No permitamos que otros escriban nuestra historia
por Henrik Hernandezpublicado en
Hacia una Doctrina de Presencia Política Extraterritorial
No se trata de impedir que otros escriban sobre Cuba.
Se trata de impedir que nuestra ausencia les permita escribir
nuestra historia, con tinta ajena, intereses externos y ambiciones
que no nacieron de nuestro pueblo.
Versión final 2.1
Nota metodológica
Este artículo parte de una observación surgida de la experiencia cubana en Suecia: mientras sectores organizados en oposición al sistema político cubano han alcanzado una presencia relativamente visible en espacios políticos, mediáticos e institucionales, una parte importante de los cubanos que mantienen posiciones favorables, críticas o solidarias respecto del proceso revolucionario y rechazan la imposición exterior sobre Cuba ha concentrado tradicionalmente una parte considerable de sus esfuerzos en actividades culturales, asociativas, solidarias y de ayuda humanitaria.
La existencia y magnitud exacta de esta diferencia de presencia debe ser investigada empíricamente. El presente trabajo no pretende presentar como hecho estadísticamente demostrado aquello que nace inicialmente de una observación política. Su objetivo es formular el problema doctrinal, definir categorías que permitan estudiarlo y establecer por qué una comunidad socialmente activa puede encontrarse, al mismo tiempo, insuficientemente presente en los espacios donde se interpreta políticamente a su país.
Una investigación posterior debería examinar, entre otros elementos, qué cubanos son entrevistados por medios suecos; qué corrientes participan en consultas, debates y actividades parlamentarias; qué organizaciones son descritas como “sociedad civil cubana”; cuándo se mencionan u omiten sus fuentes de financiación y relaciones institucionales; y qué categorías —activista, opositor, experto, defensor, propagandista, representante— son empleadas para caracterizar a cubanos de diferentes posiciones.
El artículo tampoco constituye un manual de acción política. No establece organizaciones, campañas, mecanismos de financiación ni procedimientos concretos de incidencia. Su propósito es doctrinal: identificar el fenómeno, precisar los principios aplicables y determinar qué capacidades debe desarrollar una presencia cubana extraterritorial para recuperar iniciativa sin pretender monopolizar la representación nacional.
La pregunta fundamental es:
¿Cómo pueden los cubanos cuyas posiciones están insuficientemente presentes en el espacio público europeo dejar de existir principalmente como sujetos de solidaridad y constituirse también en sujetos políticos reconocibles dentro de las sociedades que debaten y adoptan decisiones relacionadas con Cuba?
Existir socialmente no significa existir políticamente
Una comunidad puede ser muy activa y, sin embargo, poseer una presencia política limitada. Puede organizar actos culturales, recolectar fondos, enviar medicamentos, mantener asociaciones, celebrar fechas nacionales, organizar encuentros y movilizar numerosas personas.
Todo ello constituye presencia social.
Pero la presencia política es otra cosa.
Aparece cuando esa comunidad interviene de manera reconocible y continuada en los espacios donde se forman interpretaciones, se producen debates y se adoptan decisiones respecto del país al que pertenece.
La distinción es esencial: existir socialmente no significa necesariamente existir políticamente.
Una corriente cubana puede poseer una considerable base humana en Suecia y resultar prácticamente invisible para un periodista, un parlamentario, un sindicato, una universidad o una organización social cuando se busca una voz cubana para discutir Cuba.
Otra corriente puede ser numéricamente menor y, sin embargo, aparecer repetidamente en esos espacios. La diferencia no demuestra quién representa mejor a los cubanos. Pero produce consecuencias políticas reales.
Asimetría de presencia política
Podemos denominar asimetría de presencia política a la situación en que distintas corrientes de una misma comunidad poseen capacidades desiguales de aparición pública, interlocución y participación continuada en los espacios donde esa comunidad, su país de origen o sus intereses son interpretados.
La asimetría de presencia no debe confundirse con una asimetría numérica.
Una corriente pequeña puede tener mucha visibilidad.
Otra numerosa puede poseer escasa presencia pública.
Por ello:
La visibilidad política no demuestra representatividad, pero puede producir percepción de representatividad.
Y el fenómeno inverso también opera:
La invisibilidad pública no demuestra inexistencia social, pero puede producir percepción de inexistencia política.
La repetición consolida ambas percepciones.
Si quienes aparecen una y otra vez en los espacios políticos y mediáticos suecos como “voces cubanas” pertenecen fundamentalmente a una corriente, esa corriente puede terminar siendo identificada socialmente con la representación política natural de la cubanidad.
Mientras tanto, otros cubanos pueden quedar asociados principalmente a cultura, ayuda humanitaria, solidaridad o relaciones institucionales con Cuba.
