Más allá del bloqueo: recursos, plusdirección y la disputa material sobre Cuba
por Henrik Hernandezpublicado en
Más allá de la ideología: integración de explicaciones
El presente análisis no niega la relevancia de factores ideológicos, históricos o políticos en la relación entre Estados Unidos y Cuba, incluyendo la dinámica de la Guerra Fría, el papel del "exilio" cubanoamericano o las diferencias de sistema político.
Sin embargo, plantea que estas explicaciones, aunque relevantes, resultan insuficientes para comprender la persistencia y la intensidad del conflicto. La incorporación de la dimensión material —recursos, posición geográfica y control de flujos— permite identificar una capa estructural más profunda, en la que la disputa se orienta hacia la limitación de la capacidad de Cuba para constituirse en un nodo autónomo de poder.
Introducción: del conflicto visible a la estructura material
El conflicto histórico entre Estados Unidos y Cuba ha sido interpretado predominantemente desde perspectivas ideológicas, políticas o geoestratégicas. Sin embargo, una comprensión más profunda exige desplazar el eje de análisis hacia su base material: los recursos naturales, la posición geográfica y la capacidad efectiva de transformar ambos en poder económico, logístico e industrial.
El bloqueo no puede reducirse a un conjunto de sanciones comerciales. En su dimensión estructural, constituye un sistema de restricciones que incide directamente en la capacidad de Cuba para activar sus recursos, acceder a tecnología, obtener financiamiento, reducir su riesgo país e integrarse soberanamente a los flujos globales de comercio. En este marco, la noción de plusdirección resulta central: no basta con poseer recursos o una posición geográfica privilegiada; lo decisivo es quién controla los procesos que convierten esas condiciones en valor económico efectivo y en capacidad estratégica.
Desde esta perspectiva, la agresividad histórica de Estados Unidos hacia Cuba no se explica únicamente por razones ideológicas. Se vincula también con la necesidad de impedir que el país se convierta en un nodo autónomo de poder en el Caribe, capaz de articular recursos tangibles, capacidades industriales y posición geográfica en una base material de soberanía.
Nota metodológica sobre estimaciones
Las cifras presentadas en este ensayo deben interpretarse como rangos aproximados derivados de fuentes geológicas, energéticas y análisis comparados. En particular:
Las estimaciones de hidrocarburos en la ZEE cubana del Golfo de México se basan en evaluaciones del U.S. Geological Survey y la U.S. Energy Information Administration, que sitúan el potencial en torno a 4.6 mil millones de barriles técnicamente recuperables, aunque otras proyecciones amplían el rango según metodologías exploratorias.
Las proporciones relativas de superficie en el Golfo de México responden a aproximaciones geográficas derivadas de delimitaciones marítimas entre Cuba, Estados Unidos y México, y deben interpretarse como estimativas comparativas.
Los rankings de producción y reservas minerales pueden variar según fuente y año, por lo que se presentan como rangos interpretativos más que valores absolutos.
Recursos estratégicos: la materialidad de la disputa
Cuba dispone de una base de recursos naturales más amplia de lo que suele reconocerse en el debate público. Entre ellos destacan los metales estratégicos —especialmente níquel y cobalto—, los hidrocarburos potenciales en su zona económica exclusiva del Golfo de México, los minerales no metálicos de alto valor industrial, como las arcillas caoliníticas y refractarias, y metales preciosos como el oro y la plata.
La relevancia de estos recursos no radica únicamente en su valor de mercado, sino en su capacidad para sostener procesos de industrialización, generar encadenamientos productivos, sustituir importaciones, participar en cadenas tecnológicas globales y reducir la dependencia externa. En consecuencia, la disputa sobre Cuba no puede comprenderse sin considerar el control potencial de estos activos materiales.
Clasificación de los recursos según nivel de cuantificación y desarrollo
La diversidad de recursos identificados en el territorio cubano presenta distintos grados de conocimiento geológico, cuantificación y viabilidad de explotación. Para efectos analíticos, resulta pertinente distinguir tres niveles:
Nivel I: Recursos cuantificados y con base empírica sólida
Incluye aquellos recursos cuya magnitud ha sido estimada mediante estudios geológicos y proyectos específicos. En este grupo se encuentran el níquel, el cobalto, el oro, la plata, el antimonio y, en términos funcionales, las arcillas industriales.
Nivel II: Recursos con estimaciones técnicas preliminares
Corresponde a recursos cuya existencia y magnitud han sido evaluadas mediante estudios geológicos regionales, pero cuya explotación depende de condiciones tecnológicas y financieras complejas. Aquí se ubican el petróleo y el gas natural en la zona económica exclusiva cubana del Golfo de México.
