Cuba: lo que se dice… y lo que se oculta

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

Respuesta a una carta pública de un Pastor cubano:

La reflexión del Rev. Juan Perea sobre Cuba merece una lectura crítica más profunda, precisamente porque no es ingenua, aunque se presente como equilibrada.

Es cierto —y nadie serio lo niega— que Cuba atraviesa una crisis real, visible en la vida cotidiana del pueblo. Reconocerlo no es valentía, es simplemente admitir lo evidente. También es correcto señalar que el bloqueo ha causado un daño profundo y sostenido. Sin embargo, el problema del texto no está en lo que dice, sino en cómo lo organiza y en lo que omite.

Hay un giro clave: tras reconocer factores externos, desplaza el centro del análisis hacia una categoría cargada ideológicamente —“dictadura”— sin desarrollarla ni contextualizarla. Se pasa así de un enfoque estructural a uno moral simplificado, funcional a narrativas dominantes. Mientras tanto, el imperialismo como sistema apenas se nombra, diluyendo su peso real en la configuración de la crisis.

Se apela además a conceptos como “libertad”, “dignidad” o “voz”, pero en abstracto, como si fueran realidades plenas en el resto del mundo. Esa universalización ignora que muchas sociedades que se presentan como modelos de libertad conviven con profundas desigualdades, exclusión y violencia estructural. Criticar una realidad concreta desde ideales que no existen plenamente en ningún lugar es, como mínimo, problemático.

También hay una asimetría evidente: se exige profundidad para cuestionar al sistema cubano, pero se trata de forma superficial la presión externa. Aunque se diga que “todos los sistemas deben rendir cuentas”, en la práctica el foco está claramente colocado en uno solo. Ese desequilibrio no es neutral.

Desde lo teológico, se invoca a Jesús como quien “nombró lo que estaba roto”. Pero esa lectura omite que la tradición cristiana también ha sido profundamente crítica del poder imperial y de las estructuras de dominación externa. No es una cita inocente, sino una selección interpretativa con dirección política.

El texto sugiere además un horizonte de “verdadera democracia y libertad” sin definir qué significa eso en términos concretos ni bajo qué condiciones históricas podría darse. No se pregunta por los costos, ni por los riesgos, ni por las experiencias pasadas de subordinación. En el caso cubano, esa omisión no es menor.

Y quizás lo más significativo: no se reconoce que ese mismo sistema al que se reduce a “dictadura” ha garantizado niveles de justicia social, equidad y acceso universal a derechos básicos que siguen siendo excepcionales en gran parte del mundo. Ignorar eso no es neutralidad, es incompletitud.

Criticar lo que no funciona en Cuba es necesario. Pero hacerlo desde marcos que deshistoricen la realidad, omitan el peso del poder global y repitan categorías que han sido utilizadas para legitimar proyectos de cambio de régimen, no contribuye a una comprensión más honesta, sino a una más conveniente.

La cuestión no es si Cuba debe cambiar. La cuestión es: quién define ese cambio, desde dónde, y al servicio de qué intereses.

Porque cuando no se responde a eso, la “verdad completa” sigue sin decirse.

Lic. Teol. José Conde

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Por Lic. Teol. José Conde - Tocororo Cubano Revista Digital Multidisciplinaria

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Aquí la carta en cuestión, para que cada quien saque sus propias conclusiones:

Mi respuesta personal a la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMRC) y al Consejo Mundial de Iglesías (CMI) en su visita pastoral a Cuba del 28 al 31 de marzo de 2026.

Queridos hermanos en Cristo:

Llevo varias horas tratando de responder a esta publicación. Así que, recibo esta declaración con un corazón que está agradecido y pesado. Agradecido, porque la Iglesia global nos ha recordado. Porque viniste, escuchaste, rezaste y nombraste sufrimiento real. Como cubano, te puedo decir: la crisis humanitaria no es teórica. Es visible en farmacias vacías, en hospitales que luchan por funcionar, en familias que hacen largas colas por necesidades básicas, en el silencioso agotamiento de un pueblo que ha soportado demasiado durante demasiado tiempo. Tu presencia importa. Tu solidaridad importa. Y tu llamada a la paz importa.

