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  Sembrar agua: ciencia, cultura y resiliencia en los paisajes rurales de Cuba

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Imagen generada pro la IA Sofia.

Introducción: cuando el agua se cultiva igual que la tierra

En medio de una crisis hídrica que golpea con particular intensidad a zonas de Cuba como Guantánamo, Camagüey, Las Tunas y el corredor árido del oriente, está resurgiendo una idea ancestral que hoy la ciencia confirma como una herramienta poderosa: la siembra de agua. No se trata de magia, superstición ni rituales campesinos sin fundamento; es una tecnología natural basada en hidrología, ecología y restauración de suelos. Desde hace siglos, comunidades de los Andes, África del Este y Asia han aprendido a infiltrar el agua de lluvia hacia el subsuelo, donde permanece protegida de la evaporación y disponible durante la sequía. Lo que antes se explicaba como “ayuda de la tierra” ahora lo entendemos como procesos medibles: aumento de la infiltración, recarga de acuíferos, retardo del escurrimiento superficial y regeneración de microcuencas.

El auge de videos sobre “sembrar agua” ha reavivado la curiosidad en Cuba. Muchos muestran a campesinos cavando tres huecos en forma de triángulo, colocando sal, azúcar y piedras. A simple vista, parece un acto simbólico. Pero detrás hay una base científica profunda: los huecos actúan como pozos de absorción, la sal y el azúcar atraen humedad y microorganismos, y las piedras mantienen el microambiente fresco mientras dirigen el agua hacia el subsuelo. La cultura campesina y la ciencia moderna, lejos de oponerse, se complementan.

Este artículo integra ese conocimiento popular con las técnicas científicas de infiltración, evalúa su aplicabilidad en Cuba y propone un modelo operativo y comunitario para convertir la siembra de agua en una estrategia nacional de resiliencia hídrica.

El método de los tres huecos: de creencia popular a microtecnología hidrológica

La práctica que muchos cubanos han visto en videos —tres huecos equidistantes, formando un triángulo, rellenados con sal, azúcar y piedras— tiene una explicación científica clara. Los huecos fomentan la infiltración inmediata cuando llueve; el azúcar incrementa la actividad microbiana del suelo, acelerando la descomposición orgánica y la creación de agregados que mejoran la estructura del terreno; la sal atrae humedad y regula gradientes osmóticos que estimulan crecimiento microbiano; y las piedras funcionan como disipadores térmicos que mantienen el microclima estable y reducen la evaporación. Lejos de ser una superstición, se trata de una ingeniería rudimentaria de infiltración, más adecuada para pequeñas parcelas que para grandes extensiones, pero útil cuando el suelo está compactado o degradado.

Aunque no puede por sí misma rehidratar una microcuenca completa, esta técnica es valiosa como parte de una estrategia más amplia. Los campesinos lo sabían empíricamente; hoy, la hidrología lo explica.

Las técnicas científicas de siembra de agua: un enfoque integrado y probado

Mientras el método de los tres huecos es útil a pequeña escala, la siembra de agua formal se basa en cinco técnicas científicas validadas durante décadas en India, Etiopía, México, Perú y Nepal. Todas buscan lo mismo: ralentizar el agua, infiltrar, almacenar en el subsuelo y regenerar la cubierta vegetal.

La primera son las zanjas de infiltración. Estas siguen exactamente las curvas de nivel, frenan la velocidad del agua y permiten que la lluvia se filtre antes de escurrir cuesta abajo. Son ideales para pendientes suaves y medias, y se construyen sin maquinaria. La segunda técnica son las terrazas, que estabilizan laderas erosionadas, reducen la escorrentía y capturan humedad durante meses. Constituyen una solución ancestral y eficaz, especialmente en cultivos de montaña. La tercera técnica son los pozos de absorción, que concentran el agua en microdepósitos capaces de infiltrar de tres a veinte veces más que el suelo sin intervención, siendo esenciales en zonas semiáridas. La cuarta son las barreras de retardo, muros bajos de piedra o madera colocados en cursos de agua estacionales que frenan el flujo y recargan acuíferos. Finalmente, la restauración de microcuencas consiste en reforestar áreas críticas, protegerlas del pastoreo y acompañar el suelo para que retenga agua por sí solo.

Estas cinco técnicas no compiten: se complementan. Allí donde se combinan, el paisaje cambia; el agua reaparece, los suelos se regeneran y la productividad agrícola mejora incluso sin riego convencional.

Guía técnica operativa para implementar la siembra de agua en Cuba

La teoría solo se convierte en política útil cuando se define con precisión cómo se hace. En Cuba, donde los recursos son limitados y el bloqueo dificulta el acceso a maquinaria y materiales especializados, la siembra de agua tiene la ventaja de poder ejecutarse con herramientas básicas. Las zanjas de infiltración deben trazarse con un nivel artesanal hecho con tres palos y una piedra o una simple manguera transparente. Siguiendo la curva de nivel, se excavan zanjas de medio metro de ancho y menos de medio metro de profundidad, distanciadas entre diez y veinte metros según la pendiente. Las terrazas pueden levantarse con piedra local y tierra apisonada, siguiendo niveles marcados con cordeles, y reforzadas con plantas que fijan suelos, como vetiver, caña brava o king grass.