Nivel III: Recursos identificados pero no cuantificados como reservas explotables
Incluye minerales cuya presencia ha sido confirmada en estudios académicos y geológicos, pero que no cuentan aún con estimaciones consolidadas de reservas o viabilidad económica. En este grupo se encuentran el escandio, los metales del grupo del platino, las tierras raras, el molibdeno, el tungsteno, el titanio y otros minerales asociados a sistemas complejos.
Esta clasificación no implica una jerarquía de importancia, sino que refleja el estado actual de conocimiento, exploración y desarrollo tecnológico de cada recurso dentro de la estructura económica cubana.
Níquel y cobalto: reservas estratégicas y soberanía incompleta
Entre los recursos cubanos, el níquel y el cobalto ocupan un lugar central. Cuba ha figurado históricamente entre los principales productores y exportadores de níquel del mundo y posee reservas significativas a escala internacional. En términos aproximados, se ha trabajado en esta conversación con una franja de 5 a 7 millones de toneladas de níquel, lo que ubica al país entre los actores relevantes del sistema mundial de este mineral.
En el caso del cobalto, la importancia es aún más reveladora. Cuba posee un estimado de medio millón de toneladas métricas de reservas conocidas, lo que la sitúa entre los primeros países del mundo. En la conversación se manejó la idea de Cuba como tercera reserva mundial conocida en determinados recuentos, detrás de la República Democrática del Congo y Australia, aunque otras clasificaciones la ubican entre el tercer y el quinto lugar. Más importante que la variación exacta del ranking es la constatación estructural: Cuba es un actor mundial relevante en reservas de cobalto.
Este dato adquiere importancia estratégica porque el cobalto es un insumo crítico en baterías para vehículos eléctricos, electrónica, sistemas de comunicación inalámbrica, aleaciones especiales, industria militar y aeroespacial. Su demanda mundial ha crecido aceleradamente y su valor no reside solo en la extracción, sino en su inserción en cadenas de alto valor tecnológico.
La producción cubana de cobalto se encuentra asociada al níquel, particularmente en la región de Moa, y vinculada a procesos de refinación en cooperación con Sherritt International, incluyendo su refinería en Canadá. Ese dato es estructuralmente importante porque muestra la distancia entre reserva geológica y control integral del proceso de valorización. Cuba posee el mineral, participa en su extracción y en parte de su producción, pero no controla plenamente toda la cadena industrial, tecnológica y comercial.
Ahí aparece una contradicción clave: Cuba ocupa una posición relevante en reservas, pero mucho menor en la estructura global de apropiación del valor. Dicho de otro modo: el recurso existe, pero su conversión en poder soberano es incompleta. Esa brecha entre subsuelo, proceso industrial y captura del excedente es precisamente uno de los campos donde opera la plusdirección.
La Demajagua: oro, plata y antimonio en la Isla de la Juventud
El yacimiento La Demajagua, en la Isla de la Juventud, constituye una evidencia concreta de la existencia de recursos minerales de alto valor en Cuba. Las investigaciones desarrolladas por la empresa australiana Antilles Gold en asociación con GeoMinera S.A. permitieron cuantificar el depósito y mostrar que no se trata de una conjetura, sino de una base material real.
Los datos trabajados en la conversación indican la presencia de aproximadamente 9.55 millones de toneladas de mineral, con un contenido estimado de 771,000 onzas de oro —equivalentes a unas 24 toneladas— y 8.15 millones de onzas de plata, equivalentes a unas 253 toneladas. En términos de oro equivalente, el yacimiento alcanza unas 905,000 onzas.
Las proyecciones de explotación señalan una producción anual de entre 50,000 y 56,000 onzas de oro, unas 600,000 onzas de plata y entre 2,700 y 3,000 toneladas de antimonio. Con una vida útil estimada entre 9 y 11 años, el proyecto podría generar ingresos totales del orden de 880 millones a 1,700 millones de dólares, según escenarios y precios de referencia discutidos.
Estas cifras confirman que no se trata de un recurso marginal. La Demajagua constituye un activo de significación económica real. Pero su importancia no se limita al oro y la plata. La presencia de antimonio añade una dimensión tecnológica crítica, dado que ese mineral es importante para semiconductores, aplicaciones energéticas y usos militares. En consecuencia, el yacimiento debe interpretarse no solo como fuente de ingresos, sino como parte de una geoeconomía de minerales estratégicos.
Y, sin embargo, el proyecto no ha alcanzado una explotación industrial consolidada. Aquí reaparece la contradicción estructural: el recurso existe, el conocimiento geológico existe, el interés extranjero existe, pero la capacidad soberana de activarlo sigue condicionada por capital, tecnología, financiamiento y riesgo inducido.
