Objetividad en tiempos de amenaza: Cuba ante la guerra y la responsabilidad histórica
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
Cuando el lenguaje de la guerra reaparece en el escenario internacional, la primera víctima suele ser la objetividad. La retórica se acelera, los titulares se vuelven estridentes y la frontera entre análisis y propaganda se diluye peligrosamente. En ese contexto, pensar con frialdad no es un lujo intelectual: es una necesidad política y una condición de supervivencia.
Análisis
Hoy, ante amenazas explícitas o veladas provenientes del entorno geopolítico —marcado por sanciones, presión diplomática y retórica militar de Estados Unidos— Cuba no puede permitirse ni el autoengaño ni la improvisación. La historia enseña que los momentos de máxima presión externa son también aquellos en los que los errores internos resultan más costosos. Por eso, la objetividad no debe confundirse con neutralidad, ni con pasividad, sino con la capacidad de distinguir entre lo que es urgente y lo que es estructural, entre lo que fortalece la resiliencia nacional y lo que, aun bien intencionado, puede abrir grietas irreversibles.
En escenarios de amenaza, las grandes reformas estructurales —como la separación plena entre Partido, Estado y gestión económica, o la concesión de amplias autonomías empresariales— no son simples decisiones técnicas. Son movimientos de alto riesgo político. Implementarlas sin un marco sólido, sin estabilidad material mínima y sin un control social maduro puede derivar no en eficiencia socialista, sino en desarticulación, captura de recursos y restauración encubierta de lógicas de mercado ajenas al proyecto nacional.
La experiencia histórica ofrece advertencias claras. Los procesos de liberalización acelerada en contextos de presión externa —como la Perestroika en la URSS o las transiciones forzadas en economías asediadas— mostraron que debilitar el centro de cohesión política en pleno conflicto conduce más al colapso que a la renovación. En tales circunstancias, el Partido no actúa solo como estructura ideológica, sino como factor de articulación, contención y defensa. Retirarlo abruptamente de la conducción estratégica, en nombre de una racionalidad abstracta, equivaldría a un desarme político frente a un adversario que no ha ocultado sus intenciones.
Ser objetivos hoy implica también reconocer que las amenazas no son únicamente externas. Ineficiencias acumuladas, distorsiones económicas, desgaste institucional y pérdida de confianza social constituyen vulnerabilidades reales. Sin embargo, la corrección de esas fallas debe realizarse sin provocar rupturas sistémicas. La autonomía económica sin un marco socialista robusto no es emancipación, sino vulnerabilidad; y el llamado “control social” no puede decretarse desde arriba cuando la población está agotada, precarizada y obligada a priorizar la supervivencia cotidiana.
La prioridad inmediata, en un contexto de amenaza de guerra, no es rediseñar el sistema, sino garantizar su continuidad funcional: energía, alimentos, transporte, servicios básicos y cohesión social mínima. Sin ese piso material, cualquier reforma profunda se convierte en una apuesta temeraria. La objetividad exige, por tanto, una política de estabilización consciente, que gane tiempo, reduzca tensiones internas y preserve la capacidad de decisión soberana.
Esto no significa renunciar al horizonte de transformaciones necesarias. Significa entenderlas como un proceso por fases, no como un salto al vacío. La historia del socialismo —y también la de sus derrotas— demuestra que los errores de sincronización pueden ser tan letales como los errores de concepción.
En tiempos de amenaza, la responsabilidad histórica consiste en resistir sin dogmatismo, corregir sin desestructurar y pensar el futuro sin hipotecar el presente. La objetividad, en estas circunstancias, no es frialdad moral: es compromiso lúcido con la supervivencia de la nación.
Glosario de términos clave:
Objetividad política:
Capacidad de análisis basada en hechos, correlaciones de fuerza y viabilidad histórica, no en neutralidad abstracta.
Amenaza externa:
Presión política, económica, militar o cognitiva ejercida por actores extranjeros con capacidad real de daño.
Resiliencia nacional:
Capacidad de una sociedad para resistir choques externos sin perder cohesión, funcionalidad ni soberanía decisional.
Control social real:
Participación efectiva y consciente de trabajadores y ciudadanos en la gestión y fiscalización económica, sustentada en información, formación y condiciones materiales.
Error de sincronización histórica:
Implementación de reformas estructurales correctas en un momento político inadecuado, con efectos destructivos.
Fuentes consultadas:
Harvey, D. (2005). A brief history of neoliberalism. Oxford University Press.
Hobsbawm, E. (1994). The age of extremes: The short twentieth century, 1914–1991. Michael Joseph.
Kornai, J. (1992). The socialist system: The political economy of communism. Princeton University Press.
Torres-Cuevas, E. (2018). Historia de Cuba: resistencia, soberanía y nación. Editorial UH.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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