¿Qué es el socialismo? Entre la propiedad estatal y el control real del pueblo
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
El socialismo es uno de los conceptos más invocados y, al mismo tiempo, más distorsionados en el pensamiento político contemporáneo. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, sistemas profundamente distintos han reclamado esta denominación: desde economías centralizadas hasta modelos híbridos donde el mercado ocupa un lugar determinante.
Esta dispersión conceptual plantea una cuestión fundamental: ¿puede cualquier forma de intervención estatal ser considerada socialista o es necesario un criterio más profundo que distinga entre forma y contenido?
Responder exige regresar a los fundamentos teóricos del socialismo y, simultáneamente, analizar sus transformaciones en el mundo contemporáneo.
Fundamentos: el socialismo en Karl Marx y Friedrich Engels
Para Marx y Engels, el socialismo no se define por la propiedad estatal en sí misma, sino por la transformación de las relaciones sociales de producción. El núcleo del capitalismo no reside únicamente en la propiedad privada, sino en: el trabajo asalariado, la producción orientada a la acumulación, la separación entre quienes producen y quienes deciden
Engels advirtió que el Estado puede asumir la propiedad de los medios de producción sin alterar estas relaciones, convirtiéndose en un “capitalista colectivo”. En tal caso, la relación capitalista no desaparece, sino que se reorganiza bajo formas estatales.
Por tanto, el criterio decisivo del socialismo no es jurídico, sino político y social: el control efectivo del poder económico.
Propiedad estatal y límites estructurales
La identificación entre socialismo y expansión del Estado ha sido uno de los errores más persistentes.
La experiencia histórica demuestra que un Estado puede: poseer empresas, planificar la economía y regular el mercado, sin superar las relaciones capitalistas.
El problema no radica en la propiedad formal, sino en la estructura del poder. Cuando el excedente económico es gestionado por una élite —aunque sea estatal— y los trabajadores permanecen como asalariados sin capacidad de decisión, la lógica del capital sigue operando.
El llamado “socialismo administrado”
En el siglo XXI ha emergido una forma específica de organización que suele denominarse “socialismo administrado”.
Sin embargo, en sentido estricto, este modelo no constituye una forma de socialismo, sino una modalidad de capitalismo de Estado legitimado mediante discurso socialista.
Se caracteriza por: dirección política centralizada, uso extensivo del mercado y acumulación de capital bajo regulación estatal
El resultado es una transformación del socialismo en un sistema de gestión del capital. La eficiencia sustituye a la conciencia, y la estabilidad se convierte en el valor dominante.
América Latina: progresismo y continuidad estructural
Experiencias como el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, asociado a Hugo Chávez, o la “Revolución Ciudadana” de Rafael Correa, ampliaron derechos sociales y fortalecieron el papel del Estado.
No obstante, estas transformaciones no modificaron de manera sustantiva las relaciones de producción. La economía continuó estructurada en torno al trabajo asalariado, la acumulación y la inserción en el mercado global.
En este sentido, estos modelos pueden interpretarse como formas de administración del Estado burgués con orientación redistributiva. La inclusión social, aunque relevante, tendió a estabilizar el sistema más que a transformarlo en su base.
China y la racionalidad del desarrollo
El modelo chino representa la expresión más desarrollada de esta forma histórica.
Bajo la dirección de Xi Jinping, se articula una combinación de planificación estatal, expansión del mercado y acumulación de capital que ha generado resultados económicos significativos.
Sin embargo, esta dinámica introduce una transformación conceptual profunda: el sujeto revolucionario es sustituido por indicadores estadísticos. El progreso se mide en términos de crecimiento, ingresos y estabilidad, mientras la cuestión del control social de la producción queda desplazada.
El pueblo se mide, no se emancipa.
El problema de la escala
El desafío central del socialismo contemporáneo no es únicamente la crítica al capitalismo, sino la construcción de mecanismos efectivos de control social en contextos de alta complejidad económica.
Experiencias históricas como la Comuna de París, el consejismo o la autogestión han intentado responder a este problema, enfrentando tensiones entre participación, eficiencia y coordinación.
El problema de la escala permanece abierto. No existe aún una forma plenamente resuelta de articular control social directo en economías altamente complejas y globalizadas. Las experiencias históricas no han logrado estabilizar esta relación sin generar nuevas formas de concentración del poder.
En este sentido, el socialismo no puede entenderse como un modelo acabado, sino como un campo de experimentación histórica donde la tensión entre coordinación y control social sigue siendo una contradicción no resuelta.
Hacia una arquitectura del control social
El socialismo no implica la eliminación de la organización, sino su subordinación al control social.