Pero mi corazón también pesa. Porque aunque esta declaración dice la verdad, todavía no dice toda la verdad. Sí, el embargo ha causado daño. Sí, ha aumentado el sufrimiento. Sí, debería ser examinado críticamente y, yo diría, levantado. Pero el pueblo cubano no está sufriendo sólo por presiones externas. También estamos sufriendo por realidades internas que aquí siguen sin nombrar, realidades de una dictadura y control, de libertades limitadas, de voces silenciadas, del miedo que perdura incluso en conversaciones como estas.

Como cubano, he visto esto con mis propios ojos. Como pastor, me he sentado con gente que lleva este dolor en silencio. Así que debo decir esto con amor, pero también con honestidad: - Cuando la Iglesia habla proféticamente, debe hablar plenamente, no parcialmente. - Cuando la Iglesia apoya el sufrimiento, debe escuchar no sólo las voces oficiales, sino también las silenciosas y ocultas. Me di cuenta y supe y vi que la delegación se reunió con funcionarios del gobierno y reconoció las estructuras eclesiásticas como de costumbre, las mismas caras familiares. Esto es importante, pero no es suficiente. El sufrimiento de Cuba no es sólo institucional; es profundamente personal, a menudo tácito y a veces inseguro expresarlo abiertamente. Si solo escuchamos lo que se puede decir con seguridad, nos arriesgamos a perder lo que más necesita ser escuchado.

El Evangelio nos llama no sólo a la compasión, sino a la verdad. Jesús no solo consoló el sufrimiento, también nombró lo que estaba roto, incluso cuando era costoso. Así que pido, suavemente pero urgente: • ¿Dónde están las voces de los que disienten? • ¿Dónde están las historias de aquellos que han sido marginados no sólo por la economía, sino por el poder? • ¿Dónde está el llamado a la dignidad que incluye la libertad y la supervivencia? Porque la dignidad humana no se trata sólo de tener alimentos o medicina, también se trata de tener voz, agencia, y la libertad de vivir sin miedo.

Al mismo tiempo, quiero afirmar algo muy importante en su declaración: su compromiso con la paz. Como cubanos, no queremos guerra. No queremos una invasión. No queremos convertirnos en un campo de batalla para los conflictos geopolíticos. Queremos vida. Queremos estabilidad. Queremos un futuro. Pero la paz no es sólo la ausencia de guerra. La paz es también la presencia de la justicia. La paz es la capacidad de hablar. La paz es el restablecimiento de la dignidad en su plenitud. Como nos recuerda la Escritura, "Bienaventurados los pacificadores", pero el verdadero establecimiento de la paz requiere coraje, no sólo compasión. Así que recibo tus palabras como un principio, no como un fin.

Invito a la Iglesia global a seguir caminando con Cuba, pero a caminar más profundamente, más honestamente y con más coraje: • Escucha más allá de las narrativas oficiales • Haga que todos los sistemas rindan cuentas, no sólo uno • Estar con el pueblo, no sólo en su sufrimiento, sino en su anhelo de libertad, dignidad y esperanza Porque el pueblo cubano no solo es resistente, también estamos cansados. No solo esperanzador, también estamos esperando. No solo sobreviviendo, también anhelamos algo más. Y como pastor, creo esto: Dios está presente en Cuba, no sólo en resistencia, sino en el silencioso grito de transformación y verdadera democracia y libertad. Que la Iglesia tenga oídos para oírlo.

Con oración, verdad y esperanza,

Juan Manuel

Un pastor cubano

Un desglose para hacer más comprensible mi aanálisis crítico:

1. Reconocimiento de lo evidente: cuando ya no se puede negar

El texto parte de una constatación real:

• crisis material (farmacias vacías, colas, deterioro hospitalario)

• desgaste social acumulado

Esto no es polémico. De hecho, es consenso transversal dentro y fuera de Cuba, incluyendo sectores revolucionarios.

Con humildad puedo afirmar que: No hay mérito especial en reconocer lo que ya es inocultable. Cuando la realidad desborda el discurso, reconocerla no es valentía, es ajuste narrativo.

2. El giro discursivo: de la complejidad a la simplificación

Después de admitir el impacto del embargo, el texto introduce el pivote clave:

“no sólo por presiones externas… también por realidades internas de una dictadura”

Aquí ocurre algo metodológicamente problemático:

• Se pasa de un análisis estructural (bloqueo, geopolítica)

• a un marco moral simplificado (dictadura vs libertad)

Esto no es neutro. Es un cambio de paradigma interpretativo.