Petróleo y gas en el Golfo de México: soberanía formal y capacidad limitada
La dimensión energética es otro componente central de la base material cubana. En la conversación se trabajó con la estimación, atribuida de manera general al entorno del USGS y estudios asociados, de 4.6 mil millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables y alrededor de 9 a 10 billones de pies cúbicos de gas natural en la zona económica exclusiva cubana del Golfo de México. En otras partes de la conversación también se manejó una franja más amplia de 4 a 9 mil millones de barriles, lo cual sugiere que la cuantificación debe presentarse como estimativa y sujeta a distintos cortes metodológicos.
La cuestión clave no es solo la existencia del recurso, sino la posición relativa de Cuba en la geografía del Golfo. En términos aproximados, se trabajó aquí con la idea de que Cuba posee alrededor de 8% a 12% de la superficie del Golfo de México dentro de la lógica de sus espacios marítimos, mientras que Estados Unidos concentraría aproximadamente 50%–55% y México 35%–40%. Cuba no “tiene poco” en términos jurídicos arbitrarios; tiene lo que le corresponde por geografía y delimitación marítima. El problema no es solamente la extensión, sino la capacidad real de exploración y explotación.
Estados Unidos y México poseen ventajas tecnológicas, financieras y operativas decisivas en aguas profundas y ultra profundas. Cuba, por el contrario, enfrenta limitaciones de capital, acceso a tecnología, financiamiento y riesgo país, agravadas por el bloqueo y las sanciones. El resultado es una paradoja clara: existe una base energética potencial, pero no existe una capacidad equivalente para convertirla en poder efectivo.
Desde la lógica de la plusdirección, este caso es ejemplar. La soberanía formal sobre el espacio marítimo no equivale a control real sobre el recurso. El recurso puede estar bajo jurisdicción cubana, pero si la exploración, la tecnología, el crédito y la comercialización dependen de estructuras externas, la capacidad soberana queda disminuida.
La coexistencia de diferentes estimaciones responde a diferencias metodológicas entre evaluaciones conservadoras —basadas en recursos técnicamente recuperables— y proyecciones exploratorias más amplias que incorporan incertidumbre geológica.
Arcillas caoliníticas y refractarias: recursos invisibles, base industrial visible
No todos los recursos estratégicos brillan como el oro ni ocupan titulares como el petróleo. Un aporte importante de esta conversación ha sido rescatar el valor de las arcillas caoliníticas y refractarias como recursos estructurales de soberanía material.
A partir de estudios académicos realizados en universidades cubanas, especialmente en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas y en investigaciones publicadas en Minería y Geología, quedó claro que Cuba posee arcillas con composición y comportamiento termoquímico de alto interés industrial. Estas arcillas presentan contenidos relevantes de SiO₂ y Al₂O₃, acompañados por minerales como montmorillonita e illita, y muestran procesos térmicos característicos de materiales aptos para cerámicas técnicas y refractarios.
El punto clave aquí no es solo geológico, sino político-económico. No se trata de un recurso exótico, sino de un recurso de base. Las arcillas permiten producir materiales de construcción, refractarios para hornos, componentes para procesos metalúrgicos y otras aplicaciones industriales de gran importancia. Es decir, no representan solo valor de intercambio, sino capacidad interna de transformación productiva.
Por eso su importancia es, en cierto sentido, aún más profunda que la de un recurso exportable. Las arcillas son infraestructura material de una política de sustitución de importaciones, de base industrial y de soberanía material. Y, sin embargo, permanecen en gran medida invisibilizadas en la narrativa pública y escasamente integradas en una estrategia industrial visible, sostenida y sistémica.
Aquí la contradicción es aún más nítida: no falta conocimiento; el conocimiento ya fue producido. Lo que falta es la articulación entre conocimiento, recurso y política industrial. Esa desconexión muestra que la limitación estructural no opera solo desde fuera, sino también a través de inercias internas que impiden convertir ciencia en producción.