Esto requiere al menos tres condiciones:
1. Control del excedente
La sociedad debe decidir participativamente, sobre la distribución de la riqueza.
2. Participación vinculante
La intervención popular debe tener efectos reales.
3. Revocabilidad del poder
Las estructuras de dirección deben ser temporales y controlables.
El problema no es la existencia de dirección, sino su autonomización.
Cuba: entre rediseño estructural y control social
Cuba enfrenta una encrucijada marcada no por simples reformas, sino por la necesidad de un rediseño consciente de su estructura económica, capaz de articular eficiencia productiva con control social efectivo, sin desnaturalizar el proyecto histórico de la Revolución.
Existen mecanismos formales de participación como las asambleas del Poder Popular y procesos de consulta. Sin embargo, la cuestión decisiva no es su existencia formal, sino su capacidad real de incidir en la gestión económica y en el control del excedente.
El problema ya no es la ausencia de participación, sino su eficacia estructural dentro del sistema económico.
La expansión de MIPYMES, la inversión extranjera y las formas mixtas de propiedad forman parte de este proceso de rediseño. Sin embargo, sin mecanismos efectivos de control social, estas transformaciones pueden desplazar progresivamente el poder económico fuera del ámbito colectivo.
El problema no es el uso de mecanismos de mercado, sino la pérdida del control social sobre la economía en el proceso de rediseño.
El desafío no es adaptar el socialismo a las nuevas condiciones, sino rediseñarlo sin perder su fundamento: el control del pueblo sobre el poder económico.
Conclusión
El socialismo no puede definirse por la magnitud del Estado ni por el grado de planificación.
Su criterio esencial es: la capacidad real de la sociedad de controlar la producción, el excedente y su propio destino económico.
Allí donde este control no existe, el sistema puede conservar su denominación, pero su contenido se transforma.
Reflexión final
“El socialismo no es la gestión del capital por el Estado, sino la superación del capital por la sociedad.”
— Henrik Hernández
Glosario de términos clave:
Socialismo:
Sistema de organización socioeconómica definido, en su sentido marxista, no por la propiedad estatal en sí misma, sino por la transformación de las relaciones de producción y el control efectivo del poder económico por parte de la sociedad. Su objetivo es la superación del trabajo asalariado y de las clases sociales.
Capitalismo de Estado:
Forma de organización en la que el Estado asume la propiedad o gestión de sectores económicos, pero mantiene las relaciones capitalistas fundamentales (trabajo asalariado, acumulación de capital y separación entre productores y control del excedente). Fue críticamente analizado por Friedrich Engels como una posible evolución del capitalismo, no como socialismo.
Control social del excedente:
Capacidad efectiva de la sociedad para decidir sobre la producción, distribución y uso del excedente económico. Este concepto es el criterio central para distinguir entre socialismo real y formas de gestión estatal del capital.
Socialismo administrado:
Categoría analítica que describe sistemas donde el Estado dirige la economía y regula el capital, pero sin transferir el control económico a la sociedad. En sentido estricto, se interpreta como una forma de capitalismo de Estado con legitimación socialista.
Rediseño estructural:
Proceso de transformación consciente de la arquitectura económica y política de un sistema, que va más allá de reformas parciales. Implica reorganizar las relaciones de poder, los mecanismos de decisión y el control del excedente para alinear el sistema con sus objetivos históricos.
Fuentes consultadas:
Engels, F. (1878/1978). Anti-Dühring (La revolución de la ciencia por el señor Eugen Dühring). Editorial Progreso.
Xi, J. (2019). Zhejiang, China: Una nueva visión sobre el desarrollo. Foreign Languages Press. https://flpress.stores.fblife.com/products/zhejiang-china-a-new-vision-for-development
Fuentes complementarias:
CPC Central Committee Bimonthly. (2021, August 17). Xi's discourses on new development stage, philosophy, paradigm published. QUISHI.
https://en.qstheory.cn/2021-08/17/c_651769.htm
China Today. (2020, August 27). Xi Jinping: The Governance of China III—Comprehensive vision and creative ideas. http://www.chinatoday.com.cn/ctenglish/2018/hotspots/2021lh/commentary/202103/t20210302_800237863.html
Whyte, M. K. (2021). China’s economic development history and Xi Jinping’s “China dream”: An overview with personal reflections. Harvard University.
https://scholar.harvard.edu/sites/scholar.harvard.edu/files/martinwhyte/files/whyte_jinping_reflections.pdf
Pino Acevedo, J. C., Correa García, L. A., Ortega de Ávila, E., & Ramírez Sotelo, M. (2025). El ascenso de China como potencia mundial: Un análisis de su trayectoria. ResearchGate. https://www.researchgat
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