La otra cara de la prosperidad
por Henrik Hernandezpublicado en
La otra cara de la prosperidad: cómo funcionaba realmente la economía cubana antes de 1959
Fuentes contemporáneas, desigualdad,
dependencia, trabajo rural, presupuesto
público y problemas de medición
Versión 1.4.9 — Final
Introducción
Una de las discusiones más persistentes sobre la Cuba anterior a 1959 gira alrededor de una pregunta aparentemente sencilla:
¿era Cuba un país próspero o un país pobre?
Planteada de ese modo, la pregunta conduce casi inevitablemente a dos relatos contrapuestos.
Uno enumera ingreso per cápita, automóviles, teléfonos, consumo eléctrico, médicos, hospitales, alfabetización, comercio exterior, salarios y reservas monetarias para presentar a Cuba como una de las sociedades relativamente más avanzadas de América Latina.
El otro destaca desempleo, pobreza rural, concentración de la propiedad agraria, desigualdad, dependencia del azúcar, penetración del capital extranjero y subordinación comercial respecto de Estados Unidos.
Ambos relatos contienen elementos ciertos.
El problema comienza cuando una parte de la realidad se convierte en representación de la totalidad.
Un país puede tener muchos automóviles por habitante mientras una minoría concentra gran parte de ellos. Puede registrar un consumo medio relativamente elevado y mantener simultáneamente una fuerte desigualdad. Puede disponer de numerosos médicos mientras estos se concentran mayoritariamente en la capital. Puede poseer educación pública gratuita y, al mismo tiempo, mantener una parte considerable de la población con enormes dificultades de acceso escolar.
La documentación producida durante la propia "República" muestra precisamente esas contradicciones.
En 1957, el Gobierno cubano reconocía ante el GATT que la economía no proporcionaba niveles suficientes de empleo e ingreso y consideraba imprescindible acelerar el desarrollo económico nacional. La documentación estimaba una fuerza laboral de aproximadamente 2,204 millones de personas, con 361.000 totalmente desempleadas. Si se añadían 150.000 personas que trabajaban menos de treinta horas semanales y 154.000 familiares trabajadores sin remuneración, el universo alcanzaba aproximadamente 665.000 personas, equivalentes al 30,2 % de la fuerza laboral, según las categorías utilizadas en aquel documento.
Cuatro años antes, Fidel Castro había denunciado en La Historia me absolverá aproximadamente 600.000 cubanos sin trabajo y describía además una fuerte expansión estacional del desempleo durante el tiempo muerto azucarero.
Las cifras corresponden a años, conceptos y metodologías diferentes y no pueden equipararse automáticamente.
Pero su proximidad obliga a examinar con mayor atención las condiciones laborales y sociales de aquella economía.
Por tanto, la pregunta histórica que guía este estudio no será simplemente:
¿Cuba era rica o pobre?
Sino:
¿cuánta riqueza producía Cuba, quién la generaba, quién la controlaba, cómo se distribuía, de qué mercados dependía y cuántos cubanos podían acceder realmente a los bienes y servicios que aquella economía era capaz de producir?
A esa pregunta debemos añadir otras:
¿durante cuántos meses al año tenía ingresos un trabajador?
¿cuántos miembros de una familia debían contribuir para obtener esos ingresos?
¿qué parte de la riqueza nacional regresaba a la población mediante el presupuesto público?
¿qué diferencias existían entre la ciudad y el campo?
¿qué significaba realmente recibir determinado jornal cuando existían empleo estacional, crédito y deudas durante el tiempo muerto?
¿qué parte de la prosperidad nacional representaba capacidad económica agregada y qué parte se traducía en bienestar efectivamente accesible?
Una advertencia metodológica fundamental.
Este artículo no pretende sustituir el relato apologético de la Cuba prerrevolucionaria por una caricatura inversa.
La metodología adoptada será: documentar → comparar → contextualizar → identificar contradicciones → reconocer incertidumbres.
Las fuentes serán utilizadas siguiendo una jerarquía.
1. Fuentes contemporáneas
Entre ellas:
Censo de 1953;
Banco Nacional de Cuba;
Ministerio de Hacienda;
documentación gubernamental presentada al GATT;
Constitución de 1940;
presupuestos y documentos ministeriales;
Encuesta de los trabajadores rurales 1956–1957;
estadísticas comerciales estadounidenses;
documentación del Departamento de Comercio de Estados Unidos;
estadísticas migratorias;
legislación laboral;
publicaciones contemporáneas.
2. Fuentes políticas contemporáneas
Aquí incluimos especialmente:
La Historia me absolverá.***
Su importancia es extraordinaria porque constituye una denuncia formulada antes del triunfo revolucionario.
Pero no es una encuesta estadística ni un informe técnico neutral.
Es un documento: político + jurídico + programático + polémico.
Por ello sus cifras no serán aceptadas automáticamente.
Serán sometidas a contraste.
3. Reconstrucciones posteriores
Pueden corregir lagunas o reconstruir variables que las fuentes contemporáneas no midieron adecuadamente.
Pero deben identificarse como: reconstrucciones retrospectivas.
4. Interpretaciones historiográficas
Serán utilizadas para contextualizar la evidencia, no para sustituirla.
La cadena metodológica será: dato contemporáneo → reconstrucción retrospectiva → interpretación historiográfica.
Y una regla debe acompañar toda la investigación: el grado de certeza de una conclusión no puede ser superior al grado de certeza de su evidencia.
Cinco preguntas para cada cifra
Toda cifra importante debe responder, siempre que la documentación lo permita, a cinco preguntas:
¿qué mide?
¿a quiénes mide?
¿en qué año?
¿cuál es la fuente?
¿qué limitación posee?
Los datos de la encuesta de la ACU deben interpretarse dentro de la población efectivamente estudiada, sin extrapolarlos automáticamente al conjunto del país.
Por ejemplo, que el 43 % de los trabajadores agrícolas entrevistados por la ACU fuera analfabeto no significa que el 43 % de todos los cubanos fuera analfabeto.
Del mismo modo, que el 44 % de los trabajadores agrícolas entrevistados declarara no haber asistido nunca a la escuela no significa que el 44 % de todos los niños rurales estuviera fuera de la escuela en 1957.
En ambos casos, las cifras describen las condiciones de la población encuestada —los trabajadores agrícolas incluidos en el estudio— y solo pueden utilizarse para caracterizar directamente a ese universo, salvo que exista evidencia adicional que justifique una extrapolación más amplia.
La identificación del universo estadístico es tan importante como la cifra.
No todas las cifras poseen el mismo grado de certeza
| Indicador | Fuente | Valor analítico |
| Población de 1953 | Censo contemporáneo | Alto |
| Analfabetismo nacional de 1953 | Censo contemporáneo | Alto |
| Comercio exterior 1950–1958 | Banco Nacional de Cuba | Alto dentro de su metodología |
| Balanza de pagos 1950–1958 | Banco Nacional de Cuba | Alto; exige respetar definiciones |
| Desempleo 1957 | Gobierno de Cuba/GATT | Alto según sus categorías |
| Condiciones del trabajador agrícola 1956–1957 | Encuesta ACU | Muy alto para la muestra investigada |
| Trabajo infantil rural | ACU + otras evidencias | Existencia documentada; magnitud nacional desconocida |
| 600.000 desempleados, Fidel 1953 | Fuente política contemporánea | Debe contrastarse |
| 1 millón sin trabajo durante tiempo muerto | 1 millón sin trabajo durante tiempo muerto | Indicador estacional por contrastar |
| Presupuesto educativo 1958–1959 | Ministerio de Educación, 1960 | Fuente oficial retrospectiva cercana |
| Presupuesto sanitario 1958 | CIDH y documentación retrospectiva | Provisional hasta fuente fiscal primaria |
| Parasitismo infantil rural 1951 | BIRF | Fuente internacional contemporánea |
| Operaciones de empresas estadounidenses, 195 | U.S. Department of Commerce | Alta para empresas cubiertas; no universo completo |
| Esperanza de vida | Registros + reconstrucciones | Requiere cautela |
| Mortalidad infantil | Registros + reconstrucciones | Afectada por subregistro |
| Gini ≈0,55 | Reconstrucción posterior | Indicativo |
| Consumo internacional comparado | Consumo internacional comparado | Consumo internacional comparado Reconstrucción retrospectiva |
El denominador: 5.829.029 habitantes
El Censo de Población, Viviendas y Electoral de 1953 contabilizó: 5.829.029 habitantes.