Tabla integrada de recursos estratégicos de Cuba
La siguiente tabla sintetiza los principales recursos tratados en esta conversación, su magnitud aproximada, su posición relativa y su significado estratégico. No pretende ser un inventario geológico exhaustivo, sino una base estructural para el análisis.
| Recurso | Ubicación | Estimación | Posición mundial | Uso estratégico | Nivel explotación |
| Níquel | Moa | 5–7 Mt | Top 10 | Acero, baterías | Alto |
| Cobalto | Moa | ~500,000 t | Top 3–5 | Energía, defensa | Medio |
| Oro | Isla Juventud* | ~24 t | Bajo | Reserva | Bajo |
| Plata | Isla Juventud | ~253 t | Bajo | Electrónica | Bajo |
| Antimonio | Isla Juventud | ~3,000 t/año | Emergente | Tecnología | Muy bajo |
| Petróleo | Golfo México | ~4.6–9 mil millones barriles | Regional | Energía | Muy bajo |
| Gas | Golfo México | ~9–10 TCF | - | Energía | Bajo |
| Escandio | Cajálbana | Asociado lateritas | Potencial | Aeroespacial | Muy bajo |
| Recurso | Ubicación | Estimación | Posición mundial | Uso estratégico | Nivel explotación |
| REE | Varias | No cuantificado | - | Electrónica | Muy bajo |
| PGE | Moa | Subproducto | - | Hidrógeno, catalizadores | Muy bajo |
| Molibdeno | Sierra Maestra | Asociado pórfidos | - | Acero | Muy bajo |
| Tungsteno | Isla Juventud | Histórico | - | Defensa | Muy bajo |
| Manganeso | Granma | Histórico | - | Acero | Bajo |
| Titanio | Varias | Potencial | - | Aeroespacial | Bajo |
| Cromo | Varias | Moderado | - | Metalurgia | Bajo |
| Arcillas | Nacional | Abundantes | - | Industria | bajo |
Esta tabla permite una conclusión clara: Cuba no es un país sin recursos. La limitación principal no es geológica, sino estructural.
Nota interpretativa sobre la duplicación de recursos
Algunos recursos, como la cromita, aparecen tanto en la tabla principal como en la tabla complementaria debido a su doble condición analítica. Por un lado, forman parte de la base mineral conocida del país; por otro, se insertan en sistemas geológicos más amplios vinculados a minerales críticos emergentes. Esta duplicación responde, por tanto, a una diferenciación de niveles de análisis —económico-productivo y geológico-estructural— y no a una redundancia accidental.
* Existen yacimientos en otros lugares, algunos en explotación.
Ofiolitas y cromita: fundamento geológico del potencial mineral cubano
La estructura geológica de Cuba incluye extensos complejos ofiolíticos, particularmente en regiones como Pinar del Río y el oriente del país. Estas formaciones, compuestas por rocas máficas y ultramáficas de origen oceánico, constituyen uno de los rasgos más relevantes del subsuelo cubano.
Las ofiolitas explican la presencia de depósitos de cromita (Cr), así como la formación de lateritas ricas en níquel y cobalto. Además, estos sistemas geológicos están asociados a la posible presencia de elementos del grupo del platino (PGE) y otros minerales estratégicos en concentraciones variables.
En este sentido, la importancia de las ofiolitas no se limita a un recurso específico, sino a su carácter de sistema generador de múltiples minerales estratégicos. Constituyen la base estructural que conecta diversos recursos analizados en este ensayo, desde el níquel hasta los metales críticos emergentes.
Posición geográfica y rutas marítimas: el recurso intangible mayor
La relevancia estratégica de Cuba no se agota en el subsuelo. La isla ocupa una posición excepcional en la intersección del Golfo de México, el mar Caribe y el océano Atlántico, en proximidad inmediata a corredores marítimos de alta densidad como el Estrecho de Florida y el Canal de Yucatán, y en conexión funcional con el Canal de Panamá.
Este punto debe entenderse como un recurso en sí mismo. A escala global, aproximadamente 80%–90% del comercio mundial se transporta por vía marítima. El Canal de Panamá moviliza anualmente más de 500 millones de toneladas de carga y alrededor de 14,000 buques. Por su parte, en la conversación se trabajó con la idea de que el sistema Caribe–Golfo–Panamá representa del orden de 12% a 18% del comercio marítimo mundial, mientras que el Canal de Panamá por sí solo concentraría en torno a 5%–6% del comercio global. También se manejó que el Golfo de México participa aproximadamente en 15% del tráfico marítimo energético mundial, y en otra formulación se habló de 20%–25% del comercio marítimo de petróleo vinculado al sistema más amplio del Golfo y Caribe. La diferencia entre ambas cifras responde a qué segmento exacto del flujo se está midiendo, pero ambas refuerzan una misma idea: se trata de una zona de altísima densidad económica y energética.
Cuba se encuentra, por tanto, en el entorno de circulación de cientos de millones de toneladas de mercancías y energía anualmente. Esta ubicación le confiere un valor geoeconómico que trasciende sus recursos internos. Su territorio podría funcionar como plataforma logística, nodo portuario, espacio de almacenamiento energético y punto de articulación entre rutas regionales y transoceánicas.