Así puede formarse progresivamente una asociación implícita, cubano políticamente activo equivale a opositor político, mientras el cubano favorable o solidario con el proceso cubano se aprecia como activista de solidaridad o ayuda.
La cuestión no es si alguien diseñó deliberadamente esa asociación. El mecanismo puede aparecer simplemente porque unos ocupan el espacio y otros no.
La ausencia también produce Plusdirección
La Plusdirección permite observar una dimensión más profunda de este fenómeno. Un actor no necesita ganar cada discusión para adquirir ventaja política.
Puede obtener algo anterior: participar habitualmente en la definición de quién debe ser consultado, qué temas merecen atención y cuáles son las preguntas legítimas sobre Cuba. Cuando determinados actores aparecen repetidamente, sus conceptos se vuelven familiares. Se les entrevista porque ya fueron entrevistados. Se les consulta porque previamente fueron considerados interlocutores. Su presencia produce reconocimiento. El reconocimiento facilita nuevo acceso. El acceso reproduce presencia.
Puede establecerse así un circuito: presencia, reconocimiento, acceso, interlocución y capacidad de agenda se refuerzan mutuamente.
La ausencia también genera su propio circuito. Menor presencia produce menor reconocimiento. Menor reconocimiento reduce el acceso. Menor acceso disminuye la posibilidad de convertirse en interlocutor. Y una baja interlocución limita la capacidad de introducir temas propios.
Por tanto la ausencia política no es neutral. Produce consecuencias políticas.
La legitimidad no comienza demostrando que se tiene razón
Una comunidad puede pensar que recuperará espacio simplemente demostrando que sus argumentos son mejores. Pero para que un argumento sea examinado necesita primero existir un interlocutor capaz de introducirlo. Esto falla cotidianamente en Suecia.
De ahí una proposición central: la legitimidad política no se recupera solamente demostrando que tenemos razón. Se construye existiendo públicamente como sujetos políticos antes de que llegue el momento de discutir quién tiene razón.
Esto no significa que presencia y legitimidad sean equivalentes. Una persona puede tener enorme presencia y poca credibilidad. Pero resulta difícil construir legitimidad pública continuada desde la inexistencia política.
Por eso debemos diferenciar dos formas de legitimidad:
- Legitimidad de participación y legitimidad de interlocución
La legitimidad de participación constituye el nivel inicial.
Un cubano no necesita demostrar adhesión ni oposición al sistema político de Cuba para poseer derecho a intervenir sobre cuestiones relacionadas con su nación. Su pertenencia nacional fundamenta un interés legítimo y su condición jurídica dentro de las sociedades europeas le proporciona los correspondientes derechos de expresión, asociación y participación.
Ser cubano no concede automáticamente razón. No concede conocimiento especializado. Tampoco representación sobre los demás cubanos.
Pero sí impide que una posición política determinada pueda utilizarse, por sí sola, para excluirlo previamente de la discusión.
Ser cubano concede derecho a tomar la palabra. La legitimidad de interlocución pertenece a otro nivel. Debe construirse mediante conocimiento, rigor factual, continuidad, transparencia, presencia pública, autonomía, capacidad de diálogo y conducta política.
Por ello:
La pertenencia nacional fundamenta la legitimidad de participación; la conducta pública construye la legitimidad de interlocución.
O, dicho de manera más sencilla:
Ser cubano concede derecho a tomar la palabra; convertirse en interlocutor reconocible exige construir presencia y credibilidad.
Nadie necesita hablar por todos
Recuperar presencia no significa sustituir un supuesto monopolio de representación por otro.
Decir:
“Los cubanos de Suecia pensamos...” solo es legítimo cuando existe un mandato real que permita afirmarlo.
Una formulación mucho más sólida es:
“Somos cubanos residentes en Suecia que sostenemos esta posición.”
(Soy cubano residente en Suecia y sostengo que...)
No necesitamos representar a todos para tener derecho a existir.
Esta renuncia a una representación que no poseemos permite exigir reciprocidad: no pretendemos hablar en nombre de todos los cubanos; tampoco aceptamos que ninguna otra corriente sea presentada automáticamente como voz de todos los cubanos.
La emigración cubana es plural. Dentro de quienes apoyan la Revolución existe pluralidad. Dentro de la oposición también.
Existen posiciones intermedias, críticas, socialistas, nacionalistas, liberales, religiosas, comunistas y personas que no se identifican con ninguna de esas categorías.
La pluralidad real no consiste en determinar cuál de ellas es “la voz cubana”.
Consiste en permitir que sean visibles como voces cubanas diferentes.
La pluralidad no se recupera eliminando voces; se recupera haciendo visibles las voces ausentes.