En 1943 Cuba había registrado aproximadamente 4,779 millones. En una década la población aumentó en más de un millón de personas, cerca de un 22 %.
Esto introduce una variable que debe acompañar toda comparación histórica de infraestructura y servicios: crecimiento absoluto ≠ crecimiento relativo suficiente.
No basta preguntar:
¿cuántas escuelas nuevas hubo?
También:
¿cuánto creció la población escolar?
No basta preguntar:
¿cuántos médicos más existían?
También:
¿cuánto aumentó la población?
No basta preguntar:
¿cuántos empleos se crearon?
También:
¿cuánto creció la fuerza laboral?
Por tanto: toda expansión de infraestructura y servicios debe compararse también con el crecimiento de la población y de la demanda social.
El dato censal permite además contextualizar la expresión utilizada por Fidel en 1953 cuando hablaba de un país de aproximadamente cinco millones y medio de habitantes: se trataba de una aproximación redondeada relativamente cercana a los 5,829 millones contabilizados oficialmente.
La Historia me absolverá: una fuente que debe comprobarse
Fidel Castro pronunció su alegato de autodefensa el 16 de octubre de 1953, durante el juicio posterior al asalto al Cuartel Moncada.
El texto conocido posteriormente fue reconstruido desde la prisión y difundido después.
Por tanto: es una fuente primaria de 1953–1954, pero no una transcripción taquigráfica literal e íntegra del juicio.
El texto identifica seis grandes problemas:
tierra + industrialización + vivienda + desempleo + educación + salud.
Nuestro procedimiento será: Fidel afirma → buscamos una fuente independiente → comparamos → confirmamos, corregimos o rechazamos.
El mismo criterio deberá utilizarse con las afirmaciones procedentes de quienes describen la República como una sociedad de prosperidad ampliamente generalizada.
Promedio no significa distribución
PIB per cápita, ingreso per cápita y consumo per cápita son: promedios.
No describen necesariamente al ciudadano típico.
Supongamos una sociedad de diez personas donde una recibe 1.000 unidades y las otras nueve reciben 100.
El promedio será: 190.
Sin embargo: nueve de los diez dispondrán solamente de 100.
La media es correcta. La interpretación social puede resultar engañosa.
Existen reconstrucciones que sitúan el coeficiente de Gini cubano alrededor de 0,55 para 1953.
Debe tratarse como una reconstrucción retrospectiva, no como una medición censal directa de toda la distribución de ingresos.
Por tanto: un alto nivel medio de ingreso o consumo demuestra capacidad económica agregada, pero no demuestra una distribución homogénea de esa capacidad.
Cuba frente al mundo
Ward y Devereux han reconstruido niveles históricos de consumo cubano que sitúan al país favorablemente dentro de América Latina y, bajo determinados procedimientos comparativos, cerca de algunas economías europeas de ingreso medio.
Eso demuestra: capacidad económica agregada.
No demuestra: que las condiciones sociales cubanas fueran equivalentes a las de aquellas sociedades.
Porque: promedio de consumo es diferente a distribución del consumo.
Una media nacional no informa directamente sobre. trabajador agrícola, cortador de caña, desempleado, obrero industrial, profesional, comerciante, propietario, familia habanera y familia campesina.
Por tanto: consumo agregado comparable es diferente a condiciones sociales comparables.
Una economía relativamente desarrollada
Cuba poseía importantes actividades de: agricultura, manufactura, minería;
banca, comercio, electricidad, telefonía, transporte, turismo y servicios profesionales.
La Habana constituía un importante centro urbano, comercial y financiero.
Existían: empresas modernas, inversiones, infraestructura, profesionales, sectores medios y una considerable capacidad de consumo.
Todo ello era real.
La pregunta no es:
¿existía modernidad?
Sino:
¿cómo estaba distribuida esa modernidad?
La propia "República" reconocía sus desequilibrios
El documento presentado por el Gobierno cubano al GATT en 1957 es especialmente importante porque: no procede de la oposición revolucionaria.
Es el propio Estado "republicano" describiendo problemas de: empleo, ingreso, estructura productiva e insuficiente desarrollo.
Por tanto: desempleo + insuficiente diversificación + necesidad de desarrollo no son exclusivamente conceptos construidos después de 1959.
Formaban parte del diagnóstico contemporáneo de las propias autoridades republicanas.
El azúcar: fortaleza y vulnerabilidad
El azúcar constituía una columna vertebral de la economía cubana.
Generaba: exportaciones, divisas, empleo agrícola, empleo industrial, transporte ferroviario, actividad portuaria, demanda comercial y capacidad de importar.
La cadena podía funcionar: azúcar → exportaciones → divisas → importaciones → inversión → empleo → ingresos.
Pero precisamente esa importancia creaba vulnerabilidad.
Una economía puede ser productiva y simultáneamente vulnerable cuando una actividad concentra una parte extraordinaria de: exportaciones + divisas + empleo.
Propiedad nacional no significa autonomía económica
Hacia el final de la "República" una parte considerable de la industria azucarera estaba en manos cubanas.
Pero: propiedad nacional no significa automáticamente independencia funcional.
Una empresa cubana podía depender de: compradores extranjeros, créditos, combustible importado, maquinaria extranjera, navieras, aseguradoras y precios internacionales.
Por ello debemos preguntar no solamente:
¿quién era propietario?
Sino:
¿quién compraba?
¿quién financiaba?
¿quién aseguraba?
¿quién transportaba?
¿de dónde procedían los equipos y combustibles?
El desempleo: Fidel en 1953 y el Gobierno en 1957
Fidel Castro habló en 1953 de aproximadamente: 600.000 cubanos sin trabajo.
Cuatro años después, la documentación utilizada por el Gobierno cubano ante el GATT estimaba:
361.000 totalmente desempleados;
150.000 trabajando menos de treinta horas semanales;
154.000 familiares trabajadores sin remuneración.
La suma ampliada era: 665.000 personas, equivalentes aproximadamente al 30,2 % de la fuerza laboral.
Las cifras no son directamente equivalentes.
Corresponden a: años diferentes, definiciones diferentes, fuentes diferentes y
objetivos diferentes.
Pero el orden de magnitud resulta significativo:
Fidel, 1953: ≈600.000.
Gobierno/GATT, 1957: ≈665.000 bajo categorías ampliadas.
La denuncia de 1953 no parece, por tanto, extravagante cuando se compara con una evaluación gubernamental realizada cuatro años después.
600.000 y un millón no deben sumarse
Fidel mencionó también aproximadamente un millón de personas sin trabajo durante parte del tiempo muerto.
No debemos sumar: 600.000 + 1.000.000.
La hipótesis interpretativa más coherente es: núcleo de desempleo + incorporación temporal de trabajadores estacionales → expansión del desempleo durante el tiempo muerto.
La resta:
1.000.000 − 600.000 ≈ 400.000
puede visualizar un posible componente estacional adicional.
Pero es: una inferencia analítica y no una estadística calculada por Fidel.
La zafra y el tiempo muerto
La actividad azucarera necesitaba gran cantidad de trabajadores durante una parte del año y muchos menos cuando terminaba la molienda.
