Lecciones urgentes desde Venezuela para blindar a Cuba
por Henrik Hernandezpublicado en
Análisis estratégico en tiempo real desde Tocororo Cubano
En situaciones de extrema incertidumbre informativa, cuando los hechos aún se desarrollan y abundan versiones contradictorias, suele imponerse una recomendación prudente: esperar. Esperar a que “se aclare”, a que “haya confirmaciones”, a que “el polvo baje”. Esa prudencia es comprensible. Sin embargo, no siempre es responsable. Hay coyunturas históricas en las que callar también es una forma de riesgo, porque el silencio desarma mientras la amenaza avanza. En estos contextos, una sola falsedad —o una información mal gestionada— puede poner en duda múltiples verdades, distorsionando la percepción colectiva y condicionando decisiones estratégicas.
Lo que está ocurriendo en Venezuela —más allá de los detalles que todavía deban confirmarse— no surge de la nada. Responde a un patrón de acción ya ensayado en otros escenarios, y que hoy interpela directamente a Cuba y al conjunto de América Latina. Precisamente por eso, es un deber escribir ahora, aunque mañana haya que corregir, ampliar o actualizar.
No hubo invasión: hubo doctrina
Durante décadas, la guerra se imaginó como invasión: tropas cruzando fronteras, ocupación territorial, enfrentamientos prolongados. Ese modelo ya no define la guerra contemporánea de las grandes potencias. El esquema dominante es otro, más corto, más limpio en apariencia y mucho más eficaz políticamente.
Golpes aéreos selectivos, neutralización del espacio aéreo y electrónico, captura o eliminación del liderazgo político, producción inmediata de un “vacío de poder” y entronización acelerada de una autoridad “provisional” reconocida desde el exterior. El objetivo no es ocupar el territorio, sino descabezar el Estado. La soberanía no cae por conquista; se desarticula por decapitación política.
El error de esperar la forma equivocada de agresión
Uno de los errores centrales cometidos por Venezuela fue anticipar una invasión clásica o un golpe interno prolongado, cuando el adversario ya había mutado su forma de operar. La guerra híbrida no anuncia su llegada; se ejecuta, apoyándose en la sorpresa, la velocidad y la construcción posterior del relato.
En los últimos meses se subestimaron factores decisivos: la maduración de la guerra informacional que prepara el terreno moral; la fragilidad del entorno regional sin mecanismos efectivos de respuesta colectiva; la vulnerabilidad tecnológica en comunicaciones y geolocalización; el desgaste psicológico acumulado de la población; y, sobre todo, el factor tiempo. Las guerras no se inician cuando el agresor es más fuerte, sino cuando el agredido parece momentáneamente más expuesto, distraído o políticamente aislado.
El símbolo desprotegido: cuando el poder se vuelve vulnerable
La exposición civil del jefe de Estado —presencia pública sin protocolos de seguridad acordes a un contexto de amenaza externa— reveló una lectura equivocada del momento histórico. Lo que en tiempos de estabilidad puede interpretarse como cercanía con el pueblo, en guerra híbrida se traduce en vulnerabilidad operacional.
En estos escenarios, el presidente no es un individuo, sino un activo estratégico del Estado. Su captura o neutralización vale más que cualquier victoria militar parcial, porque paraliza, confunde y habilita narrativas externas de “colapso institucional”. Esta constatación no debe leerse como advertencia personalista, sino como lección general: en contextos de tensión con potencias hegemónicas, la protección del liderazgo político forma parte de la defensa de la soberanía misma.
La guerra no declarada también es guerra
Venezuela llevaba años bajo asedio, pero no formalizó jurídicamente ese estado de guerra ni activó con antelación los mecanismos excepcionales que ello implica. No declarar la guerra no evitó el conflicto; solo dejó al país menos preparado cuando este se materializó. Aquí reside una lección clave: confundir prudencia con negación estratégica es letal.
Venezuela subestimó, en primer lugar, el cambio cualitativo en la forma contemporánea de intervención. Persistió la lectura de una amenaza basada en la invasión clásica o en un colapso interno prolongado, cuando el adversario había desplazado su doctrina hacia acciones rápidas, altamente tecnificadas y centradas en el liderazgo político como objetivo estratégico. No se calibró adecuadamente que, en la guerra híbrida actual, capturar o neutralizar al jefe del Estado puede producir más desarticulación que una ofensiva militar convencional.
