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¿Es posible una sociedad igualitaria hoy? Del comunalismo primitivo a la superación de la plusdirección

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

Pregunta principal

¿Puede existir una sociedad verdaderamente igualitaria en condiciones modernas sin renunciar al excedente, la complejidad técnica y la organización a gran escala?

Respuesta directa

Sí, pero no como retorno al pasado. Una sociedad igualitaria en el presente solo es posible si logra socializar la dirección del excedente (plusdirección) mediante mecanismos institucionales que impidan su concentración estructural, manteniendo al mismo tiempo la eficiencia organizativa, la competencia técnica y la viabilidad geopolítica.

Introducción

Durante la mayor parte de su existencia, la humanidad vivió en estructuras sociales sin jerarquías permanentes. Sin embargo, la Revolución Neolítica introdujo una transformación decisiva: la producción sistemática de excedentes. Este cambio no solo modificó la economía, sino que alteró la forma misma en que las sociedades se organizan.

Este artículo parte de una tesis central: la desigualdad estructural no se origina únicamente en la propiedad, sino en la concentración de la dirección del excedente. Este fenómeno, conceptualizado como plusdirección, permite explicar la persistencia de élites en sistemas sociales diversos, incluyendo aquellos que abolieron formalmente la propiedad privada.

En continuidad con el ensayo “La plusdirección: origen de la dominación y límite del socialismo aislado” (Hernández, 2025), donde se analiza su origen histórico, aquí se aborda una cuestión complementaria: cómo podría superarse en condiciones contemporáneas.

El comunalismo primitivo y sus límites materiales

Las sociedades cazadoras-recolectoras se caracterizaron por una relativa igualdad social, determinada por condiciones materiales específicas. La ausencia de excedente acumulable, la movilidad constante y la distribución directa de recursos impedían la formación de estructuras permanentes de dominación.

Esta igualdad no era el resultado de una construcción consciente, sino de una limitación estructural: sin excedente, no puede existir su control centralizado. Por tanto, no puede hablarse de un modelo replicable en sociedades complejas, sino de una condición histórica irrepetible.

La Revolución Neolítica y la emergencia de la plusdirección

La transición hacia la agricultura introdujo la producción y almacenamiento de excedentes, lo que hizo necesaria su gestión. Esta función organizativa dio lugar a una separación progresiva entre quienes producían y quienes administraban.

Aquí emerge la plusdirección como fenómeno histórico fundamental: la dirección vertical del excedente, que al concentrarse en una minoría especializada genera jerarquías sociales. Este proceso antecede tanto a la propiedad privada como al Estado, lo que sugiere que la dominación organizativa es más profunda que la dominación económica formal.

Marco teórico: la plusdirección como categoría analítica

La plusdirección puede definirse como una función organizativa de control sobre la asignación y uso del excedente social cuya concentración estable genera asimetrías decisionales estructurales. Esta categoría permite reinterpretar la historia social más allá de la propiedad, enfocándose en la relación entre organización y poder.

Tal como se desarrolla en (Hernández, 2025), esta función explica por qué sistemas distintos pueden reproducir estructuras similares de dominación. La clave no está en quién posee, sino en quién decide.

La reproducción estructural del poder: la “caja negra” de la plusdirección

La persistencia de la plusdirección no depende exclusivamente de leyes o formas de propiedad, sino de mecanismos operativos que tienden a reproducirse en sistemas complejos. Entre ellos destacan la asimetría informacional, el control del conocimiento técnico, la inercia institucional y la dependencia funcional del sistema respecto a sus gestores.

En este sentido, la dominación moderna se desplaza del control directo de los recursos hacia el control de los procesos que los organizan.

Operacionalización: mecanismos para socializar la plusdirección

La superación de la plusdirección no puede basarse en principios abstractos, sino en diseños institucionales concretos. Entre ellos se encuentran la transparencia en tiempo real de los flujos del excedente, la combinación de dirección técnica con control social, la rotación de funciones directivas, la selección por sorteo de determinados cargos de supervisión y el uso de algoritmos auditables públicamente.

