Sociedad

Cuba no se aísla: carta al Gobierno sueco

por
publicado en
Av Foreign, Commonwealth & Development Office - https://www.flickr.com/photos/10246637@N04/54491373358/, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=164800822

Cuba no se aísla: carta al Gobierno sueco sobre el asedio y la extraterritorialidad estadounidense

Tocororo Cubano publica íntegramente la carta enviada a la ministra de Asuntos Exteriores de Suecia, Maria Malmer Stenergard, y al Ministerio de Asuntos Exteriores, tras un intercambio sobre la política estadounidense contra Cuba y sus consecuencias para la población cubana.

El intercambio parte de una contradicción que merece una respuesta concreta.

El Ministerio de Asuntos Exteriores sueco reconoce la gravedad de la situación que atraviesa la población cubana, advierte que un mayor aislamiento respecto del comercio mundial probablemente agravaría la crisis y recuerda que Suecia vota regularmente en las Naciones Unidas a favor de las resoluciones que exigen el levantamiento del embargo estadounidense.

Ese posicionamiento merece reconocimiento.

Pero plantea, al mismo tiempo, una pregunta inevitable:

Si Suecia rechaza políticamente el bloqueo en las Naciones Unidas, ¿qué hace en la práctica para impedir que las medidas extraterritoriales de Estados Unidos condicionen a bancos, navieras, aseguradoras, empresas y otras instituciones europeas en sus relaciones legítimas con Cuba?

Ese es el núcleo de la carta que publicamos a continuación.

La tesis planteada es sencilla: Cuba no se aísla voluntariamente del mundo. Cuba procura comerciar, recibir inversiones, obtener créditos, importar combustible, medicamentos y tecnología y mantener relaciones económicas normales con terceros países.

El problema aparece cuando esos terceros actores limitan o abandonan sus relaciones con Cuba por temor a sanciones, multas, restricciones financieras o pérdida de acceso al mercado estadounidense.

Cuando eso ocurre, hablar únicamente de «embargo» resulta insuficiente.

Ya no se trata solamente de que Estados Unidos decida no comerciar con Cuba. Se trata de una política cuyos efectos alcanzan las decisiones económicas de actores situados fuera de las fronteras estadounidenses.

Por eso hablamos de extraterritorialidad y de un asedio económico, financiero, logístico y energético.

La carta aborda también la referencia sueca a la democracia y los derechos humanos en Cuba. La posición expresada es igualmente clara: cualquier Estado tiene derecho a criticar el sistema político de otro país, pero ese derecho debe coexistir con el respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos.

Criticar un sistema político es una cosa. Intentar modificarlo mediante coerción económica y presiones externas es otra completamente diferente.

La cuestión adquiere además una dimensión específicamente europea. La Unión Europea dispone desde 1996 del Reglamento (CE) n.º 2271/96, conocido como Blocking Statute, concebido para contrarrestar determinados efectos extraterritoriales de legislaciones de terceros Estados.

Por eso la carta no pide simplemente otra declaración contra el bloqueo.

Pregunta qué está dispuesto a hacer Suecia en la práctica.

¿Funcionan realmente los mecanismos europeos de protección? ¿Qué hará Suecia cuando bancos, navieras y empresas europeas renuncien a operaciones legales con Cuba por temor a consecuencias estadounidenses? ¿Qué medidas concretas defenderá para garantizar que combustible, medicamentos, alimentos y otros recursos esenciales puedan llegar al país?

La carta plantea también la necesidad de examinar las consecuencias prolongadas y previsibles de estas políticas desde la perspectiva de la responsabilidad internacional. No se presenta como una sentencia jurídica previamente decidida, sino como una cuestión que debe poder investigarse y discutirse cuando las consecuencias afectan recursos esenciales para la vida y la salud de toda una población.

Publicamos el documento porque consideramos que este debate no debe quedar encerrado en una correspondencia privada.

Tocororo Cubano publicará íntegramente la respuesta oficial del Gobierno sueco cuando sea recibida, para que los lectores puedan comparar las preguntas formuladas con las respuestas ofrecidas y juzgar por sí mismos la coherencia entre el discurso diplomático y la actuación política.

La próxima pieza potencialmente más interesante no es nuestra carta, sino la capacidad —o incapacidad— del Gobierno sueco para defender coherentemente su posición.

A: Ministra de Asuntos Exteriores Maria Malmer Stenergard

Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia

Sofia Mohlin
Funcionaria
Gabinete Ministerial
Ministerio de Asuntos Exteriores

Estimada ministra de Asuntos Exteriores Maria Malmer Stenergard:
Estimada Sofia Mohlin:

Gracias por la respuesta a mis anteriores preguntas y por aclarar la posición del Gobierno.

Aprecio que Suecia haya votado de manera consecuente a favor de las resoluciones de las Naciones Unidas que exigen el fin del embargo económico de Estados Unidos contra Cuba. Es una posición políticamente significativa y que agradezco sinceramente.

Al mismo tiempo, observo una seria contradicción entre la posición que Suecia mantiene en las Naciones Unidas y las consecuencias prácticas que la política estadounidense continúa teniendo para las relaciones de Cuba con Suecia, Europa y el resto del mundo.