Por eso Cuba no solo es estratégica por lo que posee, sino por dónde está. Y por eso también la Base Naval de Guantánamo no puede interpretarse solo como un residuo histórico, sino como parte de una arquitectura de presencia en un espacio de valor geoestratégico permanente.
El escandio en las lateritas cubanas: un activo geopolítico latente
Un elemento de especial relevancia que no suele ser considerado en los análisis convencionales sobre los recursos cubanos es el escandio (Sc), un metal crítico de alta demanda y extremadamente baja oferta global. Investigaciones recientes publicadas en la revista Minería y Geología (2023), junto con estudios mineralógicos internacionales (Aiglsperger et al., 2016), han identificado concentraciones anómalas de escandio en perfiles lateríticos asociados a depósitos de níquel en Cuba, particularmente en el yacimiento Cajálbana, en la provincia de Pinar del Río.
Este depósito presenta aproximadamente 51 millones de toneladas de recursos lateríticos en categoría inferida, dentro de los cuales el escandio aparece concentrado en las zonas superiores del perfil, asociado a fases ricas en óxidos de hierro y manganeso. Este patrón de distribución coincide con modelos geológicos internacionales donde el escandio puede ser recuperado como subproducto durante el procesamiento de níquel y cobalto.
Desde una perspectiva geoeconómica, el escandio posee un valor estratégico excepcional. Se utiliza en aleaciones de aluminio-escandio para la industria aeroespacial, donde mejora significativamente la resistencia, ligereza y comportamiento estructural de los materiales. Asimismo, es un componente clave en celdas de combustible de óxido sólido (SOFC) y en aplicaciones tecnológicas avanzadas vinculadas a la transición energética.
La relevancia del escandio radica en el hecho de que su producción mundial es limitada, concentrada principalmente en Rusia y China, y no responde plenamente a la demanda creciente. En este contexto, la existencia de un recurso potencialmente recuperable en las lateritas cubanas sitúa al país en una posición estratégica latente dentro de un mercado altamente restringido.
No obstante, al igual que ocurre con otros recursos cubanos, la existencia del mineral no implica su aprovechamiento efectivo. La ausencia de capacidades tecnológicas para su recuperación, así como las limitaciones estructurales impuestas por el entorno económico y financiero, convierten al escandio en un ejemplo paradigmático de recurso estratégico no activado.
Desde el punto de vista económico, el escandio presenta valores significativamente elevados en el mercado internacional. El precio del óxido de escandio ha alcanzado rangos aproximados de 4,000 a 5,000 USD por kilogramo en mercados especializados, lo que refleja tanto su escasez relativa como su alta demanda en sectores tecnológicos avanzados.
PGE en lateritas cubanas: valor oculto en la minería del níquel
Las lateritas niquelíferas cubanas no solo contienen níquel y cobalto, sino también concentraciones detectables de metales del grupo del platino (PGE), incluyendo platino (Pt), paladio (Pd) y rodio (Rh). Estudios mineralógicos han identificado estos elementos asociados a estructuras residuales como espinelas cromíticas y a fases ricas en óxidos de hierro y manganeso en los niveles superiores de los perfiles lateríticos.
Aunque estos metales no forman actualmente parte de la producción minera cubana, su presencia como subproductos potenciales introduce una dimensión adicional al valor estratégico de los yacimientos. Los PGE son fundamentales en múltiples sectores de alta tecnología:
Catalizadores automotrices (reducción de emisiones)
Electrónica avanzada: Tecnologías del hidrógeno (electrolizadores y pilas de combustible). Industria química y farmacéutica.
En términos de valor de mercado, estos metales suelen alcanzar precios por onza significativamente superiores al oro en determinados contextos, lo que incrementa su importancia económica.
La no explotación de estos elementos en Cuba no responde a su inexistencia, sino a la ausencia de procesos metalúrgicos avanzados capaces de separarlos eficientemente durante la producción de níquel y cobalto. Esto revela nuevamente una brecha entre recurso geológico y capacidad de valorización, que se inscribe en la lógica de la plusdirección.
Tierras raras (REE) en Cuba: dispersión geológica y potencial estratégico
El análisis de los recursos cubanos debe incorporar de manera más explícita la presencia de elementos de tierras raras (REE), cuya importancia en la economía global contemporánea es ampliamente reconocida. Estudios recientes sobre suelos y perfiles geológicos en Cuba han identificado la presencia de REE en múltiples contextos, incluyendo lateritas niquelíferas y suelos derivados de diferentes formaciones geológicas.
