¿Qué es la guerra?
por Henrik Hernandezpublicado en
¿Qué es la guerra?
Una redefinición desde la Teoría de la Plusdirección
Versión 3.1.1 (Edición Académica Definitiva)
Resumen
La guerra constituye uno de los fenómenos más persistentes de la historia humana y, al mismo tiempo, uno de los conceptos más debatidos por la filosofía política, la historia militar, la sociología y las relaciones internacionales. Las principales teorías la han interpretado como una continuación de las relaciones políticas, una competencia entre Estados, una lucha por recursos materiales o una manifestación de intereses económicos, nacionales, religiosos o ideológicos. Aunque estas aproximaciones explican dimensiones importantes del fenómeno, ninguna identifica explícitamente el objeto estructural permanente que subyace a las distintas formas históricas de guerra.
El presente artículo propone una redefinición doctrinal desde la Teoría de la Plusdirección. Se sostiene que la guerra constituye una confrontación organizada mediante la cual estructuras de dirección enfrentadas disputan la capacidad efectiva de decidir sobre los recursos naturales, las capacidades humanas, las instituciones, las condiciones de reproducción social y la existencia de sujetos colectivos portadores de capacidades decisionales propias.
Desde esta perspectiva, la ocupación territorial, la destrucción, el bloqueo, el asedio, la coerción económica y otras modalidades de violencia organizada representan medios destinados a modificar la distribución efectiva de dicha capacidad decisional.
La propuesta no pretende sustituir las principales teorías sobre la guerra, sino integrarlas dentro de un nivel explicativo más profundo, identificando el objeto permanente cuya distribución se modifica mediante el conflicto.
Palabras clave
Guerra; Plusdirección; Estado; Poder; Geopolítica; Estrategia; Capacidad decisional; Filosofía política.
Introducción
La guerra ha acompañado el desarrollo de la humanidad desde mucho antes del surgimiento del Estado moderno. Han cambiado las formas de organización política, los sistemas económicos, las tecnologías militares y las instituciones jurídicas, pero la violencia colectiva organizada continúa apareciendo como uno de los mecanismos mediante los cuales las sociedades resuelven determinados conflictos considerados fundamentales.
Esta persistencia plantea una cuestión que trasciende las diferencias históricas:
¿Qué permanece constante cuando cambian los actores, los medios, las ideologías y las formas institucionales de la guerra?
Responder a esta pregunta exige distinguir cuidadosamente entre las manifestaciones históricas del conflicto y el objeto estructural que permanece relativamente estable a través del tiempo.
Las distintas disciplinas han respondido desde perspectivas diversas.
La historia militar ha privilegiado el estudio de las campañas y las operaciones.
La ciencia política ha analizado la guerra como instrumento del poder estatal.
La economía política ha destacado la competencia por recursos y excedentes.
La antropología ha estudiado las dimensiones culturales de la violencia.
El derecho internacional ha definido las condiciones jurídicas del uso legítimo de la fuerza.
Todas estas aproximaciones resultan indispensables.
Sin embargo, explican principalmente cómo aparece la guerra o quiénes participan en ella.
Con menor frecuencia identifican qué constituye realmente el objeto permanente de la confrontación.
La presente investigación parte de una hipótesis diferente.
Sostiene que el objeto profundo de la guerra no consiste únicamente en la apropiación de recursos materiales, la conquista territorial o la destrucción del adversario.
Consiste, fundamentalmente, en modificar la distribución efectiva de la capacidad de decidir sobre la organización de la vida colectiva.
Desde esta perspectiva, la guerra aparece como una confrontación entre estructuras de dirección que buscan imponer, conservar, ampliar, sustituir, recuperar o impedir determinadas formas de organización del poder decisional.
Alcance de la propuesta
El objetivo de este trabajo consiste en responder una pregunta precisa:
¿Qué es la guerra?
