Venezuela y el límite histórico de la izquierda electoral: por qué administrar el Estado burgués no defiende la soberanía
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
Durante décadas, amplios sectores populares en América Latina depositaron sus esperanzas en fuerzas políticas de izquierda que accedieron al poder por vía electoral. La promesa era clara: justicia social, soberanía nacional y ruptura con la dominación oligárquica y externa. Sin embargo, una y otra vez, el resultado ha sido el mismo: gobiernos progresistas convertidos en administradores funcionales de estructuras que no controlan.
El caso reciente de Venezuela no inaugura este fenómeno; lo confirma con crudeza.
La cuestión central no es moral. No se trata de traición individual ni de corrupción ética —aunque estas existan—, sino de un límite estructural del Estado burgués cuando es ocupado sin ser transformado.
Tomar el poder no es dirigir la sociedad
La izquierda electoral ha confundido históricamente acceder al gobierno con ejercer dirección real. Pero el Estado burgués no es un instrumento neutral que pueda reorientarse simplemente con voluntad política. Es una maquinaria histórica de dominación, diseñada para garantizar: la reproducción del capital, la subordinación económica al mercado global, el control militar y coercitivo del territorio y la producción de consenso a través de formas representativas pasivas.
Cuando una fuerza de izquierda asume la dirección de ese aparato sin desmontarlo, queda atrapada en sus reglas. Puede redistribuir parcialmente, moderar tensiones o ampliar derechos sociales, pero no puede sostener soberanía real frente a una agresión externa ni defender de forma estructural a las clases populares.
Venezuela: de proyecto popular a administración condicionada
El proceso venezolano nació con un fuerte impulso popular y una narrativa de ruptura antihegemónica. Sin embargo, la estructura fundamental del Estado rentista, la dependencia energética, la arquitectura militar heredada y la inserción subordinada en el mercado global nunca fueron superadas.
Cuando el choque externo se volvió directo y decisivo, el resultado fue previsible: ausencia de capacidad estratégica autónoma, congelación política inmediata, aceptación de un nuevo marco de poder impuesto desde fuera y adaptación pragmática de las élites gobernantes.
No se trata de cobardía ni de sorpresa. Se trata de que un aparato estatal no transformado no puede resistir una ofensiva hegemónica sin colapsar o reconfigurarse bajo tutela.
La falsa alternativa: traición o fracaso personal
Calificar este desenlace únicamente como “traición” es políticamente comprensible, pero analíticamente insuficiente. La traición existe, pero no explica el patrón repetido en múltiples países.
Lo que vemos es algo más profundo: una contradicción estructural entre proyectos populares y Estados diseñados para servir a intereses oligárquicos y transnacionales.
En ese marco, incluso gobiernos bien intencionados terminan: priorizando la supervivencia institucional, aceptando dependencia negociada, sacrificando soberanía en nombre de la estabilidad.
El aporte de la plusdirección: más allá del Estado y del partido
Aquí es donde la plusdirección deja de ser una abstracción teórica y se convierte en respuesta histórica.
La plusdirección parte de una premisa radical pero verificable:
La soberanía no se defiende desde gobiernos atrapados en ciclos electorales y estructuras heredadas, sino desde formas superiores de dirección social, separadas de la lógica partidista y del poder burgués.
No propone: otro partido,otra élite, ni una reforma cosmética del Estado.
Propone: separar dirección estratégica de representación política, sustraer las decisiones vitales del ciclo electoral, basar la conducción social en conocimiento, evidencia, anticipación y función.
Mientras la política clásica reacciona, la plusdirección anticipa.
Mientras el gobierno administra, la plusdirección reconfigura.
Por qué Cuba resiste y Venezuela se reconfigura
El contraste entre Cuba y Venezuela ilumina esta diferencia. Cuba no ha formalizado la plusdirección, pero ha intuido algunos de sus principios: continuidad estratégica más allá de liderazgos, centralidad del conocimiento técnico-militar, defensa de la cohesión social antes que del pluralismo formal, resistencia sin dependencia del ciclo electoral.
Eso explica por qué Cuba no legitima cambios impuestos, habla del pueblo y no del nuevo poder, y evita la teatralización.
No vence: impide que el adversario venza.
Venezuela, en cambio, quedó atrapada en la lógica de la administración política sin dirección superior.
Conclusión: el límite civilizatorio de la izquierda clásica
Lo ocurrido en Venezuela no demuestra el fracaso del socialismo ni de los ideales emancipatorios. Demuestra el agotamiento histórico de la izquierda que pretende transformar la sociedad administrando intacto el Estado burgués.
Mientras no se construyan formas superiores de dirección social, capaces de anticipar conflictos, reorganizar la economía y neutralizar la lógica del poder, los proyectos populares seguirán siendo reversibles, condicionados y vulnerables.
La plusdirección no es una consigna. Es una respuesta estructural a un límite histórico que hoy se expresa con claridad en América Latina.
Glosario de términos clave:
Administración política:
Ejercicio del gobierno limitado a la gestión del aparato estatal existente sin transformación estructural de sus bases económicas, militares y de poder.
Cooptación oligárquica:
Proceso mediante el cual élites políticas formalmente progresistas terminan operando dentro de los intereses de las clases dominantes locales y del capital transnacional.
Dependencia estructural:
Condición histórica en la que un Estado periférico carece de autonomía real debido a su inserción subordinada en el sistema económico, financiero y geopolítico global.
Estado burgués:
Forma histórica de organización estatal diseñada para garantizar la reproducción del capital, la propiedad privada de los medios de producción y el control coercitivo de la sociedad.
Izquierda electoral:
Corriente política que busca la transformación social principalmente a través del acceso al gobierno mediante elecciones, sin desmantelar la maquinaria del Estado burgués.
Plusdirección:
Modelo de dirección social superior que separa la conducción estratégica de la representación política, sustrae decisiones vitales del ciclo electoral y se fundamenta en conocimiento, evidencia y función social.
Reconfiguración bajo tutela:
Proceso de reorganización del poder estatal posterior a una crisis o intervención externa, en el que se preserva la institucionalidad formal bajo condiciones impuestas por una potencia dominante.
Soberanía real:
Capacidad efectiva de un pueblo o Estado para decidir sobre su economía, defensa, política exterior y modelo social sin subordinación externa.
Traición estructural:
Resultado político en el que fuerzas promovidas por las clases populares terminan actuando contra sus intereses no por intención individual, sino por límites sistémicos del Estado que administran.
Victoria por negación:
Forma de resistencia estratégica que no busca derrotar al adversario, sino impedirle alcanzar sus objetivos políticos, militares o sociales.
Fuentes consultadas y recomendadas:
Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks. International Publishers.
Lenin, V. I. (1917/2017). El Estado y la revolución. Editorial Progreso.
Miliband, R. (1969). The state in capitalist society. Basic Books.
Poulantzas, N. (1978). State, power, socialism. Verso.
Robinson, W. I. (2008). Latin America and global capitalism: A critical globalization perspective. Johns Hopkins University Press.
Sader, E. (2008). The weakest link? Neoliberalism in Latin America. New Left Review, 52, 5–31.
Stiglitz, J. E. (2002). Globalization and its discontents. W. W. Norton & Company.
Tilly, C. (1992). Coercion, capital, and European states, AD 990–1992. Blackwell.
Gracias por leerme.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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