Su calendario variaba según: central, región, clima, producción y coyuntura.
Pero la gran concentración temporal del empleo azucarero era una característica estructural.
Por tanto: empleo en febrero difiere de empleo en julio.
Esto obliga a preguntar ante cualquier tasa de desempleo:
¿en qué mes fue medida?
Y ante cualquier salario:
¿durante cuántos días al año se cobraba?
La Encuesta de los trabajadores rurales de 1956–1957
Una de las fuentes más importantes de esta investigación es la Encuesta de los trabajadores rurales 1956–57, realizada por la Agrupación Católica Universitaria (ACU).
Su importancia reside también en su procedencia.
No fue una investigación producida por el Gobierno revolucionario.
Fue realizada durante la propia República por una organización católica cubana.
La investigación utilizó aproximadamente 1.000 entrevistas distribuidas entre los 126 municipios del país y estimaba un universo cercano a 400.000 familias de trabajadores agrícolas. El trabajo de campo comenzó a finales de noviembre de 1956 y se desarrolló durante aproximadamente diez meses.
Una precaución sobre la muestra de la ACU
Los autores consideraban que la muestra obtenida representaba adecuadamente al universo investigado.
Sin embargo, para evaluar su representatividad según criterios estadísticos actuales sería necesario disponer de información más completa sobre: procedimiento exacto de selección de entrevistados, distribución final de entrevistas, tasas de respuesta, posibles sustituciones, ponderaciones y selección dentro de cada municipio.
La propia investigación reconoce además prácticas que hoy merecerían un examen crítico, incluido el modo de formular algunas preguntas.
Por tanto: la ACU constituye la gran medición contemporánea más completa localizada hasta ahora sobre las condiciones del trabajador agrícola cubano, pero sus resultados no deben recibir una precisión estadística superior a la que permite reconstruir su diseño muestral.
Y establecemos desde este momento una regla: salvo indicación contraria, los porcentajes que atribuimos a la ACU describen los resultados de su muestra de trabajadores y familias agrícolas; no constituyen automáticamente porcentajes censales de toda la población rural cubana.
No calcularemos intervalos de confianza artificiales sin conocer suficientemente el diseño de la muestra.
548,75 pesos al año.
La encuesta estimó que una familia de trabajador agrícola disponía, como promedio, de 548,75 pesos anuales, equivalentes a unos 45,73 pesos mensuales por hogar. Si se toma como referencia un hogar medio de aproximadamente seis integrantes, ello representaría, de forma meramente aritmética, unos 91,46 pesos anuales o 7,62 pesos mensuales por persona.
La propia ACU señalaba además que: aproximadamente la mitad de las familias entrevistadas ni siquiera alcanzaba aquel ingreso medio.
Dentro de los 548,75 pesos se incluían no solo salarios, sino determinados ingresos procedentes de cultivos o actividades complementarias.
Este dato modifica radicalmente la manera de interpretar afirmaciones como: “el trabajador agrícola ganaba tres pesos diarios”.
La pregunta correcta pasa a ser:
¿tres pesos durante cuántos días al año?
Seis meses de trabajo para doce meses de vida
La propia ACU resumía la situación describiendo a un trabajador agrícola que conseguía ocupación aproximadamente: seis meses al año, pero tenía que alimentar y vestir a su familia durante los doce.
La encuesta señalaba además que aproximadamente: 80 % de sus ingresos procedía del salario.
Y cuando preguntaba cuál era la principal necesidad para mejorar su situación: 73,46 % respondió "más fuentes de trabajo".
Este resultado es especialmente significativo.
El problema rural no consistía solamente en: cuánto se pagaba por día.
Consistía también en: cuántos días existía trabajo remunerado.
Jornal diario no significa ingreso anual
Por tanto: Ingreso\ anual\ efectivo= jornal\times días\ efectivamente\ trabajados +otros\ ingresos.
Posteriormente deben considerarse: períodos sin empleo, producción propia, trabajos ocasionales, crédito, deuda, gastos familiares.
La variable social decisiva no es solamente: salario diario.
Es: ingreso familiar anual efectivo.
Por eso cualquier comparación internacional futura deberá evitar comparar: jornal cubano durante la zafra
con: salario anual de un empleo permanente en otro país.
Una familia, no solamente un trabajador
La cifra de 548,75 pesos obliga además a observar el hogar.
El ingreso familiar podía incorporar: trabajo del padre, trabajo de otros adultos, trabajo de hijos, pequeños cultivos, autoconsumo, labores ocasionales y pagos en especie.
Por tanto debemos preguntar: ¿cuántas personas tenían que trabajar para producir el ingreso familiar?
La expresión: “salario del trabajador” puede ocultar la economía laboral de toda la familia.
Educación: 43 % y 44 %
Aquí podemos sustituir una formulación general por cifras.
La encuesta de la ACU encontró que: 43 % de los trabajadores agrícolas entrevistados no sabía leer ni escribir.
Además: 44 % nunca había asistido a la escuela.
Estas cifras describen: los trabajadores agrícolas incluidos en la investigación.
No describen: a toda la población cubana.
Tampoco significan que el 44 % de todos los niños rurales estuviera fuera de la escuela en 1957.
Muestran algo diferente: el enorme déficit educativo acumulado entre quienes componían aquella fuerza laboral agrícola.
¿Por qué no habían asistido a la escuela?
La ACU no se limitó a presentar las cifras.
Al analizar las causas señaló: escasez de aulas rurales, mala distribución del magisterio, concentración de maestros en grandes centros urbanos, distancias, dificultades de transporte y trabajo de menores.
Aquí aparece un dato documental esencial.
La encuesta reconoce expresamente que muchos padres podían verse obligados a emplear a hijos menores en labores impropias de su edad, reduciendo o eliminando así sus oportunidades de recibir incluso educación elemental.
Por tanto: trabajo infantil rural significa pérdida de oportunidades educativas, no es solamente una inferencia retrospectiva.
Está reconocido explícitamente por una investigación contemporánea de 1956–1957.
Lo que la ACU no nos dice
La encuesta no proporciona una cifra del tipo: “X % de todos los menores rurales trabajaba”.
Por tanto, no debemos inventarla.
La conclusión rigurosa es: el trabajo infantil rural está documentalmente demostrado, pero su prevalencia nacional permanece sin cuantificar.
Esta diferencia entre: existencia y magnitud es fundamental.
El trabajo invisible de los menores
Aquí aparece una posible zona ciega estadística.
Un menor podía: ayudar en la agricultura, cuidar animales, limpiar terreno, cargar productos, recoger cosechas, realizar trabajos ocasionales, abandonar la escuela, sin aparecer necesariamente con la misma claridad que un asalariado adulto dentro de las estadísticas laborales.
Por tanto: un niño fuera de la estadística laboral no dice que el niño que necesariamente no trabajaba.
Parte del trabajo infantil puede haber aparecido indirectamente mediante: inasistencia escolar, abandono escolar o trabajo familiar.
Esta hipótesis debe comprobarse en el Censo de 1953 mediante cruces de: edad × asistencia escolar × actividad económica × relación familiar.
La historia oral familiar
La historia oral permite observar esta realidad desde abajo.
Según el testimonio transmitido por el padre del autor, él y su hermano Ernesto abandonaron la escuela aproximadamente a los nueve y diez años para comenzar a trabajar junto a su padre.
Durante la zafra trabajaban aproximadamente: de diciembre a abril.
Durante el tiempo muerto realizaban: labores ocasionales.
Este testimonio no puede utilizarse para calcular una tasa nacional.
Pero tampoco permanece ya como un relato aislado.
Una investigación nacional contemporánea reconoce expresamente la incorporación de menores al trabajo y su relación con la pérdida de escolaridad.