No pretende desarrollar todavía una teoría completa sobre el origen histórico de todos los conflictos armados, los mecanismos específicos de escalada, la teoría de la paz o los procesos de resolución de conflictos.
Estos problemas constituyen desarrollos posteriores de la Teoría de la Plusdirección.
El presente artículo se limita a formular una definición doctrinal de la guerra y a identificar el objeto estructural cuya distribución resulta modificada mediante ella.
Asimismo, la clasificación propuesta responde a una construcción teórica propia.
No implica necesariamente que todas las modalidades aquí consideradas como formas de guerra reciban idéntica calificación dentro del derecho internacional positivo.
La Teoría de la Plusdirección constituye un marco analítico destinado a explicar estructuras de poder y no una interpretación de las categorías jurídicas vigentes.
1. La guerra como problema teórico
La guerra ha recibido numerosas definiciones a lo largo de la historia.
Cada una refleja las preocupaciones intelectuales y las circunstancias históricas de la época en que fue formulada.
Las concepciones clásicas tendieron a identificar la guerra con el enfrentamiento armado entre Estados.
Las aproximaciones contemporáneas ampliaron progresivamente el análisis hacia dimensiones económicas, culturales, tecnológicas y sociales.
Sin embargo, continúa existiendo una dificultad común.
Las distintas definiciones describen adecuadamente determinados aspectos del fenómeno, pero pocas identifican el objeto estructural permanente presente en conflictos profundamente diferentes entre sí.
Las guerras tribales, las campañas imperiales, las guerras religiosas, las guerras coloniales, las guerras civiles, las guerras mundiales, los bloqueos económicos prolongados y las campañas de exterminio presentan diferencias evidentes.
Sin embargo, todas ellas son reconocidas históricamente como formas de guerra.
Este hecho sugiere que las diferencias visibles no agotan la explicación del fenómeno.
La presente investigación parte precisamente de esa constatación.
Su objetivo consiste en identificar el elemento común cuya modificación convierte esos conflictos en expresiones históricas de un mismo proceso estructural.
2. Principales aproximaciones teóricas
Carl von Clausewitz
Carl von Clausewitz sostuvo que la guerra constituye la continuación de las relaciones políticas mediante otros medios (Clausewitz, 1976/1832).
Con ello rechazó la idea de que la guerra representara una irrupción irracional completamente separada de la actividad política.
Su aportación continúa siendo uno de los fundamentos de la teoría estratégica moderna.
Sin embargo, incluso aceptando esa formulación, permanece abierta una cuestión adicional:
¿Qué persiguen, en última instancia, esas relaciones políticas cuando recurren a la guerra?
La Teoría de la Plusdirección propone que dichas relaciones expresan un nivel más profundo de disputa: la distribución de la capacidad efectiva de decidir sobre la organización de la vida colectiva.
John Keegan
John Keegan cuestionó la tendencia a interpretar toda guerra desde la experiencia del Estado moderno y mostró que la violencia organizada constituye un fenómeno mucho más antiguo, condicionado también por factores culturales, tecnológicos y antropológicos (Keegan, 2005).
Su aportación amplía considerablemente el horizonte histórico del problema.
La Teoría de la Plusdirección coincide con esta observación y sostiene que precisamente esa continuidad histórica exige identificar un objeto estructural común que trascienda las distintas formas institucionales de la guerra.
Jared Diamond
Jared Diamond explicó las profundas desigualdades históricas entre las civilizaciones mediante factores geográficos, ambientales y tecnológicos (Diamond, 2006).
Su interpretación permite comprender el origen de importantes asimetrías materiales entre sociedades.
No obstante, la Teoría de la Plusdirección sostiene que la guerra no persigue únicamente la posesión de esos recursos, sino la capacidad efectiva de decidir sobre su utilización, reproducción y distribución futura. 3. La cooperación social y la capacidad decisional colectiva
Toda sociedad humana requiere formas estables de cooperación para garantizar su existencia y reproducción. La producción de alimentos, la construcción de infraestructuras, la administración de justicia, la defensa del territorio, la organización económica y la transmisión del conocimiento son actividades que exceden ampliamente las posibilidades de cualquier individuo aislado.