Los pozos de absorción requieren apenas un hueco de medio metro de diámetro relleno de grava, carbón vegetal y arena gruesa para mejorar la filtración. Tres a cinco pozos por cada cien metros cuadrados son suficientes para transformar zonas secas. Las barreras de retardo se levantan allí donde el agua arrastra sedimentos: deben colocarse donde termina la acumulación generada por la barrera anterior, de manera que el flujo vaya “subiendo escalones” y no arrastrando suelo. Y la restauración de microcuencas puede realizarse con especies nativas de alta resiliencia cubana como almácigo, ocuje, anacagüita, majagua, jagüey o dagame, que desarrollan raíces profundas y estabilizan el terreno.

Implementar estas técnicas no requiere sofisticación: requiere conocimiento, constancia y organización comunitaria.

¿Y Cuba? Suelos, clima, pendientes y potencial real de aplicación

Cuba cuenta con regiones que presentan condiciones ideales para la siembra de agua. La Sierra Maestra, el Escambray, Baracoa y la serranía de Moa poseen pendientes, lluvias intermitentes y microcuencas erosionadas, donde estas técnicas pueden reactivar manantiales que hoy están secos durante meses. Las llanuras centrales, especialmente Camagüey y Las Tunas, son más complejas: allí la siembra de agua no puede ser la única estrategia, pero sí un complemento para incrementar infiltración y proteger cultivos. El oriente seco —Punta de Maisí, Yateras, Imías, San Antonio del Sur— es quizás donde más valor puede tener el enfoque combinado de zanjas, pozos y reforestación, pues el suelo es pedregoso y la evaporación extrema.

Cada territorio exige una combinación distinta de técnicas, pero todas comparten la misma lógica: devolver al suelo su capacidad de beber.

Modelo cubano de organización comunitaria para sembrar agua

La siembra de agua no funciona sin comunidad, y Cuba es precisamente un país con fuerte tradición organizativa. Para que estas técnicas funcionen, se propone crear Comités Hídricos Comunitarios en cada asentamiento rural. Estos comités estarían formados por campesinos, representantes de la ANAP, técnicos del INRH o CITMA, jóvenes de los Joven Club y autoridades locales, articulando ciencia y participación. Su función sería decidir dónde intervenir, medir resultados y garantizar mantenimiento.

Las microbrigadas agroecológicas, de entre cinco y doce personas, ejecutarían las obras: cavarían zanjas, construirían terrazas, protegerían microcuencas y capacitarían a otros productores. El monitoreo —un pilar de la siembra de agua— combinaría cuadernos de campo, mediciones artesanales de humedad, observación de vegetación indicadora y, cuando sea posible, registros digitales locales.

Con este esquema, la siembra de agua se convierte en una política local, no en un proyecto aislado. Y su cronograma es realista: un primer año de capacitación y obras sencillas; un segundo año de ampliación y reforestación; y un periodo de tres a cinco años en que los cambios estructurales comienzan a volverse visibles.

Conclusión: cuando la lluvia deja de perderse y empieza a quedarse

Sembrar agua no es un acto místico ni un gesto simbólico: es ingeniería ecológica, cultura campesina y organización social unidas en un mismo propósito. Las zanjas retienen. Las terrazas estabilizan. Los pozos infiltran. Las barreras protegen. Los árboles fijan. Y los métodos tradicionales, reinterpretados desde la ciencia, refuerzan esta arquitectura hidrológica. La combinación produce algo que la tecnología industrial no puede comprar: tiempo. Tiempo para que la lluvia vuelva a ser capturada, tiempo para que los manantiales regresen, tiempo para que los suelos vivan.

Cuba, con sus limitaciones materiales y su profunda experiencia organizativa, está en posición de aplicar la siembra de agua como estrategia nacional de adaptación. No requiere importaciones, ni combustibles, ni divisas. Requiere manos, saberes y comunidad. Es, quizá, el método más resiliente que la Isla tiene hoy para enfrentar la sequía creciente y construir un futuro donde el agua ya no se espere: se cultive.

Glosario de términos clave:

Siembra de agua:

Técnica ecológica que combina obras físicas, vegetación y manejo comunitario para infiltrar el agua de lluvia hacia el subsuelo.

Zanja de infiltración:

Excavación que sigue las curvas de nivel para frenar el agua y favorecer su entrada a la tierra.

Pozo de absorción:

Hueco profundo y relleno de materiales porosos para infiltración concentrada.

Barreras de retardo:

Muros bajos que frenan escorrentías y retienen sedimentos.

Microcuenca:

Área pequeña de captación donde ocurre el ciclo local del agua.

Comité Hídrico Comunitario:

Estructura local encargada de implementar, supervisar y medir la siembra de agua.

Fuentes consultadas:

Brizuela, L. (2021, 17 de junio). Siembra de agua, la apuesta de una finca cubana para su sostenibilidad. IPS Cuba. https://www.ipscuba.net/economia/siembra-de-agua-la-apuesta-de-una-finca-cubana-para-su-sostenibilidad/

República de Cuba. (2022). Tercera Comunicación Nacional de Cuba ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
https://unfccc.int/sites/default/files/resource/Third%20National%20Communication.%20Cuba.pdf

World Food Programme. (2022, 22 de abril). Cuba: “Sembrar con conciencia y conocimiento”. https://es.wfp.org/historias/cuba-sembrar-con-conciencia-y-conocimiento

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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano

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“Técnicas científicas y saberes campesinos para sembrar agua en Cuba: infiltración, microcuencas y resiliencia comunitaria frente a la sequía.”

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