Por tanto: la experiencia familiar puede utilizarse como microhistoria de un fenómeno cuya existencia general está documentalmente demostrada, aunque su frecuencia nacional todavía no lo esté.
69,30 % del gasto en alimentación
La ACU preguntó también a las familias cómo distribuían sus gastos.
El gasto mensual medio registrado fue aproximadamente: 50,33 pesos.
De ellos: 69,30 % se destinaba a alimentación.
Eso significa que aproximadamente siete de cada diez pesos gastados por la familia se destinaban simplemente a comer.
Quedaba un margen reducido para ropa, medicinas, transporte, vivienda, educación, ahorro, emergencias y otros.
La investigación calculó asimismo una diferencia anual entre gastos e ingresos y consideró que podía cubrirse parcialmente mediante: deudas, remesas y otros recursos.
Esto no demuestra qué proporción correspondía específicamente al fiao.
Pero sitúa el endeudamiento como variable relevante para reconstruir la economía familiar rural.
Alimentación rural
La ACU registró también una dieta muy limitada.
Entre los alimentos declarados para el día anterior aparecían frecuencias reducidas de:
- carne: 4 %;
- pescado: menos de 1 %;
- huevos: 2,12 %;
- leche: 11,22 %.
La encuesta estimó aproximadamente 2.500 calorías diarias, frente a una necesidad que sus autores situaban alrededor de 3.500 calorías para determinadas formas de trabajo agrícola intenso.
Los propios investigadores reconocieron posibles omisiones, especialmente frutas, azúcar y otros alimentos.
Por tanto: no debemos convertir la diferencia en una medición nutricional exacta.
Pero sí podemos afirmar: la propia investigación contemporánea consideraba insuficiente la dieta de una parte importante de la población agrícola estudiada.
Salud desde la perspectiva del trabajador rural
La encuesta permite observar también el acceso sanitario desde abajo.
Entre los entrevistados: 80,76 % declaró recibir asistencia únicamente mediante médico de pago.
Solo: 8 % declaró recibir atención gratuita del Estado.
Además: aproximadamente 4 % señalaba asistencia del patrono o sindicato;
otro porcentaje reducido recurría a dispensarios privados o instituciones de beneficencia.
La propia ACU advierte que: se está hablando del trabajador de tierra adentro.
Por tanto, estas cifras no describen el acceso sanitario de toda Cuba.
Describen precisamente: la experiencia del trabajador agrícola rural estudiado.
Enfermedades y autodeclaración
La encuesta registró asimismo elevadas frecuencias declaradas de determinadas enfermedades o antecedentes sanitarios:
- 14 % que declaraba padecer o haber padecido tuberculosis;
- 13 % antecedentes de fiebre tifoidea;
- 36 % que declaraba con certeza parasitismo;
- 31 % antecedentes de paludismo.
Pero muchas de esas cifras procedían de: declaraciones, antecedentes recordados o síntomas manifestados por los entrevistados y no de diagnósticos clínicos sistemáticos realizados sobre los 1.000 casos.
Por tanto: deben considerarse indicadores sanitarios de la muestra, no tasas epidemiológicas nacionales definitivas.
Esta distinción resulta especialmente importante para enfermedades como tuberculosis, paludismo, fiebre tifoidea o parasitismo.
Agua y vivienda
La ACU señalaba que solamente alrededor del: 6 % de las viviendas estudiadas tenía suministro de agua mediante cañería.
La investigación vinculaba las deficientes condiciones sanitarias con: pozos, letrinas, ausencia de sistemas adecuados de agua y precariedad habitacional.
En cuanto a los materiales de construcción, estimaba que aproximadamente: 31,86 % de las viviendas estudiadas alcanzaba las condiciones mínimas que los propios investigadores consideraban aceptables según su criterio de materiales.
Este porcentaje depende de la definición utilizada por la ACU.
No constituye una norma universal de habitabilidad.
Pero sí proporciona: una medición contemporánea de la precariedad de una parte importante de la vivienda agrícola estudiada.
Vales: una cifra concreta en 1956–1957
La ACU proporciona también evidencia cuantitativa sobre determinados sistemas de remuneración.
Según la encuesta: en aproximadamente 6 % de los casos parte del salario se pagaba mediante vales.
Dentro de ese grupo: aproximadamente la mitad recibía el 100 % de la remuneración mediante vales.
La investigación registra también casos minoritarios de pago parcial o total mediante alimentos.
La ACU describe aquellos vales como medios de pago entregados por el patrono y utilizables dentro de tiendas asociadas a este.
Esto permite una conclusión mucho más precisa: el pago mediante vales persistía en determinados sectores del trabajo agrícola a finales de los años cincuenta, pero era minoritario dentro de la muestra estudiada.
Por tanto: existía, pero no era universal.
Ceballos: evidencia material
La evidencia numismática conserva además fichas emitidas por The Development Company of Cuba, en Ceballos.
Algunas establecen expresamente su redención en determinados días de pago.
Esto demuestra materialmente la existencia histórica de instrumentos privados de pago asociados a la empresa.
Pero por sí solo no permite determinar: duración exacta del sistema, número de trabajadores que las utilizaron, proporción del salario pagado mediante fichas, relación con el crédito y c ondiciones sociales concretas de su circulación.
Por tanto: existencia material demostrada no prueba de su extensión social.
El fiao era otra cosa
El fiao no debe confundirse con los vales.
El trabajador podía cobrar en: pesos cubanos y aun así recurrir al crédito para subsistir.
La cadena económica podía funcionar: zafra → salario → tiempo muerto → pérdida de ingreso → compra fiada → deuda → nueva zafra → pago de deuda.
Por tanto: pago en moneda nacional no significa ausencia de dependencia crediticia.
El déficit entre ingresos y gastos observado por la ACU hace económicamente plausible la utilización de deuda.
Pero no demuestra: qué porcentaje de familias utilizaba específicamente el fiao.
Su extensión, duración, sobreprecios y variaciones regionales continúan siendo problemas abiertos de investigación.
¿Servidumbre por deudas?
El concepto debe utilizarse con cautela.
No todo fiao constituye jurídicamente: servidumbre por deudas.
Para hablar de ello habría que demostrar mecanismos que restringieran efectivamente:
libertad personal;
libertad contractual;
posibilidad de cambiar de empleador;
capacidad de abandonar la deuda.
La formulación prudente continúa siendo:
mecanismos de dependencia económica que, bajo determinadas condiciones, podían adquirir rasgos de servidumbre por deudas.
La emigración no comenzó en 1959
Lamrani, utilizando estadísticas oficiales estadounidenses, calcula aproximadamente: 46.694 emigrantes cubanos hacia Estados Unidos entre 1950 y 1958.
Esto demuestra que: la emigración cubana antecede a la Revolución.
No demuestra automáticamente: pobreza extrema.
Un emigrante podía buscar: mejores salarios, movilidad social, oportunidades empresariales, progreso profesional, reunificación familiar, estabilidad, salida política.
Por tanto: emigración, no es demostración automática de miseria.
Pero cualquier descripción de una sociedad extraordinariamente próspera debe ser capaz de explicar también: por qué decenas de miles de sus habitantes decidían marcharse.
Cuba exportaba mucho
Las estadísticas del Banco Nacional muestran una economía fuertemente integrada al comercio internacional.
| Años | Exportaciones millones de pesos | Importaciones millones de pesos | Saldo de mercancías |
| 1950 | 657,0 | 562,9 | +94,1 |
| 1951 | 789,6 | 697,8 | +91,8 |
| 1952 | 683,0 | 690,0 | -7,0 |
| 1953 | 659,4 | 546,7 | +112,7 |
| 1954 | 562,5 | 554,9 | +7,6 |
| 1955 | 610,8 | 575,1 | +35,7 |
| 1956 | 694,5 | 649,0 | +45,5 |
| 1957 | 844,7 | 813,2 | +31,5 |
| 1958 | 763,3 | 807,5 | -44,3 |
Cifras en millones de pesos. Banco Nacional de Cuba, Memoria 1958–1959, pp. 183–184.