Es en este contexto que me dirijo a ambas. En mi opinión, la cuestión ya no se limita únicamente a conocer la posición del Gobierno, sino también a saber qué medidas políticas concretas está dispuesto a adoptar Suecia.

Quiero comenzar con una precisión fundamental.

Cuba no se aísla del mundo.

Cuba busca comercio, inversiones, créditos, transporte, energía, tecnología y relaciones económicas normales con otros países.

El problema radica, en cambio, en que bancos, navieras, compañías aseguradoras, empresas y otras instituciones situadas fuera de Estados Unidos se ven en la práctica presionadas a adaptarse a las sanciones y exigencias extraterritoriales estadounidenses.

Cuando actores suecos, europeos o de otros países renuncian a mantener relaciones plenamente legales con Cuba por temor a multas estadounidenses, represalias financieras, consecuencias jurídicas o a perder su acceso al mercado de Estados Unidos, no es Cuba quien está eligiendo el aislamiento.

Es el resto del mundo el que, en diferentes grados, se subordina a las presiones de Estados Unidos.

El resultado es un sistema de asedio económico, financiero, logístico y, actualmente, también energético dirigido contra Cuba.

Por ello considero que el término «embargo» ya no resulta suficiente para describir la realidad.

Un embargo puede entenderse como la decisión de Estados Unidos de limitar su propio comercio con Cuba. Pero cuando las medidas estadounidenses determinan qué relaciones económicas se atreven a mantener con Cuba bancos, empresas, navieras y otros actores de terceros países, la cuestión ha dejado desde hace mucho tiempo de ser una relación bilateral entre Estados Unidos y Cuba.

Estamos entonces ante un ejercicio extraterritorial del poder y ante un cerco internacional —un asedio— cuya consecuencia práctica consiste en dificultar las relaciones de Cuba con el resto del mundo.

Quiero referirme también a la formulación utilizada en su respuesta acerca de «la falta de respeto del Gobierno cubano por la democracia y por las libertades y los derechos humanos».

No comparto la descripción que hace el Gobierno sueco del sistema político cubano.

Considero que la narrativa occidental dominante sobre Cuba se ha construido, en una medida importante, dentro del contexto del prolongado conflicto geopolítico de Estados Unidos con el país y bajo una fuerte influencia de grupos políticos de exiliados cubanos radicados en el sur de Florida, que durante décadas han trabajado activamente para modificar el sistema político y económico cubano y han ejercido una influencia considerable sobre la política estadounidense hacia Cuba.

Pero existe aquí un principio todavía más fundamental que no debería depender de la opinión que se tenga sobre el sistema social cubano.

Suecia tiene, naturalmente, derecho a debatir y criticar el sistema político de Cuba.

Pero ese derecho debe ejercerse respetando el derecho del pueblo cubano a la autodeterminación y la soberanía de la República de Cuba.

Ningún Estado tiene derecho a intentar decidir, mediante coerción económica, presiones financieras, presión política u otras formas de intervención externa, qué sistema político o económico debe tener otro pueblo.

Criticar es una cosa.

Intentar imponer cambios en el sistema social de otro país mediante un asedio económico y presiones externas es algo completamente diferente.

Por ello, un debate sobre democracia y derechos humanos no puede utilizarse para legitimar, relativizar o desviar la atención de las consecuencias de medidas económicas coercitivas que afectan el acceso de la población civil a electricidad, combustible, medicamentos, equipamiento médico, alimentos, agua, transporte y otros recursos indispensables para la vida y el funcionamiento de la sociedad.

Es precisamente aquí donde observo la contradicción central de la posición sueca.

Suecia vota contra el bloqueo en las Naciones Unidas.

Pero si al mismo tiempo bancos, empresas, navieras, compañías aseguradoras y otras instituciones suecas y europeas adaptan su actuación a las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos, significa que se permite que la política a la que Suecia afirma oponerse políticamente continúe produciendo efectos en la práctica.

Votar contra una política y, al mismo tiempo, aceptar sus consecuencias prácticas no constituye, en mi opinión, una posición coherente.

De otro modo, Suecia y otros países europeos corren el riesgo de convertirse en actores silenciosos y pasivos dentro de un sistema al que ellos mismos afirman oponerse.

Esta cuestión adquiere aún mayor relevancia porque la Unión Europea dispone desde 1996 del Reglamento (CE) n.º 2271/96, conocido como Blocking Statute, cuyo objetivo explícito es proteger a los operadores europeos frente a los efectos de determinadas legislaciones extraterritoriales de terceros países.

Este instrumento tiene, entre otras cosas, relevancia directa respecto de la legislación estadounidense dirigida contra Cuba.

Por ello, si bancos, empresas y navieras europeas siguen renunciando a relaciones legales con Cuba por temor a consecuencias estadounidenses, surge una pregunta fundamental:

¿Qué eficacia tiene realmente esta protección europea en la práctica?

Y si no es suficientemente eficaz, ¿qué está dispuesto a hacer Suecia para cambiar esta situación?