La ayuda humanitaria no sustituye la existencia política
La solidaridad humanitaria posee valor propio. Enviar medicamentos, materiales, equipamientos o recursos puede aliviar necesidades reales. También conserva relaciones personales y sociales entre Cuba y quienes viven fuera del territorio.
El problema no se encuentra en la ayuda. Aparece cuando la ayuda ocupa casi todo el espacio disponible y termina sustituyendo involuntariamente la presencia política.
Una asociación puede transportar numerosos contenedores y seguir sin aparecer cuando Suecia debate sus relaciones con Cuba.
Puede mantener un trabajo solidario durante décadas y no ser identificada como interlocutora cuando los medios buscan cubanos para interpretar acontecimientos nacionales. Puede poseer mucha experiencia sobre Cuba y carecer de presencia donde esa experiencia podría influir sobre una interpretación pública.
Por tanto: la solidaridad material sostiene necesidades concretas; la presencia política sostiene la existencia pública de quienes defienden esa solidaridad y de las razones que la fundamentan.
La cultura cumple otra función.
La producción intelectual, otra.
La ayuda humanitaria, otra.
La presencia política, otra.
Una profundidad extraterritorial desarrollada necesita todas esas capacidades.
De solidaridad con Cuba a presencia cubana en Europa
Aquí aparece un cambio conceptual importante. La solidaridad tradicional establece una relación en la que Europa observa a Cuba y determinadas personas o asociaciones europeas deciden apoyarla. Los cubanos residentes en Europa se encuentran en una situación diferente.
No son únicamente europeos solidarios con un país extranjero. Son también una parte de la nación cubana que vive dentro de sociedades que elaboran políticas respecto de Cuba.
El Parlamento sueco debate Cuba.
El Gobierno sueco adopta posiciones sobre Cuba.
La Unión Europea mantiene relaciones institucionales con Cuba.
Medios suecos producen interpretaciones sobre Cuba.
Organizaciones sociales, partidos y sindicatos discuten asuntos que tienen consecuencias para Cuba.
Los cubanos residentes en Suecia viven dentro de ese entorno decisional.
Por eso: la extraterritorialidad cubana no es solamente geográfica. También es política. Los cubanos residentes en Europa no son únicamente sujetos de solidaridad con Cuba; constituyen también presencia cubana dentro de Europa.
Doctrina de Presencia Política Extraterritorial
Podemos formular entonces la Doctrina de Presencia Política Extraterritorial como:
El principio según el cual los cubanos residentes fuera del territorio nacional deben poder desarrollar una existencia política pública, autónoma, plural y continuada dentro de las sociedades donde viven, evitando que la ausencia de determinadas corrientes permita que otras sean percibidas automáticamente como representación natural del conjunto de la cubanidad.
Esta doctrina no prescribe qué deben pensar esos cubanos. Su principio no es la uniformidad, sino pluralidad con presencia.
El objetivo no consiste en retirar espacio a quienes se oponen al sistema cubano. Consiste en impedir que la ausencia pública de otros cubanos produzca una falsa equivalencia entre una corriente particular y la totalidad nacional.
Presencia política y autonomía
La presencia política solo puede producir legitimidad duradera si posee autonomía reconocible. Pero autonomía no significa aislamiento. Un ciudadano puede relacionarse con instituciones cubanas. Una asociación puede cooperar con una misión diplomática. Puede coincidir con decisiones del Gobierno cubano y discrepar con otras.
También una organización crítica puede relacionarse con fundaciones, instituciones extranjeras, partidos o entidades de cooperación.
Por eso la pregunta de Plusdirección no es simplemente: “¿Con quién se relaciona?”
La pregunta decisiva es:
¿Dónde se originan efectivamente los objetivos, prioridades, recursos y decisiones fundamentales del actor?
Sin embargo, aplicar el mismo criterio funcional a todos no obliga a fingir que todas las relaciones poseen idéntica naturaleza política.
Principio de distinción y examen funcional de las vinculaciones exteriores
La relación de un ciudadano cubano con la Embajada o el Consulado de Cuba constituye una relación con la representación oficial del Estado cubano. La relación de ese ciudadano con una estructura perteneciente a otro Estado o vinculada a programas desarrollados desde el exterior para transformar el orden político de Cuba posee otra naturaleza.
Ambas deben poder analizarse. Pero no deben confundirse.
De ahí el Principio de Distinción y Examen Funcional de las Vinculaciones Exteriores:
Las relaciones de ciudadanos cubanos con las representaciones oficiales de su propio Estado y las relaciones con actores extranjeros que desarrollan políticas, programas o mecanismos destinados a influir sobre el orden político cubano poseen naturaleza política diferente y no deben ser presentadas automáticamente como equivalentes.
