Las cinco palancas estratégicas para romper la contención de Cuba
por Henrik Hernandezpublicado en
Introducción
Durante más de seis décadas, Cuba ha sido objeto de una arquitectura de contención geopolítica destinada a limitar su autonomía, restringir su influencia regional y fragmentar su capacidad de desarrollo. Esa contención —estructurada mediante sanciones financieras, presiones extraterritoriales, operaciones psicológicas y campañas mediáticas sostenidas— ha buscado impedir que Cuba despliegue plenamente sus potencialidades en un entorno marcado por tensiones hemisféricas.
Sin embargo, la contención no es un destino inevitable. Es un diseño. Y como todo diseño, puede ser reconfigurado. En el contexto actual de creciente multipolaridad, Cuba posee cinco palancas estratégicas capaces de transformar este equilibrio, reforzar su soberanía y ampliar su margen de maniobra en el Caribe y más allá. Cuatro de estas palancas son externas; la quinta, interna, es decisiva para que las demás prosperen.
Reconfigurar el Caribe como un “mar compartido no-hegemónico”
La hegemonía histórica de Estados Unidos en el Caribe ha sido un pilar de su seguridad nacional desde la Doctrina Monroe. Sin embargo, el avance de nuevas potencias y la diversificación del orden mundial abren espacios inéditos para que los países caribeños construyan una gobernanza regional más equilibrada.
Cuba puede impulsar esta transformación desde la diplomacia y la cooperación técnica, fortaleciendo mecanismos como CELAC, CARICOM y las alianzas Sur–Sur. La articulación de tratados marítimos, corredores logísticos compartidos, redes de cables submarinos y proyectos de integración energética pueden convertir el Caribe en un mar de soberanía compartida, donde ninguna potencia externa defina unilateralmente las reglas del juego.
El desafío es considerable: la influencia económica y turística de Estados Unidos en la región es enorme. Pero el avance de alternativas y la aparición de actores multilaterales hacen posible una transición gradual hacia un Caribe menos dependiente de la hegemonía tradicional.
Alianzas estratégicas con potencias emergentes, sin sustituir dependencia por dependencia
Cuba mantiene vínculos significativos con Rusia, China, Vietnam, Argelia, India, Turquía y los países del BRICS+. Estas alianzas, cada vez más relevantes en un mundo multipolar, pueden ampliar el espacio económico y tecnológico del país, pero deben gestionarse con equilibrio.
El objetivo no es reemplazar un polo hegemónico por otro.
El propósito estratégico debe ser diversificar alianzas para crear un margen real de soberanía.
Esto implica: promover transferencia tecnológica genuina; atraer inversiones destinadas a fortalecer capacidades internas; construir infraestructuras logísticas y científicas que sirvan al país a largo plazo; romper la dependencia estructural del dólar y de los circuitos financieros controlados por Washington.
La historia demuestra que la soberanía no se garantiza con un solo aliado, sino con la capacidad de maniobrar entre varios.
Convertirse en un nodo regional de cooperación médica, climática y energética
Cuba posee una de las mayores fortalezas estratégicas de cualquier país del Sur: capital humano altamente formado, tradición médica prestigiosa, experiencia en manejo de desastres y un acervo de cooperación internacional reconocido mundialmente.
Convertirse en un centro regional de resiliencia es difícil, pero posible. La clave está en construir proyectos específicos que transformen estas fortalezas en influencia estructural: una Escuela Caribeña de Salud Comunitaria y Resiliencia Climática; redes epidemiológicas regionales para prevención de pandemias; comunidades demostrativas de autosuficiencia energética y agroecológica; cooperación médica especializada para zonas vulnerables del Caribe.
Incluso avances modestos pueden generar un efecto multiplicador. Si varios países del Caribe y África encuentran en Cuba un aliado confiable en materia de salud, climatología y ciencia, la contención estadounidense pierde poder narrativo y práctico.