El saldo acumulado fue: +367,6 millones de pesos.
Por tanto: no puede explicarse la dependencia cubana afirmando simplemente que Cuba importaba más mercancías de las que exportaba.
Durante el conjunto de 1950–1958 ocurrió lo contrario.
El superávit de mercancías no bastaba
La situación cambia cuando abrimos la cuenta corriente.
La Memoria 1958–1959 del Banco Nacional permite reconstruir:
| Componente 1950–1958 | Saldo acumulado en millones de pesos |
| Mercancías | + 367,6 |
| Servicios | - 422,9 |
| Rentas/Ingresos | - 451,7 |
| Transferencias | - 24,2 |
| Cuentas corrientes | ≈- 531,1 |
Cifras en millones de pesos. Banco Nacional de Cuba, Memoria 1958–1959, pp. 183–184.
La suma de los componentes redondeados produce −531,2; la suma de los saldos anuales publicados produce aproximadamente −531,1.
La aparente paradoja queda resuelta: Cuba acumuló superávit de mercancías y simultáneamente un fuerte déficit corriente.
Los saldos negativos acumulados de servicios + rentas + transferencias sumaron aproximadamente: 898,8 millones de pesos.
La partida negativa más importante fue: rentas: −451,7 millones.
Saldo neto no significa dinero bruto que salió
Este punto debe quedar absolutamente claro.
No podemos escribir:
“Cuba remitió 451,7 millones de utilidades”.
Los −451,7 millones constituyen un: saldo neto.
Conceptualmente:
(Rentas\ netas= rentas\ recibidas\ del\ exterior-rentas\ pagadas\ al\ exterior)
Por tanto: saldo negativo se diferencia del flujo bruto de salida.
Además, esa partida no puede identificarse automáticamente como: utilidades estadounidenses.
Puede incluir, según la clasificación empleada: dividendos, beneficios de sucursales, intereses y otras rentas financieras, menos: rentas obtenidas en el exterior por residentes cubanos.
| Año | Saldo neto en millones de pesos |
| 1950 | - 66,1 |
| 1951 | - 68,2 |
| 1952 | - 52,5 |
| 1953 | - 27,7 |
| 1954 | - 32,2 |
| 1955 | - 40,9 |
| 1956 | - 50,6 |
| 1957 | - 65,6 |
| 1957 | - 47,0 |
| 1958 |
| Total | 451,7 |
La pregunta histórica puede formularse ahora mucho mejor:
¿qué parte correspondía a dividendos, beneficios de sucursales, intereses y otras rentas, y qué proporción terminó específicamente en Estados Unidos?
No debemos mezclar series incompatibles
Las estadísticas de comercio y balanza de pagos presentan diferencias entre distintas publicaciones.
Las importaciones cubanas de 1958, por ejemplo, no poseen un único valor idéntico en todas las series.
Eso puede depender de: FOB frente a CIF, estadísticas aduaneras frente a balanza de pagos, momento del registro, ajustes, cobertura y revisiones.
Por ello: el numerador y denominador deben proceder, siempre que sea posible, de una misma serie.
No debemos construir un porcentaje combinando: una cifra bilateral estadounidense
con:
un total cubano construido mediante otra metodología sin explicarlo.
Estados Unidos: socio dominante
Estados Unidos era simultáneamente: principal comprador, principal proveedor, importante fuente de capital, fuente de tecnología, fuente de crédito y mercado fundamental del azúcar.
La relación ofrecía oportunidades.
Pero concentraba también: riesgo.
Interdependencia sí; simetría no
Para 1958, las estadísticas estadounidenses sitúan aproximadamente:
- exportaciones totales de Estados Unidos: 17.697 millones de dólares;
- exportaciones estadounidenses hacia Cuba: 543 millones;
- importaciones totales de Estados Unidos: 12.914 millones;
- importaciones estadounidenses procedentes de Cuba: 518 millones.
Por tanto, Cuba representaba aproximadamente: 3,07 % de las exportaciones estadounidenses y 4,01 % de sus importaciones.
Desde la perspectiva cubana, en cambio, Estados Unidos concentraba aproximadamente dos tercios de grandes componentes del comercio exterior cubano, aunque el porcentaje concreto de importaciones varía según la serie estadística seleccionada.
No debemos fingir una precisión que todavía no tenemos.
Pero el orden de magnitud resulta claro: la importancia relativa de Estados Unidos para Cuba era muy superior a la importancia relativa de Cuba para Estados Unidos.
Esto puede y debe denominarse: dependencia estructural.
Cuba era un mercado significativo para determinados: estados, puertos, industrias, empresas, productos estadounidenses.
Pero Estados Unidos disponía de una economía mucho mayor y de una red comercial internacional mucho más diversificada.
Por tanto: dependencia estructural sí; capacidad de sustitución equivalente, no.
Concentración de dependencia
Podemos representar conceptualmente la exposición mediante, el índice de concentración comercial respecto al socio principal.
D(%)=Cp/CT×100
- = grado de dependencia comercial
- = comercio con el socio principal
- = comercio exterior total
Cuanto mayor sea D, mayor será, en términos generales, la vulnerabilidad inmediata ante una ruptura del vínculo.
La dependencia económica debe medirse entonces no solamente por: volumen absoluto sino también por concentración.
El capital estadounidense: podemos comenzar a medirlo
El estudio especial publicado en enero de 1957 por el U.S. Department of Commerce, Office of Business Economics, elaborado por Samuel Pizer y Frederick Cutler, permite analizar con mayor precisión la actividad de las empresas estadounidenses en América Latina.
La encuesta incluyó unas 300 matrices y cerca de 1.000 subsidiarias y sucursales latinoamericanas.
Las empresas participantes representaban aproximadamente: 85 % de los activos de las empresas estadounidenses en América Latina y una proporción igualmente elevada de sus ganancias.
En Cuba había más de cien empresas dentro de la muestra.
Pero los propios autores advierten: los datos corresponden solamente a las compañías participantes y no fueron extrapolados al universo total.
Cuba, 1955: beneficio, capital y remesa
La tabla 14 del estudio proporciona para las empresas cubanas cubiertas —excluyendo comercio y servicios— aproximadamente:
| Concepto | Millones de dólares |
| Fuentes totales de fondos | 69 |
| Beneficio neto | 21 |
| Fondos netos suministrados desde EE. UU. | 28 |
| Aumento de pasivos con otros | 5 |
| Depreciación y retiro de activos | 15 |
| Usos totales | 69 |
| Planta y equipos | 2 |
| Aumento de inventarios | 2 |
| Otros activos corrientes | 16 |
| Otros/no identificados | 9 |
| Dividendos y beneficios remitidos | 10 |
Fuente: Pizer y Cutler, Survey of Current Business, enero de 1957, tabla 14.
La cobertura parcial de la encuesta debe acompañar siempre estas cifras.
Beneficio generado no significa beneficio remitido
Tenemos: beneficio neto: 21 millones frente a dividendos y beneficios remitidos: 10 millones.
La diferencia simple es: ≈11 millones.
Pero no debemos denominar esos 11 millones automáticamente: reinversión.
La expresión correcta es: [ Beneficio\ no\ remitido= beneficio\ generado-beneficio\ remitido ]
Su identificación posterior como: reinversión efectiva y requiere comprobar, qué destino contable recibieron esos fondos.
Esta distinción elimina una ambigüedad importante.
También entraba capital
La misma tabla registra: 28 millones de dólares de fondos netos procedentes de fuentes estadounidenses.
Esto impide representar la relación financiera mediante una sola flecha: Cuba → Estados Unidos.
Existían simultáneamente: entradas de capital y salidas de beneficios.