La primera vincula al ciudadano con una institución representativa de su propio Estado.
La segunda puede vincularlo con centros exteriores de poder que poseen objetivos propios respecto de Cuba.
Pero esta diferencia inicial no sustituye el examen funcional.
La naturaleza del vínculo permite comprender su significado político; el examen funcional permite determinar su grado real de autonomía.
Una organización relacionada con una representación cubana no es autónoma simplemente por tratarse de su propio Estado si recibe instrucciones que determinan completamente su agenda.
Una organización relacionada con una institución extranjera tampoco se convierte automáticamente en subordinada por esa relación, pero la practica demuestra la dependencia estructural de tales relaciones es la variante predominante.
La cuestión funcional continúa siendo: ¿Quién determina efectivamente los objetivos, recursos, prioridades, argumentos y decisiones?
La autonomía no se presume: se examina
La autonomía política no debe convertirse en una etiqueta autoproclamada. Se manifiesta mediante capacidades observables. Un actor autónomo puede elaborar su agenda. Puede aceptar o rechazar propuestas. Puede formular opiniones propias. Puede discrepar con quienes colaboran con él. Puede mantener objetivos que no dependen completamente de la continuidad de un patrocinador. Puede explicar transparentemente sus relaciones. La transparencia no demuestra por sí sola independencia, pero permite examinarla.
Por ello:
La misma exigencia de transparencia debe aplicarse a todos; las mismas conclusiones no tienen por qué aplicarse a relaciones cuya naturaleza, finalidad y efectos sobre la Plusdirección sean diferentes.
Plusdirección mediada: la influencia exterior no necesita ser directa
El análisis resultaría incompleto si buscáramos solamente relaciones directas entre un actor cubano y un gobierno extranjero.
La Plusdirección puede funcionar mediante intermediarios.
Organizaciones de emigrados, fundaciones, plataformas, medios, financiadores, programas de formación, personalidades políticas y actores formalmente privados pueden transmitir recursos, prioridades, acceso institucional o agendas sin que exista una relación administrativa directa con una agencia gubernamental.
Esto permite introducir otra categoría: Plusdirección mediada es la capacidad de un centro exterior para influir de manera determinante sobre los objetivos, recursos, alternativas o prioridades de un actor a través de una cadena de organizaciones formalmente diferenciadas.
La nacionalidad de los intermediarios no resuelve el problema. Una organización establecida en Estados Unidos puede estar integrada mayoritariamente por personas de origen cubano. Eso demuestra identidad o procedencia. No demuestra dónde se origina necesariamente su Plusdirección.
Por ello:
La autonomía no se determina por la nacionalidad formal del intermediario, sino por el lugar donde se origina y reproduce la capacidad efectiva de dirección.
El análisis debe poder preguntar no solamente quién entrega directamente un recurso. También quién financia al financiador, qué programas estructuran esas ayudas, qué condiciones existen, quién fija prioridades y qué capacidad conserva el receptor para rechazar la orientación propuesta.
Coincidencia, colaboración, coordinación y subordinación
No toda convergencia política constituye dependencia. Para evitar automatismos conviene distinguir diferentes niveles. La coincidencia aparece cuando actores diferentes defienden posiciones semejantes sin evidencia de que hayan organizado conjuntamente sus acciones. La colaboración existe cuando intercambian información, espacios, contactos o actividades, pero conservan capacidad independiente de decisión. La coordinación aparece cuando planifican conjuntamente acciones, distribuyen responsabilidades o comparten recursos para alcanzar determinados objetivos.
La subordinación comienza cuando la relación concede a uno de los actores capacidad determinante sobre la agenda, recursos esenciales, estrategia, supervivencia o decisiones fundamentales del otro.
Esta distinción es crucial.
Coincidir no demuestra coordinación. Coordinar tampoco demuestra automáticamente subordinación.
La pregunta de Plusdirección se encuentra en el último nivel: ¿La relación permite cooperación entre actores autónomos o ha transferido capacidad determinante de decisión hacia otro centro?
Ningún elemento aislado tiene necesariamente que resolver esa pregunta.
Es la acumulación de dependencias, condiciones, recursos, coordinación y pérdida de capacidad de rechazo la que puede demostrar una integración funcional.
Helms-Burton como contexto estructural
La Ley Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act de 1996 constituye un documento particularmente relevante porque demuestra que existe en el ordenamiento estadounidense una política explícita respecto de una futura transformación del sistema cubano.
La propia denominación oficial de la ley señala entre sus objetivos buscar sanciones internacionales contra el Gobierno cubano y planificar apoyo a un gobierno de transición que conduzca a un gobierno democráticamente elegido en Cuba.
