¿Por qué Cuba es atacada? impedir la colonización interna y el dilema actual de las MIPYMES y el multipartidismo
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
Cuba es atacada no solo por su sistema político, sino por algo más profundo y estructural: porque impidió históricamente la formación de estratos internos subordinados capaces de administrar el país en nombre de intereses externos. El objetivo estratégico de Estados Unidos respecto a Cuba no ha sido únicamente cambiar gobiernos, sino reconstruir desde dentro las condiciones sociales, económicas y políticas que hagan innecesaria cualquier ocupación directa. Ese objetivo no se ha alcanzado, y ahí radica la persistencia del castigo.
Colonización endógena
En la mayoría del llamado Tercer Mundo, la dominación contemporánea no opera por invasión, sino por colonización endógena: la creación de capas sociales cuya supervivencia material, estatus y proyección dependen de su alineamiento con el poder hegemónico. Son estratos que no necesitan ser ideológicamente militantes; basta con que sean funcionalmente dependientes. Cuando existen, la soberanía se vacía por dentro y el Estado pasa a administrar intereses ajenos con apariencia de normalidad institucional.
Revolución Cubana rompió ese eslabón
La Revolución Cubana rompió ese eslabón. Al desmantelar la vieja burguesía asociada y limitar la acumulación privada estratégica, bloqueó la emergencia de una burguesía dependiente funcional, de una clase política financiable desde el exterior y de una élite cultural-académica orgánicamente subordinada. Cuba dejó de ser “un mal ejemplo” para convertirse en un ejemplo peligroso: demostraba que era posible resistir sin intermediarios locales del imperio.
En este marco, el bloqueo no es solo coerción económica; es pedagogía geopolítica. Castiga para inducir desgaste social, advertir a terceros y forzar una “solución interna”. El mensaje es claro: si no podemos gobernarte desde dentro, te asfixiamos hasta que generes las condiciones para hacerlo. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han sido piezas habituales de esta pedagogía en otros países, subordinando la planificación nacional a la disciplina del capital.
MIPYMES - el dilema actual
Aquí emerge el dilema contemporáneo. Las MIPYMES, en abstracto, no son el problema. El riesgo surge en contexto de bloqueo, asimetría y presión externa. Bajo esas condiciones, pueden convertirse en núcleos de acumulación privada hipersensibles al castigo, presionables, chantajeables o comprables. Aprenden rápido que sobrevivir exige “normalización”, que la soberanía tiene costo y que la alineación abre puertas. No hace falta que se vuelvan anticubanas; basta con que reclamen “acceso” y “pragmatismo”. Así puede gestarse, silenciosamente, el embrión del estrato servil que no logró imponerse por la fuerza.
Democracia y multipartidismo
El cuadro se completa con el multipartidismo. En el Tercer Mundo dependiente, la democracia multipartidista suele operar menos como expresión de pluralidad social que como tecnología de selección de élites compatibles. Ofrece rotación sin cambio de rumbo: partidos compiten por administrar un marco que no cuestiona la estructura de propiedad estratégica ni la inserción subordinada en la economía mundial. La alternancia se vuelve procedimental, mientras las decisiones sustantivas quedan fuera de la disputa o se presentan como inevitables. El financiamiento, la legitimación mediática, la formación de cuadros y la presión externa funcionan como filtros: quien acepta la “normalización” es viable; quien la desafía se vuelve invotable por asfixia comunicacional, lawfare o aislamiento.
Cuba no permite el ecosistema partidista penetrable
Por eso Cuba ha sido atacada también por no permitir un ecosistema partidista penetrable y recambiable bajo patrones externos. Sin embargo, el riesgo actual es secuencial: primero se forma una base económica dependiente (por necesidad), después esa base busca representación política y pluralismo para convertir su interés privado en programa nacional. En ese punto, el multipartidismo deja de ser un ideal abstracto y se convierte en vehículo institucional de la colonización endógena.
Trump «No creo que se pueda ejercer mucha más presión que entrar y destruir el lugar»
La frase atribuida a Donald Trump —«No creo que se pueda ejercer mucha más presión que entrar y destruir el lugar»— no debe leerse como una bravata personal ni como una salida verbal descontrolada, sino como la admisión explícita de un límite estratégico. En una sola oración, se reconoce que el repertorio completo de coerción no militar aplicado contra Cuba —bloqueo económico extremo, aislamiento financiero, guerra mediática, operaciones de subversión política y presión diplomática— no ha logrado producir el resultado central buscado: la conformación de un estrato interno capaz de administrar el país en función de intereses externos. Al desaparecer el eufemismo, queda al desnudo la lógica real del conflicto: cuando la dominación indirecta fracasa, la alternativa histórica del poder hegemónico ha sido siempre la fuerza abierta.