La pregunta correcta pasa a ser:
¿cuál fue el balance neto durante un período suficientemente largo?
La inversión física
La misma encuesta registra aproximadamente: 32 millones de dólares destinados a planta y equipos por las empresas cubanas comprendidas en la tabla.
Por tanto la remesa de beneficios se diferencia ausencia de inversión.
La investigación debe medir ambos flujos.
451 millones de pagos locales
La tabla 8 del mismo estudio ofrece otra cifra importante.
Las compañías estadounidenses participantes realizaron dentro de Cuba aproximadamente: 451 millones de dólares en pagos locales durante 1955.
Dentro de ellos: 129 millones correspondieron a salarios y otras remuneraciones a empleados.
Fuente: Pizer y Cutler, Survey of Current Business, enero de 1957, tabla 8.
Los 451 millones no constituyen: capital enviado desde Estados Unidos ni tampoco beneficio neto para Cuba.
“Pagos locales” agrupa distintas operaciones económicas.
Por eso, mientras no reproduzcamos y comprobemos todas las categorías de la tabla, utilizaremos únicamente las magnitudes cuya identificación conocemos con seguridad: pagos locales totales: 451 millones y salarios/remuneraciones: 129 millones.
“Extracción” debe convertirse en una variable medible
No basta con sumar dividendos. Necesitamos distinguir:
Beneficio generado [B]
Beneficio remitido [ R]
Beneficio no remitido [B-R]
sin identificarlo automáticamente con reinversión.
Nuevas entradas financieras [ K_{in} ]
Repatriaciones y otras salidas de capital [ K_{out} ]
Una aproximación analítica futura a la transferencia financiera neta podría expresarse como: [ TFN=R+K_{out}-K_{in} ] donde, por convención:
TFN > 0 significa transferencia financiera neta desde Cuba hacia el exterior.
TFN < 0 significa entrada financiera neta hacia Cuba.
Una versión más desarrollada deberá separar: [ TFN= beneficios\ remitidos +intereses +repatriaciones +amortizaciones\ netas -nueva\ inversión -nuevos\ préstamos ] siempre que todas las categorías se construyan mediante metodologías compatibles.
Los salarios, impuestos y compras locales deben analizarse en otra dimensión.
No pueden restarse mecánicamente de las remesas porque pertenecen a categorías económicas diferentes.
La hipótesis permanece abierta
Los −451,7 millones de rentas netas identifican el lugar contable donde debería manifestarse una parte importante de los rendimientos asociados al capital extranjero.
Pero demostrar la “extracción estadounidense” se requiere abrir la partida por concepto, por país receptor, separar beneficio generado de beneficio remitido, separar capital nuevo de repatriaciones, distinguir préstamos y amortizaciones y utilizar series compatibles.
Solo entonces podremos convertir la hipótesis en medición.
De la riqueza al bienestar: el presupuesto
Una economía relativamente rica puede producir resultados sociales muy diferentes dependiendo de: recaudación → presupuesto → administración → ejecución → distribución territorial.
Por tanto debemos estudiar:
- Educación;
- Salud;
- Vivienda;
- Agua y saneamiento;
- Obras Públicas;
- Agricultura;
- Trabajo y previsión social;
y compararlas con:
- Gobernación;
- Defensa;
- administración;
- deuda pública.
Educación pública gratuita
La Constitución de 1940 establecía importantes garantías de gratuidad en la enseñanza pública.
Negarlo sería incorrecto.
Pero:
gratuidad jurídica no equivale a acceso efectivo universal.
La gratuidad elimina: el precio directo de matrícula.
No elimina necesariamente: distancia, falta de escuela, falta de transporte, pobreza,
trabajo infantil, desigualdad territorial.
88,389 millones presupuestados para Educación
Un documento oficial del Ministerio de Educación publicado en 1960 e informado expresamente sobre el período 1958–1959 señala:
Presupuesto total de educación: 88.389.450 pesos.
Dentro de él: enseñanza primaria: 65.099.741 pesos.
La formulación correcta, mientras no aparezca la ley presupuestaria original y su liquidación, es: la fuente oficial de 1960 informa que para 1958–1959 se presupuestaron o asignaron aproximadamente 88,4 millones de pesos a educación.
No debemos afirmar todavía: “el Estado gastó efectivamente 88,4 millones”.
Porque el presupuesto asignado difiere de presupuesto ejecutado.
La cifra, sin embargo, impide afirmar simplemente: “la República casi no destinaba recursos a educación”.
La pregunta pasa a ser: ¿cómo se distribuían, administraban y ejecutaban esos recursos?
Presupuesto y cobertura podían divergir
El mismo documento informa para 1958–1959 aproximadamente: 24 142 maestros de primaria, 1 515 inspectores escolares, aproximadamente 600.000 jóvenes de 15–19 años y alrededor de 90.000 dentro de enseñanza secundaria o profesional media.
Por tanto el presupuesto elevado no significa cobertura universal, ni presupuesto aprobado conlleva a resultado social automático.
Fidel y la educación rural, ahora con cifras independientes
Fidel afirmó que menos de la mitad de los niños campesinos en edad escolar asistía a las escuelas públicas.
La ACU no midió exactamente esa misma variable. Pero encontró: 43 % de analfabetismo entre trabajadores agrícolas y 44 % que nunca había asistido a la escuela. Además, identificó expresamente escasez de aulas, mala distribución de maestros, distancia y trabajo infantil como factores relacionados con aquella situación.
Por tanto la denuncia de una profunda exclusión educativa rural es compatible con una fuente contemporánea independiente.
No obstante no significa “la cifra exacta de Fidel quedó demostrada”, pero señala que el fenómeno social denunciado está independientemente documentado.
Salud: muchos médicos, acceso desigual
Antes de 1959 coexistían hospitales públicos, mutualidades, beneficencia, clínicas y médicos privados. La atención gratuita existía pero no constituía todavía en sistema nacional universal que garantizara gratuitamente toda la atención sanitaria a todos los ciudadanos.
La estructura era salud pública, mutualismo, beneficencia y medicina privada.
Más del 60 % de los médicos en La Habana
La CIDH recoge documentación histórica según la cual más del 60 % de los médicos cubanos en 1958 vivían y trabajaban en La Habana. La misma documentación señala una fuerte concentración de camas hospitalarias en la capital, por tanto el dato de médicos per cápita nacionales no expresa médicos territorialmente accesibles.
Una elevada proporción nacional de médicos podía coexistir con zonas rurales con acceso sanitario extremadamente limitado.
La propia ACU confirma el problema desde abajo
La ACU encontró entre los trabajadores estudiados 80,76 % atendido únicamente mediante médicos de pago frente a 8 % que declaraba recibir atención estatal gratuita. La coincidencia entre concentración territorial de servicios y dificultad de acceso rural refuerza la interpretación. Pero incluso estas estadística dejan fuera a una masa rural enajenada del sistema sanitario, que nunca se contabilizo.
El parasitismo infantil
Fidel denunció aproximadamente 90 % de parasitismo entre los niños campesinos. El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento informó en 1951 que entre 80 % y 90 % de los niños de áreas rurales cubanas padecían parasitosis intestinal. Una investigación nacional de 1959 encontró posteriormente que 86,54 % en zonas rurales, padecía de ese flagelo.
Esta constituye una de las comprobaciones más fuertes de todo el artículo:
- Fidel 1953: ≈90 %.
- BIRF 1951: 80–90 %.
- Investigación nacional 1959: 86,54 %.
Esto no demuestra que todas las cifras de La Historia me absolverá sean exactamente correctas, pero sus denuncias aparentemente extremas se encontraban dentro del mismo orden de magnitud que fuentes independientes.
Presupuesto sanitario
La CIDH reproduce para 1958 una cifra de aproximadamente 22 millones de pesos para salud pública, lo que equivalente a aproximadamente a 3,25–3,30 pesos por habitante.
