Redefinición del orden internacional y el error de cálculo anexionista
por Henrik Hernandezpublicado en
Cuba ante la transición sistémica del poder global
El fin del consenso liberal post-Guerra Fría
Las declaraciones recientes del Secretario de Estado estadounidense en la Munich Security Conference reflejan un giro doctrinal profundo: el orden internacional surgido tras 1991 es considerado insuficiente y debe ser redefinido bajo liderazgo estratégico estadounidense.
Este planteamiento supone una ruptura con el paradigma liberal sintetizado por Francis Fukuyama en The End of History and the Last Man, donde se postulaba la expansión irreversible de la democracia liberal y la centralidad del multilateralismo. La nueva narrativa reconoce que la globalización debilitó capacidades industriales occidentales y que las instituciones internacionales no garantizan automáticamente la seguridad estratégica.
La cooperación ya no se presenta como necesidad estructural, sino como opción estratégica. El énfasis se desplaza hacia soberanía productiva, autonomía tecnológica y libertad de acción.
Este cambio no es meramente retórico: es una adaptación a la competencia sistémica con grandes potencias.
Del liberalismo institucional al realismo soberanista
El nuevo enfoque se aproxima a postulados del realismo estructural (Waltz, 1979) y del realismo ofensivo (Mearsheimer, 2001). En un sistema internacional anárquico, los Estados priorizan supervivencia y poder relativo.
Desde esta perspectiva:
Las normas multilaterales son instrumentos, no fines.
La legalidad internacional no sustituye la capacidad material.
La cooperación es útil mientras refuerce el interés nacional.
La transición no implica abandono del poder estadounidense, sino su reorganización en clave soberanista.
Cuba en el nuevo cálculo estratégico
En este marco, Cuba no constituye prioridad geoestratégica equivalente a la competencia con China o al frente euroasiático. Sin embargo, mantiene valor simbólico y regional dentro del hemisferio occidental.
La redefinición doctrinal no apunta necesariamente a intervención directa. Apunta a recalibración del cálculo estratégico.
Aquí surge el primer error de los sectores anexionistas: confundir presión estructural con voluntad de ocupación.
El error de cálculo anexionista
La hipótesis de intervención o anexión parte de una premisa emocional más que estratégica. Desde la lógica costo-beneficio:
Una intervención directa implicaría:
Costos humanos y financieros elevados.
Reacción regional adversa.
Impacto reputacional significativo.
Posible activación indirecta de dinámicas multipolares.
En el actual entorno internacional, Washington prioriza competencia entre grandes potencias, no aventuras territoriales de alto costo político.
El anexionismo subestima la racionalidad estratégica estadounidense.
Identidad histórica como multiplicador de resiliencia
La identidad nacional no es un factor simbólico menor. La experiencia histórica cubana ha consolidado una narrativa de soberanía resistente a presiones externas.
Desde una perspectiva estratégica, la identidad funciona como multiplicador de costos para cualquier ocupación. Territorios con cohesión simbólica tienden a generar resistencia prolongada y dificultades de gobernabilidad.
Sin embargo, la resiliencia histórica no es automática ni infinita. Depende de condiciones materiales e institucionales.
Variable interna: el verdadero campo decisivo
La presión estructural prolongada interactúa con dinámicas internas.
Factores como:
Productividad económica.
Demografía.
Expectativas sociales.
Capacidad institucional de reforma.
Legitimidad política.
determinan la profundidad de la resiliencia.
La transición sistémica global no produce automáticamente colapso interno, pero tampoco garantiza estabilidad indefinida. El margen de maniobra cubano dependerá en gran medida de su capacidad para adaptar estructuras productivas y administrativas a un entorno prolongado de competencia.
La variable interna es el terreno donde se define la sostenibilidad estratégica.
La política exterior estadounidense: racionalidad y tensiones internas
El análisis realista tiende a tratar al Estado como actor unitario. En la práctica, la política exterior estadounidense es el resultado de interacción entre:
Ejecutivo.
Congreso.
Burocracias permanentes.
Intereses económicos.
Grupos de presión regionales.
Puede existir una gran estrategia racional y, simultáneamente, dinámicas internas que introduzcan rigidez o escaladas discursivas. No obstante, incluso esas tensiones operan dentro de límites estructurales de costo y riesgo.
La posibilidad de intervención directa sigue siendo baja dentro de ese marco.
Dimensión ruso-cubana y límites reales
La relación entre Cuba y Russia actúa como factor de disuasión indirecta, aunque no reproduce la lógica de la Guerra Fría.
Rusia enfrenta hoy límites logísticos y prioridades estratégicas en su entorno inmediato. Su capacidad para proyectar poder sostenido en el Caribe es más simbólica que estructural. Sin embargo, cualquier escalada significativa en Cuba tendría efectos indirectos en otros teatros geopolíticos, lo que eleva el umbral de riesgo para Washington.
La disuasión no es absoluta, pero sí suficiente para desincentivar escenarios extremos.
Escenarios probables para Cuba
En la actual transición sistémica, los escenarios más plausibles son:
Escenario 1: Intensificación coercitiva estructural.
Presión económica prolongada y aislamiento financiero selectivo.
Escenario 2: Negociación condicionada.
Incentivos limitados vinculados a reformas específicas. Por dignidad Cuba no la aceptará.
Escenario 3: Contención competitiva multipolar.
Evitar consolidación de alianzas estratégicas adversas sin escalar a intervención directa.
La anexión o intervención militar directa presenta baja probabilidad estructural bajo condiciones actuales, pero no se descarta.
Conclusión: transición sistémica y racionalidad estratégica
La redefinición del orden internacional implica competencia prolongada, no ocupación inmediata. El error de cálculo anexionista radica en ignorar:
Las prioridades globales de Washington.
Los costos estructurales de intervención.
La resiliencia histórica cubana.
La interacción entre presión externa y dinámica interna.
Para Cuba, el desafío no es un desembarco militar, sino una competencia sostenida en dimensiones económicas, tecnológicas y diplomáticas.
En el nuevo entorno multipolar, la confrontación directa no es el escenario dominante; la presión estructural prolongada sí lo es.
Glosario de términos clave:
Realismo estructural:
Teoría que explica la conducta estatal a partir de la estructura del sistema internacional.
Realismo ofensivo:
Corriente que sostiene que las grandes potencias buscan maximizar su poder relativo.
Anexionismo:
Postura política que promueve la incorporación de un territorio soberano a otro Estado.
Resiliencia estratégica:
Capacidad de un Estado para absorber presiones externas sin colapsar institucionalmente.
Disuasión indirecta:
Elevación de riesgos potenciales sin confrontación directa.
Fuentes consultadas:
Fukuyama, F. (1992). The end of history and the last man. Free Press.
Mearsheimer, J. J. (2001). The tragedy of great power politics. W. W. Norton.
Waltz, K. N. (1979). Theory of international politics. McGraw-Hill.
United Nations. (1945). Charter of the United Nations. https://www.un.org
Putin, V. (2007). Speech and the following discussion at the Munich Conference on Security Policy. Kremlin.ru.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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