Un elemento decisivo es la educación. Como afirmó José Martí, “ser cultos para ser libres”. En condiciones contemporáneas, esto implica la alfabetización generalizada en gobernabilidad, contabilidad social y comprensión de los procesos económicos.

Sin esta base cognitiva, toda participación es ilusoria. La ignorancia estructural actúa como uno de los principales mecanismos de reproducción de la plusdirección.

El problema de la escala y la complejidad técnica

Una sociedad moderna no puede prescindir de la especialización. Por ello, la solución no radica en eliminar la dirección, sino en transformar su naturaleza. La dirección debe ser distribuida y controlada, no concentrada.

Esto implica un modelo multinivel donde diferentes escalas de decisión operen de forma articulada sin que ninguna concentre la totalidad del excedente. En este contexto, se establece una distinción fundamental: la competencia técnica no debe confundirse con el poder político.

Decisión en tiempo crítico: control social bajo condiciones de urgencia

Uno de los desafíos centrales en la socialización de la plusdirección es la velocidad de la toma de decisiones en situaciones críticas. Sistemas complejos como redes eléctricas, sistemas de salud o mercados financieros requieren respuestas en escalas temporales que no son compatibles con procesos deliberativos amplios.

Este problema no puede resolverse negando la necesidad de decisión rápida, sino redefiniendo su marco institucional. En este sentido, puede plantearse un principio operativo:

La excepcionalidad decisional debe existir, pero siempre bajo condiciones de reversibilidad, trazabilidad y control posterior.

Esto implica: delegación temporal de funciones en equipos técnicos, registro transparente de decisiones, evaluación pública posterior obligatoria y capacidad de revocación estructural. 

El riesgo no reside en la rapidez de la decisión, sino en su institucionalización permanente sin control social.

El límite estructural: el socialismo aislado

Tal como se argumenta en (Hernández, 2025), la plusdirección no puede eliminarse completamente bajo condiciones de aislamiento, escasez o presión externa. En estos contextos, la centralización del excedente se convierte en una necesidad de supervivencia.

Este principio explica la reproducción de jerarquías en las experiencias socialistas del siglo XX. La aparición de lo que puede denominarse burguesía funcional —una élite administrativa basada en el control organizativo y no en la propiedad— confirma que la dominación puede persistir bajo formas no propietarias.

Condiciones geopolíticas de viabilidad

La socialización de la plusdirección no es únicamente un problema interno. Una sociedad que intente transformar su estructura organizativa enfrentará presiones externas que tienden a reforzar la centralización.

Por ello, su viabilidad depende de condiciones como la autonomía productiva, la capacidad de articulación internacional y la reducción de la vulnerabilidad estructural frente a actores externos.

Transición estructural: de la concentración a la distribución de la plusdirección

La socialización de la plusdirección no puede realizarse de forma instantánea ni homogénea. Requiere un proceso gradual que combine transformación interna y adaptación externa.

En un entorno global hostil, una transición abrupta podría provocar desestabilización económica, fuga de recursos y pérdida de capacidades organizativas. Por ello, la transición debe concebirse como un proceso escalonado basado en: ampliación progresiva de la transparencia económica, incorporación gradual de mecanismos de control social, protección estratégica de sectores clave y construcción de alianzas internacionales.

Este enfoque reconoce que la superación de la plusdirección no es un acto político inmediato, sino un proceso histórico condicionado por la correlación de fuerzas global.

Implicaciones contemporáneas

El análisis de casos concretos demuestra que la centralización no siempre responde a decisiones ideológicas, sino a condiciones materiales. Esto permite reinterpretar procesos históricos y actuales desde una perspectiva estructural, evitando explicaciones simplistas basadas en errores políticos o desviaciones morales.