Mientras no aparezca la fuente fiscal republicana primaria, la formulación correcta será: las fuentes retrospectivas consultadas informan de aproximadamente 22 millones de pesos presupuestados o asignados a salud pública en 1958, pero no significa que “se ejecutaron 22 millones”.
La liquidación presupuestaria continúa pendiente.
Salud y educación no pueden compararse mecánicamente
Tenemos:
Educación: ≈88,4 millones presupuestados/asignados.
Salud pública: ≈22 millones según fuentes retrospectivas.
No significa automáticamente que “el Estado valoraba cuatro veces más la educación”, porque las estructuras institucionales eran distintas.
En salud coexistían: Estado, mutualidades, beneficencia, pagos privados y clínicas.
Por tanto: el presupuesto sanitario estatal no significa gasto sanitario total de la sociedad.
La Habana no era Cuba
Cuando agrupamos salarios, empleo, médicos, hospitales, educación, banca, electricidad, servicios y aparece una constante: la modernización estaba altay territorialmente concentrada.
Eso no hace falsa la imagen de La Habana moderna. La ciudad moderna existía. El problema comienza cuando: La Habana se convierte y es presentada en representación estadística y visual de toda Cuba.
Esperanza de vida y subregistro
Las reconstrucciones modernas sitúan la esperanza de vida cubana de mediados de los años cincuenta en niveles relativamente favorables dentro de América Latina. Pero McGuire ha señalado problemas importantes de cobertura de los registros.
Para 1947–1949, reconstrucciones apoyadas en censos estimaron que solamente aproximadamente 57 % de todas las defunciones y el 36 % de las muertes de menores de cinco años habían quedado adecuadamente recogidas en determinados registros.
No debemos trasladar mecánicamente esos porcentajes a 1958, pero sí reconocer que la estadística de mortalidad prerrevolucionaria sufría problemas importantes de subregistro.
Ni 56 ni 62 deben convertirse en dogma
Reconocer problemas de registro no autoriza a escoger arbitrariamente una esperanza de vida, por lo cual no podemos afirmar que “62 es propaganda” ni que “56 es necesariamente la cifra verdadera”.
Debemos evaluar cada reconstrucción por: cobertura, método, población, períodoy supuestos utilizados. Mientras no construyamos una estimación propia corregida, lo correcto es presentar el rango de reconstrucciones y explicar sus limitaciones.
Mortalidad infantil
La mortalidad infantil está aún más expuesta a nacimiento no registrado, muerte antes de inscripción, falta de certificación y población rural distante de instituciones.
Por tanto: la mortalidad infantil registrada no es igual mortalidad infantil real perfectamente conocida. Esto no permite escoger una cifra arbitrariamente alta, sino obliga simplemente a incorporar el problema del subregistro a la interpretación.
La Cuba estadística y la Cuba invisible
La población mejor conectada con escuelas, hospitales, registros civiles, empleo formal e instituciones tenía también mayor probabilidad de aparecer correctamente en las estadísticas.
La población rural podía ser menos atendid y simultáneamente menos registrada.
El trabajo infantil añade una tercera dimensión: menos visible estadísticamente.
Esto obliga a utilizar las cifras con especial cautela allí donde la precariedad social y la precariedad estadística podían superponerse.
Protección social: existencia no significa cobertura universal
La República había desarrollado legislación laboral, jubilaciones, pensiones, mutualidades, sindicatos y determinados seguros sectoriales. Esto debe reconocerse, pero: institucionalidad existente no es lo mismo que población totalmente cubierta.
Una investigación específica deberá reconstruir: trabajadores protegidos, trabajadores excluidos, cotizaciones, prestaciones cobertura territorial y cobertura sectorial.
Crimen organizado y economía
La presencia del crimen organizado estadounidense en determinados negocios cubanos está históricamente documentada. Pero debemos separar empresa estadounidenses de empresas mafiosas.
No toda inversión estadounidense era mafiosa, ni ser propietario del hotel no significaba ser propietario del casino, ni tampoco operador del casino.
Existe evidencia considerable sobre juego, casinos, determinadas actividades turísticas, contrabando, narcotráfico y redes de corrupción.
La extensión hacia otros sectores exige investigación específica.
La metodología deberá reconstruir: empresa → accionistas → matrices → socios → acreedores → bancos → intermediarios → beneficiarios finales.
Por tanto la posibilidad no constituye prueba, pero ausencia actual de evidencia tampoco demuestra inexistencia.
Conclusiones
La Cuba anterior a 1959 no puede reducirse ni a la imagen de una sociedad próspera y moderna ni a la de un país dominado exclusivamente por la pobreza. Ambas realidades coexistían. Cuba poseía una capacidad económica considerable, infraestructura, comercio exterior, banca, profesionales y servicios públicos, pero esa modernización estaba distribuida de manera profundamente desigual entre territorios y grupos sociales.
La encuesta de la ACU permite observar una parte de esa desigualdad que desaparece en los promedios nacionales. Entre los trabajadores agrícolas entrevistados aparecen ingresos familiares reducidos, aproximadamente seis meses de trabajo anual, fuerte concentración del gasto en alimentos, analfabetismo, exclusión educativa y dificultades de acceso a la atención médica. Estos datos no describen a toda Cuba, sino específicamente a la población investigada, y deben interpretarse dentro de ese universo.
El mismo rigor debe aplicarse a la relación económica con Estados Unidos. La elevada concentración comercial y la importancia del capital estadounidense muestran una dependencia estructural asimétrica, pero no permiten identificar automáticamente todo saldo negativo exterior con extracción estadounidense. Es necesario distinguir entre beneficios generados, remitidos, reinvertidos, entradas de capital y otros flujos financieros.
Las fuentes examinadas muestran además correspondencias importantes entre algunos problemas denunciados por Fidel Castro en 1953 y estadísticas independientes posteriores, especialmente en materia de desempleo, estacionalidad laboral, parasitismo y exclusión educativa rural. Esto no convierte sus afirmaciones en verdades estadísticas automáticas, pero tampoco permite descartarlas simplemente como propaganda.
La cuestión central, por tanto, no es determinar si la Cuba republicana era simplemente «rica» o «pobre», sino comprender cómo se producía la riqueza, quién la generaba, quién la controlaba, cómo se distribuía y qué parte de la población podía acceder efectivamente a sus beneficios.
Ese criterio —fuente, universo, indicador y comparación— permite aproximarnos con mayor precisión a cómo funcionaba realmente la sociedad cubana que llegó a enero de 1959.
Glosario de términos clave:
Alfabetización:
Capacidad de leer y escribir según los criterios estadísticos utilizados en cada período.
Balanza comercial:
Diferencia entre exportaciones e importaciones de mercancías.
Balanza de pagos:
Registro de las transacciones económicas entre residentes de un país y el exterior.
Beneficio generado:
Resultado empresarial obtenido durante un período antes de determinar cuánto será distribuido, retenido o reinvertido.
Beneficio no remitido:
Diferencia entre beneficio generado y beneficio efectivamente remitido al exterior. No equivale automáticamente a reinversión.
Capital extranjero:
Recursos y activos pertenecientes a personas o entidades extranjeras invertidos dentro de una economía.
Cobertura efectiva:
Proporción de la población que realmente puede utilizar un servicio existente.
Concentración comercial:
Proporción del comercio exterior vinculada a uno o varios socios determinados.
Cuenta corriente:
Componente de la balanza de pagos que registra mercancías, servicios, rentas o ingresos y transferencias corrientes.
Dependencia estructural:
Situación en la cual una economía depende desproporcionadamente de determinados productos, mercados, tecnologías, proveedores o fuentes de capital.
Desempleo estacional:
Pérdida recurrente de empleo asociada a actividades que requieren trabajadores solamente durante determinadas épocas del año.