La cooperación constituye, por tanto, una condición necesaria para el surgimiento de sociedades complejas.
Sin embargo, la cooperación produce algo más que un incremento de la capacidad material para transformar la naturaleza.
Produce también una capacidad decisional colectiva.
Un individuo puede decidir sobre su conducta personal. Puede elegir qué producir, dónde vivir o con quién intercambiar bienes. Pero ningún individuo aislado puede decidir por sí mismo el funcionamiento de una ciudad, una economía nacional, un sistema energético, un ejército o un orden jurídico.
Esa capacidad aparece únicamente cuando numerosas personas cooperan dentro de una estructura social organizada.
La capacidad decisional colectiva constituye, por tanto, una propiedad emergente de la cooperación social.
No pertenece originariamente a ningún individuo, organización, partido, empresa o institución.
Es producida por la propia cooperación y hace posible la organización de la vida colectiva.
Este principio constituye uno de los fundamentos de la Teoría de la Plusdirección.
La historia política puede interpretarse, en gran medida, como la historia de las distintas formas mediante las cuales esa capacidad colectiva de decidir ha sido organizada, distribuida, institucionalizada y, en numerosas ocasiones, apropiada.
4. Dirección y Plusdirección
Toda cooperación compleja necesita mecanismos de coordinación.
Sin alguna forma de dirección resulta imposible asignar tareas, planificar objetivos comunes, resolver conflictos internos o responder eficazmente frente a amenazas externas.
La dirección constituye, por tanto, una función organizativa necesaria.
Su existencia no implica necesariamente relaciones de dominación.
La Teoría de la Plusdirección distingue entre Dirección y Plusdirección, diferenciación que constituye uno de sus aportes conceptuales fundamentales.
La Dirección consiste en la función mediante la cual una comunidad organiza su capacidad decisional colectiva para alcanzar objetivos comunes.
Mientras permanece efectivamente sometida a mecanismos de autorización, control, responsabilidad y revocación colectiva, representa una función de coordinación social.
La Plusdirección surge cuando esa función adquiere autonomía respecto de la comunidad que produjo la capacidad decisional colectiva y comienza a reproducirse como una estructura relativamente independiente.
La diferencia entre ambos conceptos no depende del número de personas que ejercen funciones dirigentes ni del grado de complejidad administrativa.
Depende de la relación existente entre quienes ejercen la dirección y la colectividad cuya cooperación hace posible esa capacidad de decisión.
Cuando los mecanismos efectivos de control dejan de operar y la estructura dirigente puede reproducir autónomamente su posición, la Dirección se transforma en Plusdirección.
Las formas concretas mediante las cuales la Plusdirección se institucionaliza varían históricamente.
En determinados modos de producción predomina la propiedad privada como expresión jurídica de esa apropiación.
En otros pueden desempeñar un papel central instituciones religiosas, burocráticas, militares, aristocráticas, tecnocráticas o estatales.
Lo permanente no consiste en la forma jurídica específica.
Lo permanente consiste en la apropiación de la capacidad efectiva de decidir sobre la organización de la vida colectiva.
5. Dos niveles de análisis de la guerra
Uno de los problemas más frecuentes en la teoría de la guerra consiste en analizar simultáneamente causas inmediatas, justificaciones ideológicas, objetivos estratégicos y estructuras históricas sin distinguir claramente entre ellas.
La Teoría de la Plusdirección propone diferenciar dos niveles analíticos.
Primer nivel: las manifestaciones históricas
En este nivel aparecen las formas concretas mediante las cuales los actores interpretan, justifican y movilizan la guerra.