Un estudio nacional de 2023 reporta la presencia de REE en al menos 33 perfiles de suelo, con predominio de elementos como cerio (Ce), neodimio (Nd), lantano (La), praseodimio (Pr) y samario (Sm). Asimismo, se han identificado concentraciones anómalas de samario asociadas a depósitos lateríticos en Cajálbana.
Estos elementos son críticos para: imanes permanentes (vehículos eléctricos, turbinas eólicas), electrónica avanzada, sistemas de defensa, tecnologías de comunicación.
La producción mundial de tierras raras está altamente concentrada, con China controlando más del 80% del mercado. En este contexto, la existencia de REE en Cuba, aunque no cuantificada en términos de reservas explotables, representa un potencial estratégico que podría adquirir relevancia en escenarios de diversificación global de suministro.
Sistemas porfídicos en Cuba: cobre, oro y molibdeno como eje metalúrgico
Otro componente relevante de la base mineral cubana es la existencia de sistemas porfídicos de cobre, oro y molibdeno (Cu-Au-Mo), particularmente en regiones como la Sierra Maestra y Cuba central.
Proyectos como El Pilar han sido descritos como potenciales “company maker”, con mineralización de cobre que evoluciona hacia sistemas de sulfuros más profundos. Asimismo, la concesión La Cristina, con una extensión de aproximadamente 53,710 hectáreas, presenta características geológicas compatibles con sistemas porfídicos, incluyendo alteración hidrotermal y un corredor estructural significativo (4.5 km x 2.2 km).
El interés estratégico de estos sistemas radica no solo en el cobre y el oro, sino en la presencia de molibdeno (Mo), un elemento clave para: endurecimiento de aceros, aplicaciones militares e infraestructuras energéticas.
Históricamente, la región de El Cobre, en Santiago de Cuba, constituye uno de los centros mineros más antiguos de América, lo que confirma la continuidad geológica de este tipo de depósitos en el territorio cubano.
Recursos estratégicos históricos: manganeso y wolframio
Cuba posee también depósitos de manganeso (Mn), particularmente en la zona de Guisa-Los Negros, en la provincia de Granma, así como en otras localidades. Este mineral ha sido explotado históricamente, especialmente durante las guerras mundiales, debido a su importancia en la producción de acero.
El manganeso es esencial para: desulfuración del acero, producción de baterías e industria química.
Por otro lado, el tungsteno (W) o wolframio, identificado en depósitos como “Lela” en la Isla de la Juventud, representa un recurso de alta importancia estratégica. Este metal posee el punto de fusión más alto entre los metales y se utiliza en: herramientas de corte, blindajes, aplicaciones militares y electrónica avanzada.
La existencia de estos recursos refuerza el carácter diversificado de la base mineral cubana, incluso en sectores menos visibilizados.
Zeolitas en Cuba: relevancia real y precisión analítica
El análisis de los recursos cubanos debe también atender a la precisión de los datos utilizados. En este sentido, la afirmación de que Cuba se encuentra entre los principales productores mundiales de zeolitas no cuenta con respaldo suficiente en fuentes verificables.
Las zeolitas sí están presentes en el país y constituyen un recurso relevante, con aplicaciones en: tratamiento de aguas, agricultura e industria química.
Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que Cuba debe ser considerada como un productor relevante a escala regional, más que como un actor dominante a nivel global. Esta corrección no reduce la importancia del recurso, pero sí fortalece el rigor analítico del ensayo.
