¡Revolución Sí, Cubastroika No!
por Henrik Hernandezpublicado en
Este artículo es una advertencia: ¡Revolución Sí, Cubastroka No!
Por un cubano que no calla, no se arrodilla y no vende su conciencia.
Introducción
He seguido con atención los acontecimientos de los últimos días. He leído la entrevista de USA Today a Raúl Guillermo Rodríguez Castro. He leído el comunicado del señor Alejandro Ernesto Santamaría Tassende, quien se presenta como Jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
He leído, he pensado, he sentido. Y he decidido escribir. No porque tenga un cargo, un título o un micrófono. Escribo porque soy cubano, porque soy ciudadano, porque soy libre. Y porque hay cosas que no se pueden dejar pasar en silencio.
Raúl Guillermo: un interlocutor sin autoridad
Raúl Guillermo Rodríguez Castro no es un interlocutor válido. No lo digo porque sea familiar de los Castro. Lo digo porque carece de formación, experiencia, mandato popular y autoridad moral para hablar en nombre de Cuba.
No es delegado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
No es miembro del Consejo de Estado, ni del Consejo de Ministros.
No es miembro del Buró Político ni del Comité Central del PCC.
No es miembro del Cuerpo Diplomático cubano.
No fue elegido por nadie, en ninguna circunscripción, para representar a ningún cubano.
Que la "máxima dirección" lo haya designado no lo legitima. Al contrario: revela que las decisiones se toman en la arbitrariedad, la opacidad y el privilegio, no en la institucionalidad ni en la voluntad del pueblo.
La Revolución no se defiende con silencio y sumisión. Se defiende con coherencia, transparencia y mérito. Aquí no hay ni lo uno ni lo otro.
Santamaría: el funcionario que nadie conocía
Me tomé el tiempo de leer el comunicado firmado por quien se presenta como Jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC.
Celebro haber conocido su existencia.
Porque en todos estos años de batalla de ideas, de debate público, de discursos oficiales y llamados a la unidad, nunca había oído hablar de él. Nunca había visto su nombre en una publicación, nunca lo había escuchado en una tribuna, nunca lo había leído en un análisis de la realidad cubana.
Y de repente, en el momento en que más se necesita un argumento sólido, una explicación coherente, una defensa convincente del orden institucional... aparece él.
No para hablar de economía, apagones, salarios o crisis. Aparece para defender a Raúl Guillermo.
Dice que todo está bajo control, que la "máxima dirección" sabe lo que hace, que el "interlocutor no tradicional" es una decisión estratégica, y que cualquier cuestionamiento es manipulación enemiga.
Señor Santamaría:
Si usted tiene autoridad para marcar la línea ideológica del Partido, ¿por qué no la ejerció antes? ¿Por qué no la vimos cuando el pueblo pedía explicaciones? ¿Por qué no la escuchamos cuando el descontento crecía en las calles y en las redes?
Usted tiene un cargo importante. Pero el cargo no da autoridad moral. La autoridad moral se gana con presencia, coherencia y transparencia.
La suya, hasta ahora, había sido una ausencia notable. Su primera aparición pública no es para defender a médicos, maestros o científicos. Es para defender a un joven de 41 años —no tan joven— con apellido, lujos y declaraciones que exponen un modo de vida alejado de la realidad del cubano de a pie.
Ese joven dice sentirse dolido porque sus compatriotas no vivan como él. Pero la pregunta incómoda, señor Santamaría, es otra:
¿Por qué Raúl Guillermo no vive como el resto del pueblo cubano?
Nadie lo obliga a vivir de una forma que, según él mismo, le genera tanto dolor. Nadie lo obliga a usar Hugo Boss, Hermès y Rolex. Nadie lo obliga a viajar de lujos en jets privados.
Si realmente le duele tanto, tiene la libertad de vivir con austeridad, de compartir la vida de sus compatriotas, de poner su privilegio al servicio de la nación.
No lo hace.
Y usted, señor Santamaría, en lugar de defenderlo, debería preguntarse por su salud mental. Porque no es normal sentirse mal por algo que se elige libremente todos los días.
No dudo de su rango. Dudo de su momento.
Si el Departamento Ideológico existe para tapar el sol con un dedo cuando el escándalo es evidente, entonces tenemos un problema mucho más grave que el que puedan crear mil entrevistas de USA Today.
Gracias por presentarse, señor Santamaría. Ahora sabemos que existe. Ahora sabemos cuándo sale a hablar. Y también sabemos lo que calla.