Desempleo estructural:
Desempleo relacionado con características persistentes de la estructura económica.
Emigración:
Salida de personas de un país para establecerse temporal o permanentemente en otro.
Fiar:
Entregar bienes o prestar servicios bajo compromiso de pago posterior.
Fiao:
Forma coloquial cubana de fiado.
Ficha empresarial:
Instrumento privado emitido por una empresa para representar valor dentro de un circuito económico limitado.
Fuerza laboral:
Población ocupada y desempleada disponible para trabajar según la definición estadística utilizada.
Ingreso anual efectivo:
Ingreso realmente obtenido durante el año considerando días trabajados, estacionalidad y otras fuentes de ingreso.
Ingreso familiar:
Suma de los recursos obtenidos por los miembros del hogar y otras fuentes incluidas en la metodología utilizada.
Ingreso per cápita:
Ingreso agregado dividido entre la población.
Interdependencia asimétrica:
Relación donde ambas partes dependen mutuamente, pero una posee mayor capacidad para sustituir el vínculo o resistir su interrupción.
Renta de inversión:
Rendimiento derivado de activos financieros o inversiones, incluyendo según la clasificación utilizada dividendos, beneficios e intereses.
Remesa de beneficios:
Beneficio empresarial transferido desde el país donde fue generado hacia propietarios o matrices en el exterior.
Saldo neto:
Diferencia entre entradas y salidas de una categoría; no equivale al volumen bruto de ninguno de los dos flujos.
Subempleo:
Empleo inferior a la disponibilidad o necesidad laboral de la persona según la definición estadística utilizada.
Subregistro:
Acontecimientos reales que no aparecen adecuadamente en registros oficiales.
Tiempo muerto:
Período de baja actividad azucarera entre zafras durante el cual gran cantidad de trabajadores quedaba sin empleo regular.
Trabajo familiar no remunerado:
Actividad productiva realizada para una unidad económica familiar sin recibir salario monetario directo.
Transferencia financiera neta:
Construcción analítica destinada a comparar determinados flujos financieros hacia y desde el exterior. Su definición concreta debe especificarse en cada cálculo.
Tienda de raya:
Establecimiento históricamente asociado a haciendas, ingenios o empresas donde podían utilizarse crédito, fichas o vales.
Vale empresarial:
Documento privado emitido por una empresa como representación de valor o derecho de compra.
Zafra:
Período anual de cosecha y procesamiento de la caña de azúcar.
Fuentes contemporáneas y primarias:
Agrupación Católica Universitaria. (1956–1957). Encuesta de los trabajadores rurales 1956–57. Reproducida en Revista Cubana de Salud Pública, 40(3), 226–246.https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=51414
Banco Nacional de Cuba. (1959). Memoria 1958–1959. La Habana. Especialmente pp. 183–184.
Castro Ruz, F. (1954). La Historia me absolverá. https://libreria.clacso.org/biblioteca_cuba_en_revolucion/publicacion.php?b=18&p=1742
Constitución de la República de Cuba. (1940). https://sociedadcivilcuba.org/archivo/constitucional/wp-content/uploads/2018/07/1940.pdf
General Agreement on Tariffs and Trade. (1957). Cuban Tariff Reform: Communication from the Government of Cuba (L/737). https://www.wto.org/gatt_docs/English/SULPDF/90710056.pdf
General Agreement on Tariffs and Trade. (1957). Cuban Tariff Reform (L/737/Add.1). https://www.wto.org/Gatt_docs/English/SULPDF/90710057.pdf
General Agreement on Tariffs and Trade. (1957). Cuban Tariff Reform (W.12/46). https://www.wto.org/gatt_docs/English/SULPDF/91860410.pdf
International Bank for Reconstruction and Development. (1951). Report on Cuba: Findings and Recommendations of an Economic and Technical Mission Organized by the International Bank for Reconstruction and Development in Collaboration with the Government of Cuba in 1950. Baltimore: Johns Hopkins Press. https://books.google.com/books/about/Report_on_Cuba.html?id=8IE3AAAAIAAJ
República de Cuba, Oficina Nacional de los Censos Demográfico y Electoral. (1955). Censos de población, viviendas y electoral, enero 28 de 1953. La Habana. https://books.google.com/books/about/Censos_de_poblaci%C3%B3n_viviendas_y_elector.html?id=IJlQAAAAMAAJ
Pizer, S., & Cutler, F. (1957). “The Role of U.S. Investments in the Latin American Economy.” Survey of Current Business, January 1957. U.S. Department of Commerce, Office of Business Economics. https://fraser.stlouisfed.org/title/survey-current-business-46/january-1957-9569/fulltext
Fuentes institucionales posteriores:
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Hart Dávalos, A. (1960). Mensaje educacional al pueblo de Cuba. La Habana: Ministerio de Educación. https://patrialibros.org/book/1023
United States Congress. (1976). U.S. Trade Embargo of Cuba: Hearings Before the Subcommittees on International Trade and Commerce and International Organizations. Washington, D.C.: U.S. Government Printing Office.
Reconstrucciones e historiografía:
Alvarez, J. (2004). Cuban Agriculture Before 1959: The Social Situation. University of Florida, IFAS Extension. https://edis.ifas.ufl.edu/publication/FE480/pdf
Deininger, K., & Squire, L. (1996). “A New Data Set Measuring Income Inequality.” The World Bank Economic Review, 10(3), 565–591. https://documents.worldbank.org/curated/en/751161468347338016/pdf/771240JRN0WBER0Box0377291B00PUBLIC0.pdf
Lamrani, S. (2021). “La emigración cubana hacia los Estados Unidos de 1860 a 2019: un análisis estadístico y comparativo.” Études caribéennes. https://journals.openedition.org/etudescaribeennes/21355
McGuire, J. W., & Frankel, L. B. (2005). “Mortality Decline in Cuba, 1900–1959: Patterns, Comparisons, and Causes.” Latin American Research Review, 40(2), 83–116. https://doi.org/10.1353/lar.2005.0025
Pérez-López, J. F. (2000). “Cuba’s Balance of Payments Statistics.” Cuba in Transition, 10. https://www.ascecubadatabase.org/wp-content/uploads/2014/09/v10-perezlopez.pdf
Santamaría García, A. (2022). “Trabajo en la agroindustria cañera cubana, 1898–1914: estrategias para aumentar la producción con escasez de mano de obra.” Historia Agraria, 86, 171–206. https://doi.org/10.26882/histagrar.086e01s https://www.historiaagraria.com/FILE/articulos/RHA86-santamaria.pdf
Ward, M., & Devereux, J. (2012). “The Road Not Taken: Pre-Revolutionary Cuban Living Standards in Comparative Perspective.” The Journal of Economic History, 72(1), 104–132. https://doi.org/10.1017/S0022050711002452
Devereux, J. (2021). “The Absolution of History: Cuban Living Standards after 60 Years of Revolutionary Rule.” Revista de Historia Económica / Journal of Iberian and Latin American Economic History, 39(1). https://doi.org/10.1017/S0212610920000233
Evidencia material complementaria:
The Development Company of Cuba, Ceballos. Fichas empresariales conservadas con referencias explícitas a condiciones de redención en días de pago. https://www.cubacollectibles.com/cuba-token-development-company-cuba.html
Estas piezas se utilizan únicamente como evidencia de existencia y no como medición de extensión social.
Sobre el Autor
Henrik Hernandez es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano. Sus líneas de trabajo abarcan la teoría de la Plusdirección, la resiliencia nacional, la soberanía económica, la geopolítica y el análisis de sistemas complejos. Ha desarrollado un enfoque interdisciplinario orientado a comprender las transformaciones del poder en el siglo XXI y su aplicación a los desafíos contemporáneos de Cuba.
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