En segundo lugar, se subestimaron factores internos y temporales críticos: el desgaste psicológico acumulado de la población, la erosión de la capacidad de reacción inmediata, la vulnerabilidad tecnológica y, sobre todo, el factor tiempo. A ello se sumó la ausencia de una formalización jurídica temprana del estado de guerra, lo que dejó al Estado respondiendo a una ofensiva real con marcos de normalidad institucional. En conjunto, no fue una falta de legitimidad ni de derecho, sino una lectura tardía del punto de no retorno, donde la prudencia dejó de ser protección y pasó a ser vulnerabilidad.
La disuasión que no se activó
Resulta necesario señalar que Venezuela subestimó la función disuasiva de la preparación visible y anticipada. En un contexto de amenaza externa explícita, la no declaración del estado de guerra y la ausencia de una movilización y desconcentración general de las fuerzas armadas durante la segunda mitad de diciembre transmitieron una imagen de normalidad institucional que no se correspondía con la realidad estratégica. La guerra híbrida no castiga solo la debilidad material, sino la ambigüedad.
A ello se añadió una comunicación pública centrada en el énfasis de alianzas, capacidades militares y apoyos externos, que —lejos de reforzar la disuasión— pudo haber facilitado lecturas adversarias sobre tiempos, umbrales y ventanas de oportunidad. En estos escenarios, la retórica no sustituye la postura defensiva.
Observaciones preliminares y reacción institucional
Las imágenes difundidas por sectores de la población —ciudades con suministro eléctrico activo, presencia aérea sin resistencia visible y explosiones localizadas— refuerzan la percepción de que la capacidad de respuesta inmediata no correspondió plenamente con el discurso previo de preparación. Sin convertir observaciones parciales en conclusiones definitivas, estos elementos obligan a una reflexión seria sobre la distancia entre narrativa defensiva y disposición operativa real.
En este contexto adquiere especial relevancia la actitud asumida por la vicepresidenta de Venezuela, quien exigió públicamente pruebas de vida del presidente y denunció la agresión externa. Esa reacción institucional confirma que el propio Estado venezolano no reconoce la normalidad del escenario, y subraya la gravedad política y jurídica del momento. La forma en que esta exigencia sea atendida —o ignorada— tendrá implicaciones que aún están por desarrollarse.
¿Por qué escribir ahora?
Porque esto no es solo Venezuela. Es un ensayo general. Porque la región fue declarada Zona de Paz, pero la paz no se sostiene sola. Porque esperar a que el relato se cierre desde los centros de poder externos equivale a aceptar su marco interpretativo.
Es posible que mañana sepamos más. Es probable que algunos detalles deban revisarse. Pero el patrón ya es visible, y la función de un espacio como Tocororo Cubano no es seguir el relato cuando esté terminado, sino alertar cuando aún puede prevenirse el daño.
Advertencia final para Cuba y América Latina
La guerra moderna no siempre llega con soldados.
A veces llega con drones, cámaras, comunicados y “gobiernos provisionales”.
Cuando eso ocurre, el tiempo perdido en silencio no se recupera.
Escribir ahora no es precipitación.
Es responsabilidad histórica.
Nota metodológica sobre el uso de fuentes
Este análisis no incluye referencias a fuentes primarias ni secundarias cerradas porque se redacta en un contexto de desarrollo activo de los acontecimientos, con información fragmentaria, versiones contradictorias y ausencia de confirmaciones independientes plenamente verificables.
Se trata de una lectura estratégica provisional, basada en la identificación de patrones doctrinales, precedentes históricos y marcos analíticos conocidos, no de un reporte factual concluyente.
El objetivo de esta publicación no es fijar una verdad definitiva, sino alertar tempranamente, abrir un marco interpretativo y contribuir a la prevención y reflexión estratégica. El texto será actualizado a medida que se consoliden datos verificables y fuentes contrastadas.
Nota sobre el modo de la operación
A la fecha de redacción de este análisis, se desconocen los detalles concretos de cómo se habría ejecutado la captura del presidente venezolano y de su esposa, así como las características operativas de dicha acción. No obstante, resulta evidente que una operación de esta naturaleza no puede materializarse sin información precisa, acceso previo y algún grado de colaboración interna, ya sea por infiltración, filtraciones o fallas graves en los dispositivos de seguridad. Este aspecto, aunque crucial y merecedor de una investigación profunda, no constituye el objetivo central de este trabajo, que se concentra en el análisis estratégico de los patrones de agresión y en las lecciones preventivas que se desprenden de ellos.
Nota editorial
Este análisis se publica como lectura estratégica provisional. Será actualizado a medida que se confirmen nuevos hechos. Su propósito es alertar y prevenir, no sentenciar.
Gracias por leerme.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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