Socialismo en transición o restauración: las desviaciones estructurales del modelo económico cubano
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
Sesenta y seis años después del triunfo revolucionario, Cuba enfrenta un dilema histórico: ¿transita aún hacia el socialismo o asiste a su deformación burocrática?
Las reformas recientes —la expansión de las MIPYMES, la dualidad monetaria, los reajustes del plan estatal— evidencian una tensión entre la propiedad social proclamada y las relaciones de poder realmente existentes.
Este ensayo, enraizado en la tradición marxista-leninista, propone una lectura crítica y constructiva: rectificar no es negar la Revolución, sino salvarla de su inmovilidad.
Propiedad estatal sin control social
El socialismo no consiste en que el Estado posea los medios de producción, sino en que los trabajadores los dirijan conscientemente.
En Cuba, el Estado se ha perpetuado como propietario administrativo, y los trabajadores se han convertido en asalariados de un aparato que los representa sin consultarlos.
Sin control obrero, la propiedad común se convierte en propiedad burocrática, una forma de enajenación que neutraliza el espíritu revolucionario.
Planificación vertical y déficit participativo
La planificación es el corazón del socialismo, pero sin participación se transforma en rutina.
El modelo cubano conserva estructuras de planificación jerárquicas y cerradas, donde los sindicatos y las asambleas populares validan decisiones ya adoptadas.
Este déficit participativo refleja un déficit democrático más profundo: la inteligencia colectiva del pueblo no interviene en la toma de decisiones.
La ciencia socialista no puede florecer sin debate y sin control social de los resultados.
Mercado emergente y nueva burguesía funcional
Las MIPYMES representan un fenómeno ambivalente: son válvula de escape ante la rigidez estatal, pero también semilla de nuevas desigualdades.
Han generado empleo y dinamismo, pero también concentran riqueza y replican la lógica del lucro.
El desafío no es eliminarlas, sino reorientarlas hacia la economía social, insertándolas en redes cooperativas que sirvan a la planificación nacional y no al mercado espontáneo.
El bloqueo como deformador estructural
El bloqueo estadounidense no solo asfixia, sino que moldea.
La centralización extrema, el control total del comercio exterior y la economía defensiva fueron respuestas necesarias a un cerco implacable.
Sin embargo, esas respuestas se institucionalizaron, dando lugar a un modelo de control perpetuo.
Distinguir entre lo impuesto por el enemigo y lo que se perpetúa por inercia es el primer paso hacia la renovación.
Incentivos desalineados y desmoralización del trabajo
El trabajo ha perdido su valor social y simbólico.
Las diferencias de ingresos, la dolarización parcial y la falta de horizontes productivos socavan la ética del trabajo revolucionario.
Restituir la dignidad laboral exige vincular la retribución con el beneficio colectivo, no con la especulación ni con el privilegio.
Dependencia estructural y vulnerabilidad externa
La dependencia de importaciones básicas perpetúa la fragilidad económica.
El socialismo cubano debe avanzar hacia una autarquía científica: producción nacional de conocimiento, energía y alimentos como pilares de soberanía.
La independencia no se mide por discursos, sino por la capacidad de producir lo necesario sin mendigarlo al mercado mundial.
El obstáculo político: burocracia y poder estatal
El Partido-Estado, concebido como garante de la unidad, se ha convertido en un filtro de poder que limita la autoorganización popular.
La burocracia teme el control social porque lo percibe como amenaza a su estabilidad.
Pero el socialismo no puede ser un sistema de administración sin alma: debe volver a ser un proyecto de conciencia colectiva.
Sin democratización política, no habrá democratización económica.
Lecciones internacionales
La historia ofrece espejos:
La URSS sucumbió a la rigidez.
Yugoslavia se fragmentó por falta de coordinación.
China logró eficiencia, pero al precio de restaurar el capitalismo.
Cuba aún puede construir un modelo propio, un socialismo con rostro humano, planificado y descentralizado.
Reorientar el rumbo: socializar el socialismo
Rectificar es revolucionar.
El socialismo cubano puede renovarse si se asume una hoja de ruta:
Democratizar la gestión estatal con control popular y transparencia.
Transición por fases: participación obrera → cooperativas mixtas → autogestión plena.
Limitar la acumulación privada y vincular MIPYMES al plan socialista.
Integrar la ciencia como fuerza productiva directa.
Educar una nueva moral socialista, basada en conocimiento, eficiencia y solidaridad.