El "periodismo amarillista": una acusación sin fundamento
Santamaría acusa a USA Today de "manipulaciones y mentiras", de "periodismo amarillista" que busca crear una narrativa de ruptura en la dirección del país.
La tesis no se sostiene.
USA Today no ha inventado nada. No ha creado una narrativa ficticia. No ha puesto palabras en boca de nadie. Lo único que ha hecho es publicar lo que Raúl Guillermo dijo: sus palabras, declaraciones, compromisos y ofrecimientos.
Si hay manipulación, que señalen en qué punto se manipuló. Si hay mentira, que indiquen qué frase fue inventada. Si hay periodismo amarillista, que expliquen qué dato fue distorsionado.
Hasta ahora, en este caso, lo único que hemos visto es un medio extranjero haciendo su trabajo: preguntar y publicar.
Lo que publicaron no fue una invención. Fue un cubano —con apellido y sin cargo— diciendo que está dispuesto a negociar con Trump, que liberaría presos políticos, y que le duele que los cubanos no puedan vivir como él.
Señor Santamaría:
Usted dice que hay manipulación. Yo le pregunto: ¿dónde?
¿En la camisa Hugo Boss? ¿En las zapatillas Hermès? ¿En el Rolex? ¿En los viajes a Panamá? ¿En la declaración de que "claro que con Trump"?
Todo eso salió de la boca de Raúl Guillermo. Todo está registrado. Todo es público.
Si hay mentiras, que las señalen. Si hay manipulaciones, que las desmonten. Pero no se puede acusar al mensajero de inventar el mensaje cuando el mensaje fue dicho en voz alta y con micrófono delante.
Y no es solo lo que dice. Es lo que muestra. Antes de la entrevista con USA Today, ya circulaban imágenes y videos de Raúl Guillermo en los que se le veía en yates, rodeado de mujeres, en fiestas privadas, al más puro estilo de una película norteamericana: vaciando una botella de champán sobre su cabeza mientras una turba celebraba.
Esas imágenes no son inventos del "periodismo amarillista". Son suyas. Son su forma de vida. Son su elección. Y mientras el pueblo cubano apaga velas en la oscuridad de los apagones, él baila al ritmo del reguetón en un yate, con un Rolex en la muñeca, y bromea diciendo que "parece como si estuviéramos en Miami, en Cancún". No es un revolucionario que comparte el sacrificio de su pueblo. Es un coronel que vive como un magnate, y que ahora, de la noche a la mañana, quiere ser el interlocutor de Cuba. ¿Con qué autoridad? ¿Con qué moral? ¿Con qué ejemplo?
En política, los malabarismos con la verdad salen caros. No porque el enemigo los use, sino porque el pueblo los ve.
El pueblo cubano —el que hace colas, sufre apagones, no tiene Rolex ni jets privados— sabe distinguir cuándo le hablan con claridad y cuándo intentan desviar la atención.
Con todo respeto, señor Santamaría:
Si va a defender a Raúl Guillermo, defiéndalo con argumentos, no con descalificaciones. Señale sus méritos, no invente conspiraciones. Explique su preparación, no acuse al periodismo.
El periodismo, con sus defectos y virtudes, hizo su trabajo. ¿Y usted? ¿Está haciendo el suyo?
La "unidad inquebrantable": el escudo de la intimidación
El Señor Santamaría nos convoca a cerrar filas en torno a una "unidad inquebrantable" y nos advierte, veladamente, que cualquier crítica a Raúl Guillermo es un servicio al enemigo.
Señor Santamaría, usted no es dueño de la unidad. La unidad no se decreta, se construye. Y no se construye con silencio, intimidación o miedo a ser señalado como "traidor".
Usted dice que cuestionar a Raúl Guillermo es hacerle el juego al enemigo. Yo le digo: acusar a patriotas y revolucionarios de ponerse al servicio del enemigo, por el simple hecho de levantar la voz en defensa de Cuba y la Revolución, es una estocada no a esos compañeros, sino a la esencia misma del pensamiento crítico que nos legaron nuestros héroes.
Yo viví la Perestroika soviética.
Vi cómo los comunistas —los verdaderos, los que creían en el socialismo— no se atrevieron a levantar la voz para no parecer, ante los ojos de los perestroikianos, como traidores o atentadores contra la unidad. El resultado lo conoce el mundo: el silencio cómplice no salvó a la URSS. La falta de debate no evitó el colapso. La sumisión no detuvo la restauración capitalista.