Entre ellas pueden encontrarse:
nacionalismo;
religión;
ideología;
identidad cultural;
seguridad;
intereses económicos;
conflictos territoriales;
rivalidades históricas;
prestigio internacional.
Estos factores poseen eficacia histórica real.
Movilizan poblaciones, legitiman decisiones políticas y condicionan profundamente la evolución concreta de cada conflicto.
Sin embargo, cambian considerablemente entre unas sociedades y otras.
Las guerras medievales no respondían a las mismas narrativas que las guerras industriales, ni estas a las guerras híbridas contemporáneas.
Segundo nivel: la estructura decisional
Más allá de esas diferencias existe una constante estructural.
La guerra modifica la distribución efectiva de la capacidad de decidir sobre:
los recursos naturales;
las capacidades humanas;
las instituciones;
las condiciones de reproducción social;
y puede perseguir preservar, subordinar, transformar o eliminar sujetos colectivos portadores de capacidades decisionales rivales.
Desde esta perspectiva, los recursos materiales constituyen el objeto inmediato de numerosas guerras.
Pero el objeto estructural consiste en determinar quién ejercerá la autoridad efectiva para decidir sobre ellos.
La ocupación territorial, la destrucción de infraestructuras, el sometimiento político, el bloqueo económico o la apropiación de recursos representan distintos medios mediante los cuales esa distribución de la capacidad decisional resulta modificada.
6. Definición doctrinal de guerra
A partir de los fundamentos anteriores puede proponerse la siguiente definición.
La guerra es una confrontación sostenida de violencia colectiva organizada mediante la cual estructuras de dirección enfrentadas intentan imponer, conservar, ampliar, sustituir, recuperar o impedir la capacidad efectiva de decidir sobre los recursos naturales, las capacidades humanas, las instituciones y las condiciones de reproducción social, así como preservar, subordinar, transformar o eliminar sujetos colectivos portadores de capacidades decisionales rivales.
Esta definición pretende identificar el elemento estructural común presente en las distintas formas históricas de guerra.
No limita el fenómeno al enfrentamiento entre Estados modernos.
Tampoco lo reduce a la conquista territorial, la apropiación de recursos materiales o la destrucción física del adversario.
Puede comprender guerras interestatales, civiles, coloniales, de independencia, preestatales, de exterminio y otras modalidades históricas de confrontación organizada.
Su objeto profundo permanece constante:
determinar quién ejercerá la capacidad efectiva de decidir sobre la organización futura de la vida colectiva.
7. El objeto profundo de la guerra
La interpretación tradicional suele identificar la guerra con la conquista territorial, la apropiación de recursos o la destrucción del enemigo.
La Teoría de la Plusdirección propone una interpretación distinta.
Todos esos elementos constituyen medios.
No representan necesariamente el objeto último del conflicto.
La ocupación territorial modifica quién decide sobre ese territorio.
La apropiación de recursos modifica quién decide sobre su utilización.
La destrucción de infraestructuras modifica las capacidades futuras de decisión del adversario.
Incluso el exterminio puede orientarse a impedir que una comunidad continúe existiendo como sujeto colectivo capaz de sostener una estructura autónoma de decisión.
En consecuencia, controlar no significa únicamente administrar.
Controlar también significa:
impedir;
excluir;
condicionar;
limitar;
destruir.
Destruir una industria puede impedir la autonomía tecnológica del adversario.
Destruir una red energética puede reducir su capacidad económica y militar.
Destruir instituciones educativas puede limitar la reproducción futura del conocimiento.
La guerra no solamente determina quién podrá decidir.
También determina qué dejará de ser posible decidir.
Esta constituye la principal diferencia entre una interpretación centrada exclusivamente en recursos materiales y una interpretación basada en la capacidad decisional colectiva.
8. El umbral de la guerra
La definición propuesta identifica qué constituye la guerra, pero también permite comprender el momento en que la disputa por la Plusdirección puede transformarse en violencia organizada.