Tabla complementaria: minerales críticos y recursos estratégicos no explotados o subexplotados en Cuba
| Recurso | Ubicación principal | Base geológica/ depósito | Estimación disponible | Posición mundial | Uso estratégico | Estado de explotación |
| Escandio (Sc) | Cajálbana (Pinar del Río) | Lateritas niquelíferas (niveles superior | Asociado a ~51 Mt de recursos lateríticos inferidos | Potencial relevante (oferta global limitada) | Aleaciones aeroespaciales, SOFC, tecnología avanzada | No explotado |
| Metales del Grupo del Platino (PGE: Pt, Pd, Rh) | Moa (Holguín) y otras zonas lateríticas | Asociados a espinelas cromíticas y óxidos Fe-Mn en lateritas | No cuantificado | Mercado altamente concentrado (Sudáfrica, Rusia) | Catalizadores, hidrógeno, electrónica, industria química | No explotado (subproducto potencial) |
| Tierras Raras (REE: Ce, Nd, La, Pr, Sm) | Cajálbana, Moa, diversos perfiles de suelo | Lateritas y suelos derivados de diversas litologías | Identificadas en ≥33 perfiles; no cuantificadas como reserva | Potencial emergente | Imanes permanentes, defensa, electrónica, energías renovables | No explotado |
| Molibdeno (Mo) | Sierra Maestra (La Cristina, El Pilar) | Sistemas porfídicos Cu-Au-Mo | No cuantificado | Mercado dominado por China, EE.UU., Chile | Aceros especiales, defensa, energía | No explotado |
| Cobre (Cu) – pórfidos | Sierra Maestra y Cuba central | Sistemas porfídicos (ej. El Pilar, La Cristina) | No cuantificado | Relevante global si se desarrolla | Infraestructura, energía, electrificación | Subexplorado |
| Tungsteno (W) | Isla de la Juventud (depósito “Lela”) | Depósitos hidrotermales históricos | No cuantificado | Mercado estratégico reducido (China dominante) | Herramientas de corte, blindaje, defensa | No explotado (histórico) |
| Manganeso (Mn) | Guisa-Los Negros (Granma) | Depósitos sediment | Producción histórica; sin estimación actual consolidada | Relevancia media global | Acero, baterías, química | Subexplotado |
| Titanio (ilmenita, rutilo) | Varias regiones | Arenas minerales y depósitos secundarios | No cuantificado | Mercado global estratégico | Aeroespacial, pigmentos, medicina | Potencial no desarrollado |
| Cromo / Cromita (Cr) | Pinar del Río y complejos ofiolíticos | Asociado a ultramáficas y cromitas | Reservas moderadas | Uso global extendido | Acero inoxidable, superaleaciones | Subexplotado |
| Minerales industriales diversos (barita, bentonita, feldespato, fosforita, grafito, mica, olivino, cuarzo, sal de roca) | Diversas regiones | Depósitos sedimentarios y metamórficos | Identificados por MINCEX; algunos con proyectos de inversió | Sin relevancia global dominante | Industria química, construcción, agricultura | Parcial / bajo desarrollo |
Nota: Los recursos listados en esta tabla corresponden a minerales identificados en estudios geológicos y académicos, así como en carteras oficiales de inversión. En la mayoría de los casos, su cuantificación en términos de reservas explotables es limitada o inexistente, lo que indica un estado de subexploración o ausencia de desarrollo tecnológico e industrial para su aprovechamiento.
Plusdirección ampliada: control de recursos y control de flujos
La incorporación de la variable geográfica amplía el concepto de plusdirección. Ya no se trata únicamente del control del excedente generado por recursos internos, sino también de la capacidad de integrarse, influir o capturar valor en los flujos globales que atraviesan el entorno territorial.
En este sentido, Cuba no solo posee recursos. Está situada en una zona donde circula una fracción importante del excedente global en forma de mercancías, energía, capital y servicios logísticos. La plusdirección, aplicada a este plano, implica preguntarse no solo quién controla los minerales, el petróleo o las arcillas, sino también quién controla los corredores, los puertos, los seguros, la tecnología marítima, los financiamientos y la inserción de la isla en la red global.
Aquí aparece con mayor claridad la lógica estructural del conflicto. La presión sobre Cuba no necesita expresarse como ocupación directa de todos sus recursos. Basta con impedir que Cuba articule sus recursos tangibles e intangibles en una base autónoma de poder. Ese “impedir” puede tomar la forma de sanciones, exclusión financiera, riesgo inducido, restricción tecnológica, condicionamiento político y bloqueo del desarrollo logístico.
En este sentido, la plusdirección no se limita al control del excedente económico, sino que implica el control estructural de las condiciones de posibilidad del desarrollo. No se trata únicamente de quién posee los recursos, sino de quién determina si esos recursos pueden convertirse en poder económico, tecnológico y geopolítico efectivo.
El bloqueo como sistema de limitación estructural
Desde esta perspectiva, el bloqueo no debe entenderse como una simple política comercial hostil. Constituye un sistema de limitación estructural que incide sobre: la capacidad de explotar recursos minerales y energéticos, la posibilidad de acceder a tecnologías clave, el costo del financiamiento, la credibilidad internacional del país como espacio de inversión, la integración de la economía cubana a flujos marítimos y logísticos regionales y la articulación entre conocimiento científico e industrialización.
Su efecto no es solo externo. También produce distorsiones internas, refuerza inercias burocráticas y agrava la distancia entre potencial material y capacidad efectiva de transformación productiva.
Por eso la cuestión no es únicamente si Cuba tiene recursos. La cuestión es cómo se bloquea la conversión de esos recursos en soberanía material.