Las secciones 205 y 206 establecen criterios utilizados por la legislación estadounidense para caracterizar respectivamente un gobierno cubano de transición y un gobierno democráticamente elegido. Entre los requisitos de la sección 205 se encuentran la legalización de toda actividad política, la disolución de determinadas estructuras estatales y el compromiso de celebrar elecciones en un período máximo de 18 meses con participación de múltiples partidos políticos independientes.
La importancia de este documento para nuestro argumento debe delimitarse con precisión.
Helms-Burton demuestra la existencia de una arquitectura estatal estadounidense de política hacia una transición cubana. No demuestra la dependencia individual de cada organización o activista cubano.
Por ello: la existencia de la Ley Helms-Burton justifica examinar vinculaciones concretas; no autoriza a deducirlas sin evidencia.
Pero cuando existen relaciones documentadas de financiación, coordinación, participación en programas o dependencia material respecto de actores integrados funcionalmente en esa arquitectura, esas relaciones se convierten legítimamente en elementos para evaluar la autonomía política.
La diferencia entre contexto estructural y responsabilidad individual debe mantenerse siempre.
Cadenas de intermediación y responsabilidad individual
La existencia de un intermediario no rompe necesariamente la cadena de Plusdirección. Pero tampoco demuestra por sí misma que exista. Por eso cualquier afirmación sobre dependencia debe apoyarse en evidencia concreta.
Financiación material significativa.
Recursos indispensables.
Condiciones asociadas a esos recursos.
Planificación conjunta.
Campañas coordinadas.
Dependencia de acceso mediático o institucional.
Incapacidad para sostener posiciones contrarias al patrocinador.
Ocultamiento sistemático de relaciones.
Participación reiterada en una división de funciones.
Ningún indicador aislado basta necesariamente. La acumulación puede mostrar que ya no estamos ante simple coincidencia o colaboración, sino ante integración funcional dentro de una arquitectura exterior.
La doctrina, por tanto, no debe clasificar personas previamente. Debe proporcionar criterios para analizar relaciones.
Suecia: un espacio político que ya produce decisiones sobre Cuba
La presencia política extraterritorial adquiere importancia porque las sociedades europeas donde viven los cubanos no son escenarios neutrales.
Adoptan decisiones.
En marzo de 2026, la ministra sueca de Asuntos Exteriores, Maria Malmer Stenergard, sostuvo que el Gobierno consideraba insuficientes los resultados de la política europea de compromiso con Cuba, defendió una revisión del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación y señaló que democracia y derechos humanos debían ocupar un lugar central en la política europea hacia el país.
En julio de 2026, la ministra reiteró además el apoyo gubernamental sueco a organizaciones, actores y redes que promueven derechos humanos y Estado de derecho y señaló que Suecia ha apoyado durante largo tiempo el desarrollo de economía de mercado y actividad empresarial privada en Cuba.
Al mismo tiempo, Suecia afirma oponerse al embargo comercial estadounidense y considera que su aplicación extraterritorial contradice las reglas internacionales de comercio.
Estas posiciones demuestran que Suecia no constituye simplemente un espacio donde se “opina” sobre Cuba. Existe política pública sueca dirigida hacia Cuba. Por consiguiente, los cubanos residentes en Suecia se encuentran dentro de una sociedad que participa activamente en procesos políticos con efectos sobre su país de origen.
Eso refuerza la legitimidad de su presencia.
Europa tampoco constituye un espacio homogéneo
La Unión Europea mantiene simultáneamente diálogo, cooperación, críticas y discrepancias con Cuba.
En junio de 2025, el IV Comité Conjunto Cuba-UE adoptó una hoja de ruta después de diálogos sobre derechos humanos, medidas coercitivas unilaterales y desarrollo sostenible.
En abril de 2024, ambas partes habían celebrado específicamente un diálogo sobre medidas coercitivas unilaterales en el que se discutieron el embargo estadounidense, sus efectos sobre ciudadanos y empresas europeas y la aplicación extraterritorial de Helms-Burton.
En julio de 2026, la Unión Europea reconoció nuevamente ante la Asamblea General de Naciones Unidas el impacto humanitario adverso de las medidas estadounidenses sobre la población cubana.
Esto demuestra que el terreno europeo contiene contradicciones y espacios de discusión. Puede existir crítica al sistema político cubano y, simultáneamente, oposición a determinadas políticas estadounidenses.
Una presencia cubana autónoma no necesita exigir coincidencia total con sus interlocutores. Necesita existir suficientemente para intervenir dentro de esas contradicciones.