La plusdirección en la era digital: el desafío algorítmico

El desarrollo de sistemas digitales avanzados y de inteligencia artificial introduce una nueva dimensión en la problemática de la plusdirección. A medida que los procesos de asignación del excedente son gestionados por algoritmos, surge el riesgo de una plusdirección algorítmica, donde el control no reside en individuos visibles, sino en estructuras técnicas opacas.

Incluso cuando los algoritmos son formalmente auditables, su complejidad puede generar nuevas formas de asimetría informacional. Un sistema puede ser “abierto” en términos legales, pero inaccesible en términos cognitivos para la mayoría de la población.

Este fenómeno plantea una extensión del problema original:

La concentración del conocimiento técnico puede convertirse en una forma de concentración del poder organizativo.

Por ello, la socialización de la plusdirección en el siglo XXI requiere no solo transparencia formal, sino inteligibilidad efectiva para la mayoría social

Caso empírico: avances y límites en experiencias reales

La discusión teórica sobre la socialización de la plusdirección encuentra validación parcial en diversas experiencias contemporáneas que han intentado democratizar la gestión del excedente, aunque sin lograr generalizar el modelo.

Un ejemplo relevante es el sistema de presupuesto participativo desarrollado en Porto Alegre a partir de la década de 1990. En su fase más avanzada, permitió a la población decidir directamente sobre una parte significativa del gasto público, introduciendo mecanismos de deliberación colectiva y control social sobre recursos municipales.

Sin embargo, su alcance estuvo limitado por factores estructurales: la restricción del ámbito decisional a niveles locales, la dependencia de marcos institucionales superiores no transformados y la progresiva tecnificación de los procesos, que tendía a recentralizar la toma de decisiones en actores con mayor capital informacional.

De forma similar, experiencias cooperativas como Mondragón Corporation han logrado distribuir parcialmente la dirección del excedente entre trabajadores asociados, pero enfrentan límites al operar dentro de mercados globales altamente competitivos, donde las presiones externas tienden a reintroducir dinámicas de concentración organizativa.

Estos casos muestran que la socialización de la plusdirección es posible en grados parciales, pero también que enfrenta límites estructurales cuando no se transforma el entorno económico y geopolítico en su conjunto.

Dimensión cultural: hegemonía y naturalización de la plusdirección

La plusdirección no se sostiene únicamente por mecanismos estructurales, sino también por procesos culturales que legitiman su existencia. Las jerarquías organizativas tienden a ser percibidas como necesarias, inevitables o incluso naturales.

En términos de Antonio Gramsci, esto puede interpretarse como una forma de hegemonía: la internalización de estructuras de poder como sentido común social. Esto implica que la superación de la plusdirección no es únicamente institucional, sino también pedagógica y cultural, en tanto requiere modificar la relación subjetiva de la sociedad con el conocimiento, la autoridad y la complejidad.

La deferencia hacia el experto, la aceptación pasiva de decisiones técnicas y la percepción de la complejidad como barrera infranqueable contribuyen a reproducir la plusdirección incluso en contextos donde formalmente podría ser cuestionada.

Por tanto, la transformación organizativa requiere también una transformación cultural:

No basta con redistribuir el poder; es necesario desnaturalizar la concentración de la dirección como forma inevitable de organización social.

Hacia una medición: Índice de Concentración de la Dirección del Excedente (ICDE)

Para que el concepto de plusdirección tenga validez científica plena, es necesario avanzar hacia su operacionalización cuantitativa. En este sentido, puede proponerse un indicador preliminar:

Medición de la plusdirección: Índice de Concentración de la Dirección del Excedente (ICDE)

Para dotar de validez empírica al concepto de plusdirección, se propone el Índice de Concentración de la Dirección del Excedente (ICDE) como instrumento preliminar de medición.