Considero, además, que la situación de la población civil cubana ha alcanzado un nivel de gravedad que impide seguir tratando este asunto únicamente como un conflicto comercial o de política exterior.

Cuando medidas económicas coercitivas limitan durante un período prolongado el acceso de toda una población a recursos indispensables para la vida, la salud y las funciones fundamentales de la sociedad; cuando sus consecuencias son conocidas y previsibles y, pese a ello, esa política continúa, la cuestión de la responsabilidad conforme al derecho internacional debe poder ser examinada seriamente.

No afirmo que exista ya una valoración jurídica definitiva.

Sostengo, sin embargo, que es legítimo y necesario examinar jurídicamente si pueden concurrir los elementos constitutivos de crímenes internacionales, incluidos los crímenes de lesa humanidad y, cuando pueda demostrarse la intención específica y los demás requisitos jurídicos exigidos por el concepto, el genocidio.

Que el umbral jurídico para tales crímenes sea elevado no significa que la cuestión no pueda plantearse ni investigarse.

En este contexto, solicito al Gobierno que responda de manera concreta a las siguientes preguntas:

1. ¿Qué medidas está dispuesto a adoptar Suecia dentro de la Unión Europea para impedir que las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos determinen en la práctica las relaciones de bancos, empresas, compañías aseguradoras y navieras suecas y europeas con Cuba?

2. ¿Cómo valora el Gobierno la eficacia del Blocking Statute de la Unión Europea cuando actores europeos siguen pudiendo renunciar al comercio y a relaciones económicas legales con Cuba por temor a consecuencias estadounidenses? ¿Está dispuesto Suecia a impulsar el fortalecimiento y una aplicación más efectiva de esta protección?

3. ¿Qué medidas concretas está dispuesto Suecia a apoyar para garantizar que combustible, medicamentos, equipamiento médico, alimentos y otros recursos humanitarios y socialmente indispensables puedan llegar realmente a Cuba sin que bancos, empresas de transporte u otros terceros actores sean disuadidos por la presión extraterritorial estadounidense?

4. ¿Qué iniciativas diplomáticas y políticas, además del voto recurrente de Suecia en la Asamblea General de las Naciones Unidas, está dispuesto el Gobierno a adoptar o apoyar para contrarrestar el continuo asedio económico, financiero y logístico contra Cuba?

Aprecio el voto de Suecia en las Naciones Unidas.

Pero Cuba no necesita solamente votos.

Cuba necesita también que los Estados que afirman oponerse al bloqueo se nieguen, en la práctica, a subordinarse a los mecanismos que lo mantienen.

Si el propio Gobierno sueco considera que un mayor aislamiento del comercio mundial agravará la situación de la población cubana, surge entonces de manera natural la pregunta:

¿Qué está dispuesto a hacer concretamente Suecia para impedir precisamente ese resultado?

Es ahí donde se hace visible la diferencia entre las declaraciones políticas y una verdadera coherencia política.

Espero una respuesta concreta a estas preguntas.

Atentamente,

Henrik Hernandez

P. D. La situación de la población cubana es actualmente tan grave, y la cuestión reviste tal importancia pública, que tengo la intención de traducir esta carta a varios idiomas y hacerla pública junto con la respuesta del Gobierno, como contribución a un debate público más amplio, tanto en Suecia como a nivel internacional.

La respuesta queda pendiente

Tocororo Cubano mantendrá abierto este expediente.

Cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia responda a las preguntas formuladas, publicaremos íntegramente su contestación para que los lectores puedan comparar las preguntas planteadas con las respuestas ofrecidas y juzgar por sí mismos si existe coherencia entre la posición que Suecia sostiene en las Naciones Unidas y su actuación práctica frente a los efectos extraterritoriales de la política estadounidense contra Cuba.

No se trata solamente de conocer qué posición declara Suecia.

Se trata de saber qué está dispuesta a hacer para sostenerla en la práctica.

La próxima pieza potencialmente más interesante no es nuestra carta, sino la capacidad —o incapacidad— del Gobierno sueco para defender coherentemente su posición.

La palabra está ahora en Estocolmo.

Sobre el Autor

Henrik Hernandez es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano. Sus líneas de trabajo abarcan la teoría de la Plusdirección, la resiliencia nacional, la soberanía económica, la geopolítica y el análisis de sistemas complejos. Ha desarrollado un enfoque interdisciplinario orientado a comprender las transformaciones del poder en el siglo XXI y su aplicación a los desafíos contemporáneos de Cuba.

Sobre el medio

Tocororo Cubano es una revista digital multidisciplinaria dedicada al análisis de la historia, la geopolítica, la cultura, la ciencia y la sociedad desde una perspectiva crítica, investigativa y fundamentada.

Este artículo sigue la Política de correcciones de Tocororo Cubano®. Para señalar errores u observaciones, escriba en comentarios bajo el artículo o envié su mensaje a: info@tocororocubano.com

Gracias por leerme.
Si este contenido resonó contigo, únete a nuestra comunidad comentando y compartiendo.

©  2026.

Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano® Revista Digital Multidisciplinaria

#Cuba #Dignidad #Suecia #DerechoInternacional #Autodeterminación

Comentarios