Derechos humanos: quién decide qué derechos forman parte de la discusión. La discusión sobre derechos humanos proporciona un ejemplo claro del problema de agenda. El debate europeo sobre Cuba suele conceder una enorme importancia a los derechos civiles y políticos.
Es legítimo analizarlos.
Pero el sistema internacional de derechos humanos no reduce los derechos humanos exclusivamente a esas categorías. La Declaración y Programa de Acción de Viena reafirma el derecho de los pueblos a la autodeterminación y establece el carácter universal, indivisible e interdependiente del conjunto de los derechos humanos.
La recuperación de iniciativa no consiste entonces en rechazar la pregunta: “¿Qué ocurre con los derechos humanos en Cuba?”
Consiste en ampliar el marco:
Hablemos de derechos humanos; pero hablemos del conjunto de los derechos humanos y de todos los factores internos y externos que condicionan su realización.
Ese simple desplazamiento muestra qué significa disputar Plusdirección.
No se elimina una pregunta. Se cuestiona el derecho de un solo actor a determinar de antemano cuáles preguntas constituyen la totalidad de la situación planteada.
Recuperar iniciativa significa adquirir capacidad de agenda
Una comunidad exclusivamente reactiva acepta inevitablemente una parte importante de la Plusdirección de otros.
Aparece una noticia y responde.
Aparece una resolución y protesta.
Aparece una sanción y denuncia.
Aparece una acusación y se defiende.
El contenido de cada respuesta puede ser correcto.
Pero el mecanismo permanece: otro decide el tema y el momento.
Una presencia política desarrollada permite introducir preguntas propias:
¿Quiénes son consultados en Suecia cuando se debate Cuba?
¿Qué criterios determinan quién es considerado representante de la sociedad civil cubana?
¿Qué relaciones institucionales y fuentes de financiación poseen los actores presentados públicamente como independientes?
¿Cómo afecta la extraterritorialidad de leyes estadounidenses a ciudadanos y empresas europeas?
¿Qué derechos sociales quedan fuera cuando se evalúa Cuba?
¿Qué factores internos y externos explican conjuntamente la crisis económica?
¿Qué intereses específicos posee Europa respecto de una política cubana independiente de Washington?
Estas preguntas no sustituyen a las anteriores.
Amplían el entorno decisional. Quien solamente responde participa en el debate de otro. Quien consigue introducir preguntas propias comienza a participar en la definición del debate.
Presencia permanente, no aparición episódica
La legitimidad acumulativa necesita continuidad. Una corriente que aparece solamente cuando existe una crisis cubana seguirá siendo percibida fundamentalmente como una reacción a esa crisis. Cuba debe poder aparecer también como cultura, historia, ciencia, salud, educación, economía, migración, cooperación, desarrollo, medio ambiente, identidad, soberanía, geopolítica y pensamiento político.
La profundidad política extraterritorial no surge de una concentración excepcional de actividad durante unos días.
Se forma mediante existencia pública acumulada.
Por eso: la iniciativa estratégica no consiste en hablar más fuerte cuando llega una crisis. Consiste en haber construido antes una presencia que hace natural que nuestra voz sea escuchada cuando la crisis aparece.
La profundidad extraterritorial no se mide solamente en personas
La Doctrina de Presencia Política Extraterritorial se conecta directamente con la reflexión desarrollada anteriormente sobre Guerra de Todo el Pueblo, Continuidad de Todo el Estado y Negación de Absorción Nacional.
Allí la profundidad extraterritorial aparecía como una capacidad nacional situada fuera del territorio susceptible de ocupación. Aquí descubrimos una dimensión anterior. No basta con que existan cubanos fuera del territorio.
La pregunta es: ¿qué capacidad social, política e institucional poseen dentro de las sociedades donde viven?
Por ello: la profundidad extraterritorial no consiste solamente en cuántos cubanos viven fuera, sino en cuánta capacidad pública autónoma pueden ejercer dentro de las sociedades donde viven. Una comunidad demográficamente grande pero políticamente ausente posee recursos humanos exteriores, pero una profundidad política insuficientemente desarrollada.
De ahí otra conclusión:
La continuidad extraterritorial futura depende de capacidades y legitimidades construidas antes de que resulte necesario utilizarlas en condiciones extraordinarias.
Principio de Presencia Política Extraterritorial
Podemos formular finalmente el principio general: Los cubanos residentes fuera del territorio nacional cuyas posiciones favorables, críticas o solidarias respecto del proceso cubano y contrarias a la imposición exterior se encuentren insuficientemente presentes en el espacio público deben poder desarrollar una existencia política autónoma, plural, transparente y continuada dentro de las sociedades donde viven, complementando las actividades culturales, asociativas, solidarias y humanitarias, de manera que su ausencia no permita que una sola corriente sea confundida con la representación natural del conjunto de la cubanidad.