El ICDE busca estimar el grado en que la dirección del excedente se encuentra concentrada o socializada en una sociedad, a partir de cuatro dimensiones fundamentales:

C₁ (Control colectivo vinculante): proporción de decisiones económicas estratégicas sujetas a mecanismos de participación efectiva
C₂ (Acceso a información estratégica): nivel de transparencia y comprensibilidad de los datos económicos clave
C₃ (Rotación directiva): grado de renovación real en posiciones de decisión
C₄ (Separación técnico-política): distancia entre quienes poseen conocimiento técnico y quienes ejercen poder decisional

Una formulación inicial del índice puede expresarse como:

ICDE = 1 − (w₁C₁ + w₂C₂ + w₃C₃ + w₄C₄)

Donde los pesos (w₁…w₄) reflejan la importancia relativa de cada dimensión.

Valores cercanos a 1 indican alta concentración de la plusdirección; valores cercanos a 0 indican mayor socialización.

Como ejercicio ilustrativo, una economía altamente centralizada con baja transparencia y escasa rotación directiva presentaría un ICDE elevado, mientras que sistemas con alta participación efectiva y acceso abierto a información tenderían a valores más bajos.

Este índice no pretende ser definitivo, sino abrir una línea de investigación cuantitativa sobre el poder organizativo.

Para efectos analíticos preliminares, puede asumirse una ponderación uniforme (w₁ = w₂ = w₃ = w₄ = 0.25) en ausencia de evidencia empírica diferenciada. No obstante, futuras investigaciones podrían ajustar estos pesos según el contexto institucional o sectorial analizado.

A modo ilustrativo, una sociedad con baja participación vinculante (C₁≈0.2), acceso limitado a información (C₂≈0.3), escasa rotación (C₃≈0.2) y alta fusión técnico-política (C₄≈0.2) presentaría un ICDE cercano a 0.8, indicando una alta concentración de la plusdirección. En contraste, sistemas con altos niveles en estas variables tenderían a valores significativamente menores.

Conclusión

La igualdad primitiva no fue una elección, sino una condición. La igualdad futura, en cambio, debe ser una construcción consciente.

No se trata de abolir el excedente, sino de abolir la monopolización de su dirección.

La revolución pendiente no es solo económica ni política: es organizativa. 

La historia de la dominación puede reinterpretarse como la historia de la concentración de la plusdirección. Su superación no será un acto único, sino un proceso histórico de redistribución del poder organizativo bajo condiciones de complejidad creciente.

Preguntas frecuentes:

¿Es posible eliminar completamente la plusdirección?

No completamente, pero sí reducir su concentración y someterla a control colectivo.

¿La propiedad colectiva resuelve el problema?

No necesariamente. Sin transformación organizativa, la dominación puede persistir.

¿Es viable a gran escala?

Depende del diseño institucional y del contexto geopolítico.

Glosario de términos clave:

Plusdirección:

Función organizativa de control del excedente cuya concentración genera jerarquía.

Burguesía funcional:

Élite basada en control organizativo del excedente sin propiedad formal.

Excedente:

Producción superior a la subsistencia inmediata.

Dirección vertical:

Estructura jerárquica de toma de decisiones.

Fuentes consultadas:

Hernández, H. (2025). La plusdirección: origen de la dominación y límite del socialismo aislado. https://tocororocubano.com/la-plusdireccion-origen-de-la-dominacion-y-limite-del-socialismo-aislado/

Harari, Y. N. (2014). Sapiens. Debate.

Graeber, D., & Wengrow, D. (2021). The dawn of everything. Farrar, Straus and Giroux.

Scott, J. C. (2017). Against the grain. Yale University Press.

Sobre el autor

Henrik Hernández es Licenciado en Ciencias Pedagógicas, especialista en Historia y Ciencias Sociales. Investigador cubano independiente residente en Suecia y fundador de Tocororo Cubano. Desarrolla marcos teóricos como la plusdirección y la CRL.

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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano® Revista Digital Multidisciplinaria

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