Las estructuras de dirección recurren normalmente a múltiples mecanismos para ampliar o conservar su capacidad efectiva de decidir: negociación, competencia económica, presión diplomática, influencia ideológica, sanciones, litigios jurídicos o coerción limitada.
La guerra aparece cuando esos mecanismos resultan insuficientes, fracasan o son deliberadamente descartados por al menos uno de los actores porque considera que no garantizan la conservación, ampliación o recuperación de su capacidad decisional.
En los modos de producción donde la Plusdirección se institucionaliza principalmente mediante la propiedad privada, la disputa puede expresarse como una lucha por preservar, expropiar o subordinar las bases jurídicas sobre las cuales descansa dicha capacidad de decisión.
En otros sistemas históricos podrá adoptar formas institucionales diferentes.
Lo permanente no es la forma jurídica concreta.
Lo permanente es la incompatibilidad entre estructuras de dirección que consideran imposible alcanzar sus objetivos sin modificar coercitivamente la distribución efectiva de la capacidad de decidir.
En ese momento, la violencia organizada deja de ser un instrumento excepcional y pasa a convertirse en el mecanismo mediante el cual se pretende reorganizar el orden decisional existente.
9. El bloqueo y el asedio como modalidades de guerra
La guerra no se desarrolla exclusivamente mediante invasiones militares o enfrentamientos armados convencionales. A lo largo de la historia, numerosos actores han recurrido al bloqueo, al asedio, a la interrupción de rutas comerciales, a la coerción financiera, al aislamiento tecnológico y a otras formas de presión organizada con el propósito de modificar la conducta política de otra sociedad sin necesidad de ocupar inmediatamente su territorio.
Desde la Teoría de la Plusdirección, estas modalidades constituyen formas de confrontación cuyo objetivo principal consiste en alterar el espacio efectivo de decisiones del adversario.
El bloqueo o el asedio buscan reducir progresivamente las alternativas disponibles para la estructura dirigente de la sociedad afectada mediante la privación coercitiva de recursos esenciales, la interrupción de flujos económicos, tecnológicos o financieros y el incremento sostenido de los costos asociados a determinadas decisiones políticas.
Como consecuencia de esa presión, la estructura dirigente enfrenta un conjunto cada vez más reducido de opciones reales.
Entre ellas pueden encontrarse:
reformas institucionales;
modificaciones constitucionales;
cambios en las formas de propiedad;
reorganizaciones económicas;
apertura o privatización de sectores estratégicos;
alteraciones en la política comercial o financiera;
cambios de alianzas internacionales;
aceptación parcial o total de condiciones impuestas por el actor agresor.
Desde la perspectiva de la Teoría de la Plusdirección, el éxito estratégico del bloqueo no depende exclusivamente del daño económico ocasionado.
Su finalidad consiste en reorganizar el campo decisional del adversario.
Puede perseguir distintos grados de subordinación.
La capitulación parcial busca inducir transformaciones políticas, jurídicas, económicas o institucionales que amplíen la capacidad decisional del actor agresor sin sustituir necesariamente la estructura dirigente existente.
La capitulación total pretende sustituir, someter o neutralizar completamente dicha estructura, transfiriendo la capacidad efectiva de decidir hacia otro centro de dirección.
En consecuencia, el bloqueo deja de entenderse únicamente como una medida económica.
Desde la Teoría de la Plusdirección constituye una modalidad de guerra destinada a modificar coercitivamente la distribución efectiva de la capacidad de decidir.
Debe señalarse, no obstante, que esta clasificación responde a un criterio doctrinal propio de la presente teoría y no implica necesariamente que todas las modalidades de bloqueo reciban idéntica calificación en el derecho internacional vigente.
10. La guerra en los distintos modos de producción
Las formas históricas de la guerra evolucionan junto con las transformaciones de la organización social.
Las guerras tribales difieren profundamente de las guerras imperiales.
Las guerras feudales presentan características distintas de las guerras industriales.
