únicamente en la capacidad de actuar, sino en cuándo se actúa. La experiencia histórica demuestra que, en escenarios de agresión no convencional, retrasar la decisión puede resultar tan dañino como no tomarla, porque concede al adversario el recurso más valioso de todos: el control del tiempo y del relato.
Glosario de términos clave:
Guerra híbrida:
Estrategia que combina medios militares, informacionales, económicos, jurídicos y psicológicos para desarticular a un Estado sin invasión convencional.
Decapitación política:
Acción orientada a neutralizar al liderazgo estatal para provocar colapso institucional.
Parálisis inducida:
Inacción generada deliberadamente mediante confusión narrativa y presión selectiva.
Guerra de Todo el Pueblo:
Doctrina defensiva cubana que integra a la sociedad como sujeto activo de la defensa nacional.
Gobernanza bajo presión extrema:
Toma de decisiones estatales cuando la supervivencia soberana está en riesgo.
Nota metodológica sobre las fuentes
El artículo no utiliza fuentes periodísticas coyunturales debido a la alta volatilidad informativa y la presencia de operaciones psicológicas activas. El análisis se fundamenta en doctrina militar, marcos constitucionales y literatura académica sobre guerra híbrida y disuasión, permitiendo identificar patrones estructurales sin depender de relatos en disputa.
Fuentes consultadas:
Constitución de la República de Cuba. (2019). Gaceta Oficial de la República de Cuba. https://www.parlamentocubano.gob.cu/sites/default/files/documento/2021-11/Constitucion-Cuba-2019.pdf
Hoffman, F. G. (2007). Conflict in the 21st century: The rise of hybrid wars. Potomac Institute for Policy Studies. https://potomacinstitute.org/images/stories/publications/potomac_hybridwar_0108.pdf
Kaldor, M. (2012). New and old wars: Organized violence in a global era (3rd ed.). Polity Press.
Liang, Q., & Xiangsui, W. (1999). Unrestricted warfare. PLA Literature and Arts Publishing House.
Schelling, T. C. (1966). Arms and influence. Yale University Press.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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