Este principio no determina cuáles deben ser sus opiniones.
Determina una condición anterior: la nación debe poder expresar fuera del territorio una pluralidad política comparable con la pluralidad que realmente existe entre sus integrantes.
Conclusiones
La recuperación de iniciativa de los cubanos en Suecia y Europa no comienza con una respuesta más eficaz a la próxima controversia sobre Cuba. Comienza comprendiendo que la ausencia política posee consecuencias políticas. Una comunidad puede ser socialmente activa y políticamente insuficientemente visible.
Puede movilizar recursos y carecer de interlocución. Puede poseer argumentos y no estar presente cuando se determina qué preguntas deben discutirse. Esa situación produce asimetría de presencia. Y la asimetría de presencia puede convertirse progresivamente en asimetría de legitimidad.
La solución no consiste en excluir a los cubanos que se oponen al sistema político existente. Ellos forman parte de la pluralidad nacional y poseen derecho a intervenir. La solución consiste en que las corrientes ausentes o insuficientemente representadas también existan políticamente.
La pluralidad no se recupera eliminando voces; se recupera haciendo visibles las voces ausentes.
La solidaridad humanitaria debe continuar. La actividad cultural debe continuar. La cooperación debe continuar.
Pero ninguna sustituye la presencia política.
Los cubanos que viven en Suecia y Europa no son simplemente observadores de decisiones adoptadas sobre Cuba. Viven dentro de las sociedades que producen muchas de esas decisiones. Por ello poseen legitimidad de participación. Convertirse en interlocutores exige construir después presencia, conocimiento, credibilidad y autonomía.
Esa autonomía tampoco puede juzgarse mediante etiquetas simples. La relación con la representación del propio Estado y la relación con actores extranjeros comprometidos con programas de transformación política de Cuba poseen naturalezas diferentes.
Pero ninguna relación debe quedar fuera del análisis funcional. Hay que preguntar dónde reside realmente la Plusdirección. Y ese análisis debe reconocer también que la dirección exterior puede operar indirectamente. La autonomía no se determina por la nacionalidad formal del intermediario, sino por el lugar donde se origina y reproduce la capacidad efectiva de dirección.
Helms-Burton demuestra que existe una arquitectura estatal estadounidense formal para una transición política cubana; no demuestra por sí sola la subordinación de individuos u organizaciones concretos. Esas conclusiones necesitan evidencia.
La doctrina no debe sustituir análisis por acusaciones. Debe proporcionar categorías capaces de distinguir coincidencia, colaboración, coordinación y subordinación. Su finalidad superior continúa siendo constructiva. No se trata fundamentalmente de deslegitimar al adversario. Se trata de dejar de depender de su presencia para que Cuba exista políticamente en Europa.
Una comunidad recupera iniciativa cuando deja de aparecer únicamente para responder. Cuando produce conceptos propios. Cuando participa regularmente. Cuando introduce preguntas. Cuando sus diferentes corrientes pueden ser reconocidas. Y cuando la sociedad donde vive comprende que Cuba no puede reducirse a una única voz.
Recuperar la iniciativa no significa dominar el debate sobre Cuba. Significa dejar de estar ausentes cuando ese debate se define.
Por ello: la legitimidad política no se recupera solamente demostrando que tenemos razón. Se construye mediante una presencia pública suficientemente permanente, autónoma y reconocible para que nuestra existencia política no pueda ser ignorada antes de que nuestros argumentos sean siquiera examinados.
En última instancia:
Quien no ocupa políticamente el espacio donde su país es interpretado termina permitiendo que otros lo interpreten en su ausencia.
Glosario de términos clave:
Plusdirección:
Capacidad efectiva para estructurar el entorno dentro del cual otros actores adoptan decisiones, incluidos objetivos, prioridades, alternativas, recursos, preguntas y criterios de legitimidad.
Doctrina de Presencia Política Extraterritorial:
Principio según el cual los cubanos residentes fuera del territorio deben poder desarrollar una presencia política autónoma, plural y continuada dentro de las sociedades donde viven.
Presencia política extraterritorial:
Existencia pública, sostenida y reconocible de cubanos dentro de los espacios sociales e institucionales donde Cuba es interpretada y donde se adoptan decisiones relacionadas con ella.
Asimetría de presencia política:
Desigualdad de visibilidad, acceso e interlocución pública entre diferentes corrientes de una misma comunidad.
Asimetría de legitimidad:
Situación en la que unas corrientes son reconocidas más fácilmente como interlocutores naturales mientras otras permanecen insuficientemente reconocidas.
Legitimidad de participación:
Derecho a intervenir en el debate sin que la posición política sostenida sirva por sí sola para excluir previamente al participante.