Los actores del cambio
La transformación vendrá desde abajo:
Trabajadores jóvenes: sin cargas dogmáticas, con mentalidad técnica.
Cooperativas y comunidades locales: núcleos de economía social real.
Intelectuales revolucionarios: conciencia crítica y pedagógica.
Funcionarios reformistas: conscientes de que el inmovilismo es suicidio.
El cambio será fruto de una alianza entre razón, moral y pueblo.
Mecanismos de transición
Para que la teoría se vuelva proceso, se requieren herramientas:
Ley de Participación Económica Popular, con derecho de intervención obrera.
Consejos de planificación comunitaria con plataformas digitales abiertas.
Experimentos piloto de cogestión en sectores estratégicos.
Cada éxito parcial será argumento moral y práctico frente a la resistencia burocrática.
La cuestión de la legitimidad revolucionaria
El Partido ha cumplido un rol aglutinador y defensivo ante las agresiones externas. Sin su disciplina y cohesión, Cuba habría sido arrasada.
Pero las condiciones históricas exigen un nuevo papel:
El Partido debe concentrarse en la formación ideológica, la educación política y la creación de cuadros éticos, no en la administración del poder económico.
La dirección y el control deben ser sociales y populares.
Así, el Partido no perderá autoridad: la elevará a plano moral, pedagógico y estratégico.
La fricción del poder y las estrategias de transición democrática
Toda revolución interna genera resistencia. La burocracia no cederá voluntariamente su hegemonía: defiende privilegios y estructuras de control.
Por eso, la transición debe combinar tres estrategias complementarias:
Construcción de alianzas reformistas
Fomentar redes entre: economistas progresistas dentro del Estado, dirigentes cooperativos, intelectuales comprometidos,
Jóvenes universitarios con pensamiento crítico.
Estas alianzas deben actuar como núcleos de renovación institucional, demostrando que el cambio no destruye la Revolución, sino que la salva.
Legitimación pública y presión moral
El pueblo debe ver los beneficios concretos de la democratización: mayor productividad, transparencia, calidad de vida.
Cada experiencia piloto exitosa —una cooperativa eficiente, una comunidad autosuficiente— se convierte en ejemplo moral y argumento político.
La presión social no nace del enfrentamiento, sino del éxito demostrable de las alternativas.
Estrategia de transformación institucional
La burocracia se combate redefiniendo sus funciones, no suprimiéndola de golpe:
Convertir ministerios en agencias de coordinación, no de control.
Sustituir la supervisión vertical por evaluación social.
Implementar plataformas públicas de transparencia presupuestaria.
La autoridad se sustituye gradualmente por confianza, y el miedo por participación.
Conclusión
El socialismo cubano no agoniza: evoluciona entre tensiones.
Su destino dependerá de si logra transformar la obediencia en participación, la administración en conciencia y el control en cooperación.
Rectificar no es claudicar: es volver a la raíz de la Revolución, donde el pueblo era sujeto y no objeto.
Solo así Cuba podrá demostrar al mundo que el socialismo, lejos de ser un dogma, es la forma más avanzada de libertad consciente.
Glosario de términos clave:
Propiedad social:
Control colectivo real de los medios de producción.
Burguesía funcional:
Élite económica dependiente del Estado.
Autarquía científica:
Independencia productiva basada en conocimiento.
Planificación democrática:
Coordinación económica participativa.
Fricción del poder:
Resistencia institucional ante reformas transformadoras.
Fuentes consultadas:
Engels, F. (1880). Del socialismo utópico al socialismo científico. Editorial Progreso.
Lenin, V. I. (1917). El Estado y la Revolución. Editorial Progreso.
Lenin, V. I. (1921). La Nueva Política Económica y las tareas del poder. Editorial Progreso.
Marx, K. (1875). Crítica del Programa de Gotha. Ediciones en Lenguas Extranjeras.
Marx, K. (1867). El Capital. Crítica de la Economía Política. Fondo de Cultura Económica.
Rodríguez, J. (2023). Economía cubana en transformación: límites y desafíos del modelo actual. Revista Temas, (114), 12–27.
Torres-Cuevas, E. (2022). Cuba, economía y soberanía. Editorial de Ciencias Sociales.
Mesa-Lago, C. (2018). Cuba’s Economic Reforms: Social Impacts and Challenges. University of Pittsburgh Press.
Domínguez, J. (2021). The Cuban Political System: Continuity and Change. Harvard University Press.
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