Los paseíticos carcelarios de Maricele y el Revolico de CiberCuba
por Henrik Hernandezpublicado en
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Por Henrik Hernandez
La mentira no necesita pruebas, solo likes.
Introducción
La noticia parece seria: “Siete años de prisión para intendente corrupta”. El tono, indignado; la fuente, supuestamente popular. Pero basta rascar un poco la superficie para ver lo que realmente es: otra pieza de propaganda anticubana elaborada con precisión quirúrgica por CiberCuba, ese medio digital financiado con fondos estadounidenses que simula hacer periodismo, pero que en realidad opera como arma mediática de guerra cognitiva.
¿Y cuál es la fuente de la gran primicia? ¿El Tribunal Provincial? ¿Una declaración oficial? No, señores. La fuente es Revolico Puerto Padre, un sitio informal de compraventa en Facebook donde lo mismo se venden bicicletas que se intercambian refrigeradores por paquetes de pollo.
Ahora, mágicamente, Revolico se ha transformado en tribunal popular, sala de investigaciones penales y centro de análisis político. Todo en uno. Y CiberCuba, con su olfato de carnicero del morbo, lo presenta como una radiografía fiel del sentir del pueblo cubano.
La “noticia” según el libreto del Norte
El caso de Maricela Alonso Ojeda, exintendenta de Puerto Padre, acusada de malversación, fue convertido en espectáculo. CiberCuba afirma que fue condenada a siete años de prisión y que ya “disfruta de ciertos beneficios”: paseíticos carcelarios, tareas de profesora de presos, etcétera, etcétera. No se molestan en citar una sola fuente oficial, porque no la tienen. Pero eso da igual: lo importante no es informar, es erosionar.
Sí, Maricela cometió delitos y debe responder ante la ley. Pero CiberCuba no celebra la legalidad ni la justicia. Celebra que puede usar ese hecho como misil ideológico, mientras guarda un silencio muy oportuno sobre los saqueos y escándalos de corrupción en la Florida, en el Capitolio, o en su paraíso de Miami.
Se construye una narrativa circular:
“La sancionan, pero en realidad no está presa. Robó, pero sigue influyendo. Cayó, pero solo porque alguien más grande la empujó. Todos roban, nadie paga, Cuba es un basurero moral.”
Este discurso es efectivo. Se propaga por redes, se reproduce sin verificación, inocula desesperanza, y legitima el relato de que el país está condenado.
Alejandro Gil: el nombre lanzado como carnada
Y para cerrar con broche de oro, insertan en el artículo un nombre que no tiene relación directa con Maricela pero que sirve para añadir gasolina al fuego: Alejandro Gil Fernández, exviceprimer ministro y exministro de Economía, separado de su cargo por acciones incompatibles con su condición de cuadro del Estado. El nombre de Alejandro Gil, lanzado al aire como anzuelo, sin prueba ni contexto, para alimentar la especulación y el morbo. Todo vale si se trata de erosionar la confianza del pueblo cubano en sus instituciones.
El Estado cubano, hasta hoy, no ha brindado información detallada. Ese silencio, que puede tener razones jurídicas o estratégicas, es aprovechado por el anticubanismo para especular, difamar y sembrar sospechas. Las autoridades cubanas no han brindado detalles. ¿Error de comunicación? Sí. ¿Oportunidad para los mercenarios digitales? También.
La lógica es simple: si no se sabe, lo inventamos. Porque donde el Estado calla, la propaganda grita. Y ahí están los medios anticubanos, especulando, inflando, intoxicando. “¿Qué pasó con Gil?”, preguntan con falsa inocencia, cuando en realidad esperan que el vacío informativo erosione la credibilidad del sistema completo.
Y así, sin pruebas, sin datos, sin ética, convierten un hecho aislado en una doctrina:“Todo está podrido, el sistema es cómplice, la corrupción es estructural y la Revolución ya no tiene moral.”
¿El objetivo? No es justicia. Es demolición.
Sí, la señora Maricela fue condenada. Sí, la corrupción debe combatirse. Pero el objetivo de CiberCuba no es denunciar para fortalecer la justicia, sino exhibir la mancha para intoxicar el tejido completo. Su mensaje es claro y corrosivo: “si esta robó, todas roban, y si esta cae, es porque hay otras peores”.
CiberCuba no celebra que se haya sancionado a una funcionaria corrupta. No pide transparencia para mejorar, ni castigo para sanar. Su objetivo es sembrar cinismo, ese veneno silencioso que destruye los nervios morales de un pueblo. Lo suyo no es indignación auténtica, es manipulación rentable.
Una lógica circular que se traduce en desesperanza, cinismo y deslegitimación.
Y lo más grotesco es el uso de plataformas como Revolico para legitimar su mensaje. ¿Desde cuándo un anuncio clasificado de Facebook es fuente de credibilidad política?
¿Y qué logran con eso? Desviar la atención del hecho de que el sistema cubano sí actúa contra la corrupción, pero sin circo mediático. Al mismo tiempo, posicionan en el imaginario popular la idea de que todo está podrido, que no hay solución, que el socialismo es incapaz de autodepurarse.
¿Qué será lo próximo?
“Ex ministro Gil atrapa manatí en Villa Mariquita y lo vende por Telegram, según usuario anónimo.”
“Ex intendente administra una finca de unicornios en Camagüey, afirman fuentes cercanas a un grupo de WhatsApp.”
Todo vale si sirve para demoler la confianza popular y presentar a Cuba como un Estado fallido. Esa es la operación real, financiada, dirigida y repetida cada semana con nuevo caso, nueva víctima y el mismo guión.
Pero el pueblo cubano no es ingenuo
La gente puede indignarse, criticar, exigir justicia. Pero eso no significa que confunda una plataforma de compraventa con una sala de justicia, ni a un medio digitado desde Miami con una voz honesta del pueblo.
El pueblo cubano sabe que la corrupción debe enfrentarse, pero también sabe que hay buitres esperando cada fisura para convertirla en fractura. Y que en la propaganda del enemigo, ningún castigo será suficiente, ninguna rectificación será válida, y ningún avance será reconocido.
Conclusión mordaz: Si no tienen pruebas, tienen Revolico
CiberCuba ha perfeccionado su modelo:
No necesita tribunales, tiene comentarios de Facebook.
No necesita datos, tiene rumores.
No necesita verdad, tiene presupuesto.
Y no necesita ética, porque tiene una misión: destruir la Revolución cubana, desde adentro, con palabras que apestan a dólares.
La mentira no necesita pruebas, solo likes. La verdad, en cambio, necesita tiempo, contexto y memoria. No confundas un titular mordaz con una causa justa.
La palabra es trinchera. La memoria, escudo.
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Copyright © Henrik Hernandez 2025
La redacción e investigación de este artículo han contado con la asistencia de inteligencia artificial, utilizada desde julio de 2024.
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