Esta afirmación confirma que el problema de fondo nunca fue la forma de gobierno ni la retórica ideológica, sino la imposibilidad de gobernar Cuba desde dentro mediante intermediarios locales confiables. De ahí que las estrategias posteriores se orienten menos hacia la destrucción directa y más hacia la creación de condiciones internas que reproduzcan, por vías económicas y políticas aparentemente “normales”, aquello que no pudo imponerse por asfixia o subversión. En ese marco, la presión sobre la apertura económica y el impulso al “pluralismo” compatible no representan concesiones, sino intentos de reactivar la colonización endógena. La frase de Trump no anuncia una política futura: confirma el fracaso de la anterior y explica por qué Cuba sigue siendo un objetivo persistente.
Leída desde la otra orilla, esa misma admisión revela algo aún más significativo: la capacidad de resistencia del pueblo cubano y la resiliencia de un modelo democrático no occidental ni convencional. La persistencia del sistema político cubano bajo condiciones de asedio prolongado no puede explicarse únicamente por coerción estatal o inercia institucional, como suele afirmarse desde narrativas simplificadoras. Implica la existencia de mecanismos de cohesión social, legitimidad histórica y participación colectiva que, aunque distintos de los moldes liberales occidentales, han demostrado una eficacia extraordinaria para sostener la soberanía frente a presiones extremas. Que, tras décadas de bloqueo y hostilidad, la alternativa reconocida por el propio adversario sea la destrucción directa, no habla de la debilidad de Cuba, sino de la fortaleza estructural de una sociedad que no ha podido ser fracturada desde dentro.
Conclusiones
La conclusión es inequívoca. EE. UU. no necesita que Cuba “fracase”; necesita que Cuba genere desde dentro sujetos económicos dependientes y capas políticas administrables. Si eso ocurre, el bloqueo deja de ser necesario y la dominación se vuelve interna. El desafío histórico no es negar toda apertura, sino diseñarla con control popular real, evitando que mercado y multipartidismo se transformen en fábricas de intermediarios. De lo contrario, aquello que no pudo imponerse por coerción externa podría lograrse por mutación silenciosa.
Glosario de términos clave:
Alternancia administrada:
Rotación electoral de gobiernos sin cambio del marco estratégico (propiedad, deuda, política exterior, subordinación económica), donde la alternancia sustituye a la soberanía.
Estrato servil dependiente:
Capa social o económica cuya reproducción material, estatus y proyección dependen de su alineación funcional con intereses externos, aun sin adhesión ideológica explícita. Opera como intermediario interno de la dominación.
Colonización endógena:
Proceso mediante el cual una potencia logra imponer su hegemonía no por ocupación directa, sino mediante actores locales que administran y reproducen intereses ajenos desde dentro del Estado y la sociedad.
Burguesía dependiente funcional:
Clase empresarial local que no actúa como fuerza nacional de desarrollo, sino como gestora del capital externo, subordinando la economía interna a cadenas transnacionales.
Democracia procedimental:
Sistema político centrado en mecanismos formales (elecciones, partidos, alternancia) que no altera la estructura real de poder ni la propiedad de los medios estratégicos.
Bloqueo como pedagogía geopolítica:
Uso prolongado de sanciones económicas no solo para castigar a un país, sino para inducir comportamientos sociales internos favorables a la subordinación.
MIPYMES (en contexto dependiente):
Micro, pequeñas y medianas empresas que, bajo presión externa y ausencia de control popular, pueden convertirse en núcleos de acumulación privada presionables y funcionales a intereses hegemónicos.
Multipartidismo dependiente
Sistema de competencia partidista que, bajo condiciones de asimetría externa, tiende a seleccionar como “viables” a fuerzas políticas compatibles con la inserción subordinada y a excluir proyectos de soberanía sustantiva.
Pragmatismo despolitizado:
Discurso que presenta la renuncia a la soberanía como una necesidad técnica o económica, ocultando su dimensión estructural y geopolítica.
Selección de élites compatibles:
Proceso por el cual redes de financiamiento, legitimación mediática, formación de cuadros y presión externa promueven actores políticos “aceptables” y neutralizan a los no alineados.
Soberanía sustantiva:
Capacidad real de un Estado y su sociedad para decidir su modelo económico, productivo y social sin coerción externa, más allá de la formalidad jurídica.
Fuentes consultadas:
Domínguez, J. I. (2018). Cuba: Order and revolution. Harvard University Press.
Kapcia, A. (2020). Cuba: Island of dreams. Berg Publishers.
LeoGrande, W. M., & Kornbluh, P. (2015). Back channel to Cuba: The hidden history of negotiations between Washington and Havana. University of North Carolina Press.
Mesa-Lago, C. (2019). Cuba’s economic change in comparative perspective. University of Pittsburgh Press.
Naciones Unidas. (2023). Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba. Asamblea General de las Naciones Unidas.
Pérez-Stable, M. (2012). The Cuban revolution: Origins, course, and legacy. Oxford University Press.
Zimbalist, A., & Brundenius, C. (2014). The Cuban economy: Measurement and analysis of socialist performance. Johns Hopkins University Press.
Ministerio de Economía y Planificación de Cuba. (2021). Normas jurídicas sobre las micro, pequeñas y medianas empresas. Gaceta Oficial de la República de Cuba.
Gracias por leerme.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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