Problema central:

El concepto de “dictadura” se introduce sin desarrollo analítico, como categoría cerrada, cargada ideológicamente y funcional al discurso dominante occidental.

Mientras tanto, el imperialismo:

• se menciona indirectamente (embargo)

• pero no se nombra como sistema de dominación estructural

Se exige precisión para criticar al Estado cubano, pero se usa vaguedad para describir la presión externa.

3. Universalización abstracta de “libertad” y “dignidad”

El texto plantea:

“la dignidad humana… también es voz, agencia y libertad”

Esto parece incuestionable, pero es filosóficamente problemático si no se contextualiza.

¿Por qué?

Porque construye una noción de libertad:

• abstracta

• deshistorizada

• como si fuera homogénea en el mundo

Ignora que:

• gran parte del Sur Global tiene “libertades formales” sin justicia material

• existen democracias liberales con altos niveles de exclusión, violencia estructural y desigualdad

Es decir: critica un modelo real (Cuba) desde un ideal que no existe plenamente en ningún lugar.

4. Asimetría crítica: todos los sistemas… pero uno en foco

El autor dice:

“Haga que todos los sistemas rindan cuentas, no sólo uno”

Pero en la práctica, el texto:

• se remite ampliamente a su visión de las fallas internas cubanas

• menciona superficialmente las externas

Esto genera una asimetría discursiva clara: mientras el bloqueo y la presión externa se abordan de forma breve y general, casi como un telón de fondo, el sistema político cubano se convierte en el eje central del análisis, tratado con un enfoque marcadamente moralizado. Esto es típico de discursos que, aunque no lo declaren, terminan alineados con agendas de cambio de régimen.

5. La apelación religiosa: Jesús como legitimador político

El texto usa una estrategia potente:

“Jesús… nombró lo que estaba roto”

Esto introduce un problema hermenéutico:

• Se invoca el Evangelio como autoridad moral universal

• pero se orienta hacia una lectura específica: crítica al poder interno

Sin embargo, en la tradición cristiana también existe:

• denuncia del poder imperial

Apocalipsis 18:2-5

“Ha caído Babilonia…” — Babilonia funciona como metáfora del imperio corrupto, denunciando su explotación y acumulación a costa de los pueblos.

• crítica a la opresión externa

Deuteronomio 26:6-7

“Los egipcios nos maltrataron… y clamamos… y el Señor oyó nuestra voz.”

• defensa de comunidades sitiadas

Nehemías 4:17-18

“Los que edificaban… con una mano trabajaban y con la otra tenían la espada.”

Por ello la selección hecha por el Rev. no es inocente: es teología situada, pero presentada como universal.

6. El concepto implícito de “cambio”

Aquí está el núcleo político mi crítica.

El texto nunca dice “cambio de régimen”, pero construye su marco:

• “verdadera democracia”

• “libertad”

• “voces disidentes”

• “estructuras de poder”

Estas categorías, en el contexto cubano y global, están históricamente asociadas a:

• Narrativas promovidas por la política exterior de Estados Unidos

• y sectores de la emigración alineados con ese proyecto

Problema:

No se explicita:

• qué tipo de cambio

• bajo qué correlación de fuerzas

• con qué riesgos históricos (neocolonialismo, dependencia)

La pregunta es clave:

¿a qué costo?

El texto evita completamente esa dimensión.

7. Invisibilización de logros estructurales

Otro punto crítico:

El texto no menciona que ese mismo sistema al que llama “dictadura” ha producido:

• altos niveles de equidad social

• acceso universal a salud y educación

• soberanía relativa frente a potencias

Esto no cancela sus problemas, pero omitirlo distorsiona el análisis.

8. Conclusión crítica

El texto del Rev. Perea no es simplemente una reflexión pastoral. Es un discurso con:

• base empírica real (crisis)

• marco conceptual selectivo

• carga ideológica implícita

Su operación central es:

• reconocer el daño externo

• pero reubicar la causa principal en el sistema interno

• usando categorías universales abstractas

• sin problematizar el contexto geopolítico

Síntesis de mi crítica

No se trata de negar los problemas internos de Cuba, sino de cuestionar un tipo de discurso que, bajo apariencia de equilibrio, termina reproduciendo marcos funcionales a proyectos de dominación externa, al tiempo que omite los logros históricos y las condiciones estructurales que definen la realidad del país.

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