Riesgo país inducido y efecto de sobrecumplimiento financiero
Un componente esencial del sistema de limitación estructural es la generación de un fenómeno que puede denominarse riesgo país inducido. Más allá de las sanciones formales, el bloqueo produce un efecto de “sobrecumplimiento” (de-risking) por parte de bancos, aseguradoras y empresas internacionales, que evitan operar con Cuba incluso en ausencia de prohibiciones directas.
El bloqueo en operación: mecanismos concretos
Más allá de su definición general, el bloqueo opera a través de mecanismos específicos que afectan directamente la activación de recursos. Entre ellos destacan:
Restricción financiera internacional: bancos y aseguradoras evitan operar con Cuba por riesgo de sanciones, encareciendo o bloqueando proyectos de inversión.
Limitación tecnológica: empresas con componentes estadounidenses tienen prohibido participar en proyectos cubanos, afectando sectores como la exploración petrolera offshore.
Cláusula de recalque marítimo: buques que atracan en Cuba enfrentan restricciones para entrar posteriormente a puertos de Estados Unidos, lo que desincentiva el comercio.
Efecto sobre proyectos concretos: iniciativas como la explotación de La Demajagua enfrentan dificultades para asegurar financiamiento, seguros y cadenas de suministro, no por ausencia de recursos, sino por condiciones externas.
Este conjunto de mecanismos produce un efecto acumulativo en el que proyectos geológicamente viables —como La Demajagua o la exploración offshore— enfrentan condiciones financieras y operativas que dificultan o impiden su desarrollo efectivo.
Conclusión: riqueza contenida en un nodo estratégico
Cuba no es un país carente de recursos ni geográficamente irrelevante. La existencia de níquel, cobalto, oro, plata, antimonio, hidrocarburos potenciales, arcillas industriales y otros recursos, junto con su posición privilegiada en el sistema marítimo del Caribe, el Golfo de México y el Atlántico, demuestra la presencia de una base material de alta significación.
Sin embargo, la relación entre recursos, conocimiento, posición geográfica y capacidad de explotación se encuentra estructuralmente tensionada. La disputa sobre Cuba no se limita a su sistema político. Incluye el control potencial de su riqueza material, de su ubicación estratégica y de los flujos económicos que atraviesan su entorno.
La tesis central de este ensayo es, por tanto, clara: la agresividad histórica de Estados Unidos hacia Cuba no puede explicarse solo por ideología. Debe entenderse también como una política orientada a evitar que la isla convierta sus recursos tangibles e intangibles en una base autónoma de poder regional.
Cierre
Cuba no solo es relevante por lo que tiene bajo su suelo, sino por estar situada en el paso de una parte sustancial del comercio y la energía del hemisferio. Su problema no es la ausencia de riqueza, sino la contención estructural de su capacidad para transformarla en soberanía material.
Glosario de términos clave:
Plusdirección:
Capacidad efectiva de controlar la dirección del excedente económico y de los procesos que convierten recursos en poder, más allá de la propiedad formal.
Soberanía material:
Capacidad de un país para explotar, transformar y valorizar sus recursos propios bajo control estratégico propio.
Nodo geoeconómico:
Espacio territorial situado en la intersección de flujos de comercio, energía, logística y poder.
Recurso estratégico:
Recurso cuyo valor trasciende el mercado inmediato y se proyecta sobre la industria, la tecnología, la logística o la geopolítica.
Arcillas refractarias:
Materiales con alta resistencia térmica utilizados en cerámicas técnicas, hornos y procesos industriales.
Riesgo país inducido:
Incremento de la percepción de riesgo financiero y político de un país por factores externos, con efectos sobre crédito, inversión y seguros.
Fuentes consultadas y recomendadas:
Alaínet. (2021, agosto 23). Bajo lupa 50 %: oro azul, derechos humanos de los cubanos o derecho a despojar a los cubanos? https://www.alainet.org/es/articulo/202582
Antilles Gold Ltd. (2023). La Demajagua Project Overview. https://antillesgold.net/projects/la-demajagua-project/
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Nota general
Las fuentes utilizadas en este ensayo son verificables y corresponden a estudios académicos, informes institucionales y publicaciones especializadas. No obstante, dado el carácter dinámico de los sectores minero y energético, algunas proyecciones —particularmente en proyectos como La Demajagua— han experimentado ajustes en sus cronogramas y condiciones de desarrollo.
Estas variaciones no afectan la existencia ni la relevancia estratégica de los recursos analizados, pero sí reflejan las dificultades estructurales para su activación. Asimismo, las cifras y rankings deben interpretarse como estimaciones sujetas a actualización, en función de nuevas exploraciones y cambios en el contexto internacional.
Gracias por leerme.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano Revista Digital Multidisciplinaria
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