La unidad no es el silencio. La unidad es el debate honesto, la crítica constructiva, la corrección de rumbos a tiempo.
Usted, señor Santamaría, lo único que ha hecho con su llamado es pretender intimidar al escrutinio popular. Quiere que callemos, que no preguntemos, que no dudemos, que no señalemos lo evidente.
Pero yo no callo, aunque me asesinen en plena calle.
¿Que me condenan al ostracismo? Que me condenen.
Porque el día de mañana —cuando esta tormenta pase, cuando las piezas del ajedrez vuelvan a su lugar— podré caminar con la frente en alto. No por soberbia, sino por coherencia. No por rebeldía, sino por convicción.
Mis hijos, mis nietos y mis bisnietos podrán vivir orgullosos de su linaje, no porque heredaron un apellido, sino porque heredaron la dignidad de un hombre que no vendió su conciencia, que no traicionó sus principios, que no se arrodilló ante el poder ni se doblegó ante la intimidación.
Señor Santamaría, la Revolución no se defiende con escudos de intimidación.
Se defiende con coherencia, transparencia y mérito. En las calles, escuelas, hospitales y campos. Con el sudor de los que no tienen lujos, no con los viajes de los que viven en jets privados.
Usted puede tener un cargo, un título y un micrófono. Pero la autoridad moral no se da. Se gana. Y la suya, señor, está en entredicho.
No me intimide. No me calle.
Porque si la Revolución que defendemos necesita de mi silencio para sobrevivir, entonces esa Revolución ya está muerta.
Prefiero una Revolución incómoda, crítica y viva, que una Revolución cómplice, callada y muerta.
Por Cuba. Por la Revolución. Por la dignidad.
¡Revolución Sí, Cubastroka No!
Glosario de términos clave:
PCC Partido Comunista de Cuba:
Departamento Ideológico Órgano del Comité Central del PCC encargado de definir y supervisar la línea política y doctrinal del Partido.
Interlocutor no tradicional:
Persona designada para negociar o comunicarse con gobiernos extranjeros sin ser diplomático de carrera, usualmente por canales reservados.
Perestroika:
Proceso de reestructuración política y económica impulsado por Mijaíl Gorbachov en la URSS (1985-1991), que derivó en el colapso del sistema soviético.
Ostracismo:
Exclusión o marginación social y política de una persona por parte de un grupo o poder establecido
Fuentes iniciales de referencia:
Rodríguez, A. (2026, 6 de julio). Castro heir wants a deal with Trump for Cuba's future: 5 takeaways. USA Today. https://www.usatoday.com/story/news/world/2026/07/06/castro-heir-talks-trump-cuba/90824332007/
Hernandez, H. (2026, 9 de julio). NOTA SOBRE RAÚL GUILLERMO RODRÍGUEZ CASTRO (alias "El Cangrejo") [Publicación en Facebook]. Facebook. https://www.facebook.com/henrik.hernandez.17/posts/pfbid02CnuZBhAUvt8xXtnokD4ApFfmuP59Dj1AM5MP4QyCChT6K8u8NQqVeN8amykQKMhSl
Santamaría Tassende, A. E. (2026, 9 de julio). Comunicado sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro [Publicación en Facebook]. Facebook. https://www.facebook.com/ESHTQS/posts/pfbid02bFnQ3X9nP162M6kMb3gZFgFmGLd77JNHCQkUgocgunVT8ZZpE2Kuq6GKCwHQxqRPl
Rodríguez Castro, R. G. (2026, 6 de julio). Declaraciones en entrevista con USA Today. USA Today. https://www.usatoday.com/story/news/world/2026/07/06/castro-heir-talks-trump-cuba/90824332007/
Sobre el Autor
Henrik Hernandez es investigador independiente, editor y fundador de Tocororo Cubano. Sus líneas de trabajo abarcan la teoría de la Plusdirección, la resiliencia nacional, la soberanía económica, la geopolítica y el análisis de sistemas complejos. Ha desarrollado un enfoque interdisciplinario orientado a comprender las transformaciones del poder en el siglo XXI y su aplicación a los desafíos contemporáneos de Cuba.
Sobre el medio
Tocororo Cubano es una revista digital multidisciplinaria dedicada al análisis de la historia, la geopolítica, la cultura, la ciencia y la sociedad desde una perspectiva crítica, investigativa y fundamentada.
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