Legitimidad de interlocución:
Credibilidad construida mediante presencia, conocimiento, rigor factual, transparencia, autonomía y conducta pública.
Autonomía política:
Capacidad efectiva para producir objetivos, agenda, prioridades y decisiones propias.
Principio de Distinción y Examen Funcional de las Vinculaciones Exteriores:
Principio según el cual debe reconocerse la diferente naturaleza política de las relaciones con instituciones del propio Estado y con actores exteriores, sin renunciar a examinar funcionalmente en cada caso dónde reside la capacidad efectiva de decisión.
Plusdirección mediada:
Capacidad de un centro exterior para influir de manera determinante sobre otro actor mediante una cadena de organizaciones formalmente diferenciadas.
Coincidencia:
Convergencia de posiciones sin evidencia suficiente de planificación conjunta.
Colaboración:
Relación entre actores que comparten determinadas capacidades o actividades conservando autonomía decisional.
Coordinación:
Planificación conjunta de determinadas acciones, funciones o recursos entre actores diferenciados.
Subordinación:
Relación en la que un actor adquiere capacidad determinante sobre los objetivos, recursos, estrategias, supervivencia o decisiones fundamentales de otro.
Capacidad de agenda:
Capacidad para introducir temas y preguntas propios dentro del espacio público de forma que otros actores deban considerarlos.
Subordinación interpretativa:
Aceptación del marco conceptual establecido por otro actor como límite previo para interpretar una realidad.
Subutilización de la profundidad extraterritorial:
Existencia de capacidades humanas y sociales fuera del territorio nacional que no llegan a transformarse suficientemente en presencia e interlocución públicas.
Pluralidad cubana:
Reconocimiento de que ninguna institución, organización o corriente posee automáticamente la representación política del conjunto de los cubanos.
Fuentes:
European External Action Service. (2024, 26 de abril). Cuba: Political and sectoral dialogues held under the EU-Cuba Political Dialogue and Cooperation Agreement. European Union. https://www.publicnow.com/view/4648610E2FAFB9E7C6EBDDD889D2185FE94FCFCF
European External Action Service. (2025, 5 de junio). IV Comité Conjunto entre Cuba y la Unión Europea. European Union. https://www.eeas.europa.eu/delegations/cuba/iv-comit%C3%A9-conjunto-entre-cuba-y-la-uni%C3%B3n-europea_es?s=136
European External Action Service. (2026, 7 de julio). EU statement – UN General Assembly: Embargo imposed by the USA against Cuba. European Union. https://www.publicnow.com/view/154504B16D62BC7656858E096C2E333DA8DA7047
Office of the Federal Register, National Archives and Records Administration. (1996, 12 de marzo). Public Law 104-114: Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act of 1996 (especialmente §§ 205–206). U.S. Government Printing Office. https://ofac.treasury.gov/media/5706/download?inline
Office of the United Nations High Commissioner for Human Rights. (1993). Vienna Declaration and Programme of Action. United Nations. https://www.ohchr.org/en/instruments-mechanisms/instruments/vienna-declaration-and-programme-action
Sveriges riksdag. (2026, 25 de marzo). Folkliga protester på Kuba: Svar på skriftlig fråga 2025/26:609. Respuesta de la ministra de Asuntos Exteriores Maria Malmer Stenergard. https://www.riksdagen.se/sv/dokument-och-lagar/dokument/skriftlig-fraga/folkliga-protester-pa-kuba_hd11609/
Sveriges riksdag. (2026, 14 de abril). Gemensam Kubapolitik med USA: Svar på skriftlig fråga 2025/26:685. Respuesta de la ministra de Asuntos Exteriores Maria Malmer Stenergard. https://www.riksdagen.se/sv/dokument-och-lagar/dokument/skriftlig-fraga/gemensam-kubapolitik-med-usa_hd11685/
Sveriges riksdag. (2026, 17 de julio). Demonstrationer i Kuba: Svar på skriftlig fråga 2025/26:941. Respuesta de la ministra de Asuntos Exteriores Maria Malmer Stenergard. https://www.riksdagen.se/sv/dokument-och-lagar/dokument/svar-pa-skriftlig-fraga/demonstrationer-i-kuba_hd12941/
Sobre el Autor
Henrik Hernandez es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano. Sus líneas de trabajo abarcan la teoría de la Plusdirección, la resiliencia nacional, la soberanía económica, la geopolítica y el análisis de sistemas complejos. Ha desarrollado un enfoque interdisciplinario orientado a comprender las transformaciones del poder en el siglo XXI y su aplicación a los desafíos contemporáneos de Cuba.
Sobre el medio
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