Las guerras contemporáneas incorporan dimensiones tecnológicas, financieras, informativas y cibernéticas desconocidas en épocas anteriores.
Estas diferencias afectan principalmente a los medios empleados y a las formas institucionales mediante las cuales se ejerce la dirección.
No modifican necesariamente el objeto estructural del conflicto.
Cada modo de producción institucionaliza la Plusdirección mediante formas particulares.
En determinados momentos históricos predominan instituciones religiosas.
En otros, estructuras aristocráticas.
En otros, organizaciones burocráticas o militares.
En las sociedades capitalistas modernas, la propiedad privada constituye una de las principales formas jurídicas mediante las cuales se institucionaliza esa capacidad de decisión.
La guerra adopta, por tanto, características específicas según el contexto histórico.
No obstante, el elemento permanente continúa siendo la disputa por determinar quién ejercerá la capacidad efectiva de decidir sobre la organización futura de la sociedad.
11. La victoria desde la Teoría de la Plusdirección
Tradicionalmente, la victoria ha sido identificada con la derrota militar del adversario, la ocupación territorial o la firma de un tratado favorable.
Desde la Teoría de la Plusdirección, la victoria adquiere un significado más profundo.
La victoria posee relevancia política cuando permite imponer, conservar, ampliar, recuperar o proteger una estructura de dirección, o impedir que el adversario establezca la suya.
La destrucción de fuerzas militares, infraestructuras o recursos constituye un medio para modificar la distribución efectiva de la capacidad de decidir.
Una victoria militar resulta estratégicamente incompleta cuando no altera dicha distribución.
De igual manera, una sociedad puede alcanzar importantes objetivos estratégicos sin ocupar permanentemente el territorio adversario cuando logra inducir decisiones compatibles con sus propios intereses.
La guerra concluye políticamente cuando queda suficientemente estabilizada una determinada distribución de la capacidad efectiva de decidir.
12. Las guerras de exterminio
Las guerras de exterminio representan una de las expresiones más extremas de la violencia organizada.
Su especificidad no reside únicamente en la magnitud de la destrucción humana.
Consiste en que la violencia se dirige contra la existencia misma de un sujeto colectivo portador de una capacidad decisional propia.
En estos conflictos no se pretende solamente destruir capacidades militares, económicas o demográficas.
Se intenta impedir que una comunidad pueda continuar reclamando territorio, soberanía, instituciones, identidad política o cualquier forma autónoma de organización.
La destrucción deja entonces de dirigirse exclusivamente contra recursos materiales.
Se orienta hacia la eliminación de la propia capacidad colectiva de decidir.
Incluso cuando la amenaza atribuida a dicha comunidad sea exagerada, infundada o construida ideológicamente, el mecanismo estratégico permanece invariable:
impedir la existencia futura de un centro alternativo de decisión.
Desde esta perspectiva, el exterminio constituye la forma extrema de reorganización coercitiva del espacio decisional.
13. Propuesta de contrastación empírica
La Teoría de la Plusdirección constituye una hipótesis de carácter estructural.
Su utilidad científica dependerá de su capacidad para explicar conflictos pertenecientes a épocas, culturas y modos de producción diferentes.
Esta hipótesis puede someterse a contrastación mediante estudios comparativos que analicen, entre otros aspectos:
la distribución efectiva de la capacidad de decisión antes y después del conflicto;
el control sobre los recursos naturales y las capacidades humanas;
la capacidad para modificar instituciones fundamentales;
la aparición, sustitución o desaparición de estructuras de dirección;
la preservación, subordinación o eliminación de sujetos colectivos portadores de capacidades decisionales.
Si dichos procesos no guardaran relación sistemática con el desarrollo de los conflictos analizados, la capacidad explicativa de la teoría debería ser revisada.
La presente propuesta no pretende establecer una verdad definitiva, sino formular una hipótesis susceptible de verificación histórica.
Conclusiones
La guerra ha acompañado el desarrollo de la civilización bajo formas extraordinariamente diversas.
Han cambiado las tecnologías, las instituciones, las ideologías, las religiones, los modos de producción y las estructuras estatales.
Sin embargo, la persistencia histórica del fenómeno sugiere la existencia de un objeto estructural relativamente constante.
La Teoría de la Plusdirección propone identificar dicho objeto en la disputa por la capacidad efectiva de decidir sobre la organización de la vida colectiva.
Desde esta perspectiva, la guerra no constituye simplemente una lucha por territorios, riquezas o recursos materiales.
Constituye una confrontación organizada destinada a modificar la distribución efectiva de la capacidad de decidir sobre los recursos naturales, las capacidades humanas, las instituciones y las condiciones de reproducción social, así como preservar, subordinar, transformar o eliminar sujetos colectivos portadores de capacidades decisionales rivales.
La ocupación territorial, la destrucción de infraestructuras, el bloqueo, el asedio, la coerción económica o el exterminio representan modalidades históricas mediante las cuales estructuras de dirección enfrentadas intentan reorganizar dicha distribución.
En consecuencia, la guerra no solamente determina quién ejercerá la capacidad de decidir.
También determina qué dejará de ser posible decidir.
Las teorías clásicas han explicado con notable profundidad las causas inmediatas, los medios, los actores y las justificaciones de la guerra.
La Teoría de la Plusdirección propone identificar el objeto estructural cuya distribución resulta modificada mediante ella: la capacidad efectiva de decidir sobre la reproducción de la vida colectiva.
Glosario de términos clave:
Actor agresor:
Estructura de dirección que desarrolla acciones organizadas destinadas a modificar coercitivamente la capacidad efectiva de decisión de otra estructura social, con independencia de la calificación jurídica que tales acciones reciban en el derecho internacional vigente.
Capacidad decisional colectiva:
Facultad emergente producida por la cooperación social que permite organizar sistemas complejos y adoptar decisiones colectivas.
Capacidades humanas:
Conjunto de conocimientos, habilidades, organización, experiencia y potencial creador de una población.
Capitulación parcial:
Aceptación de transformaciones inducidas sin sustitución completa de la estructura dirigente.
Capitulación total:
Sustitución o sometimiento integral de la estructura dirigente a otro centro efectivo de decisión.
Dirección:
Función de coordinación sometida al control efectivo de la comunidad.
Plusdirección:
Apropiación e institucionalización de la capacidad efectiva de decidir por una estructura dirigente relativamente autónoma respecto de la colectividad que la produce.
Sujeto colectivo de decisión:
Comunidad organizada capaz de producir decisiones propias relativas a su organización política, económica, institucional o cultural.
Fuentes iniciales de referencias:
Clausewitz, C. von. (1976). On War (M. Howard & P. Paret, Eds. y Trads.). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1832).
Diamond, J. (2006). Vete, vapen och virus: En kort sammanfattning av mänsklighetens historia under de senaste 13 000 åren. Norstedts.
Hernandez, H. (2026). Teoría de la Plusdirección. Manuscrito inédito.
Keegan, J. (2005). Krigets historia. Natur & Kultur.
Marx, K. (1990). Capital: A Critique of Political Economy (Vol. I). Penguin Books. (Obra original publicada en 1867).
Tilly, C. (1992). Coercion, Capital, and European States, AD 990–1992. Blackwell.
Weber, M. (1978). Economy and Society. University of California Press.
Sobre el Autor
Henrik Hernandez es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano. Sus líneas de trabajo abarcan la teoría de la Plusdirección, la resiliencia nacional, la soberanía económica, la geopolítica y el análisis de sistemas complejos. Ha desarrollado un enfoque interdisciplinario orientado a comprender las transformaciones del poder en el siglo XXI y su aplicación a los desafíos contemporáneos de Cuba.
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