Exponer la guerra económica y psicológica con rigor técnico y jurídico
Durante décadas, Cuba ha denunciado el bloqueo. Pero en el escenario contemporáneo de guerra híbrida, la denuncia moral no basta. Para romper la contención es imprescindible demostrar su funcionamiento con evidencia verificable.
Esto requiere: informes técnicos sobre sanciones extraterritoriales; documentación de operaciones financieras bloqueadas; estudios académicos sobre los impactos psicológicos de las campañas de manipulación; uso del lenguaje internacional de derechos humanos y desarrollo sostenible; colaboración con universidades, redes de juristas y organismos multilaterales.
La guerra económica debe ser desmontada no solo desde la ética, sino desde el análisis jurídico y científico que expone su impacto como violación sistemática del derecho al desarrollo. Cuando la agresión pierde legitimidad ante el mundo, la contención pierde fuerza.
La palanca interna: modernización económica, institucional y productiva
Aquí se encuentra la condición indispensable para que todo lo anterior sea sostenible.
Las palancas externas abren posibilidades, pero solo la transformación interna puede convertirlas en resultados duraderos.
Cuba necesita fortalecer su base económica y productiva para evitar que cualquier avance diplomático quede en vulnerabilidad estructural.
Esto implica: aumentar la productividad real; frenar la migración de fuerza laboral calificada; reducir la burocracia improductiva que paraliza la iniciativa social; diversificar la economía; estimular la innovación y la autonomía tecnológica; generar incentivos claros para la creación de valor; reconstruir la confianza interna y el sentido de futuro.
Sin esta palanca, las demás operan como mecanismos incompletos.
Con ella, se convierten en un sistema integrado capaz de romper definitivamente la contención.
Conclusión
Las cinco palancas —Caribe multipolar, alianzas emergentes, cooperación regional, denuncia técnica del bloqueo y modernización interna— constituyen una estrategia coherente para superar la arquitectura de contención impuesta a Cuba durante décadas. No se trata de un camino fácil ni rápido, pero sí de una hoja de ruta posible, basada en fortalezas reales y en la lógica de un mundo en transformación.
La contención no caerá por un acto repentino, sino por una estrategia acumulativa, donde el país avance simultáneamente en el plano diplomático, económico, científico y comunicacional.
La soberanía no es un estado, sino un proceso.
Y Cuba, a pesar de todas las adversidades, tiene los recursos humanos, culturales y geoestratégicos para reescribir su destino.
Glosario de términos clave:
Caribe no-hegemónico:
Concepto geopolítico que propone un Caribe gobernado por los propios Estados caribeños sin predominio de una potencia externa. Busca equilibrio regional, cooperación y soberanía compartida.
Contención geopolítica:
Estrategia diseñada para limitar la influencia, autonomía y capacidad de acción de un país mediante mecanismos económicos, diplomáticos, psicológicos y financieros.
Multipolaridad:
Orden internacional caracterizado por la coexistencia de múltiples centros de poder (BRICS+, China, Rusia, India, etc.) en lugar de un dominio unipolar estadounidense.
Dependencia estructural:
Situación en la que un país depende de otro para recursos esenciales (tecnología, energía, capital, comercio), limitando su capacidad de decisión soberana. Sustituir dependencia no es soberanía.
Guerra económica:
Conjunto de medidas coercitivas (sanciones, restricciones financieras, embargos bancarios, extraterritorialidad de leyes) orientadas a debilitar la economía y la estabilidad social de un país.
Guerra psicológica / cognitiva:
Acciones de manipulación emocional, mediática y simbólica diseñadas para afectar la percepción, la moral y la cohesión interna de una sociedad.
Nodo regional de cooperación:
Espacio institucional donde un país concentra servicios, ciencia, formación o coordinación en beneficio de varios países de la región. Aumenta influencia sin imposición política.
Modernización interna:
Transformación económica, institucional y productiva que aumenta eficiencia, productividad, autonomía tecnológica y capacidad de innovación interna.
Soberanía funcional:
Capacidad real de un país de operar sus sectores clave (salud, energía, tecnología, logística) sin depender absolutamente de un actor externo.
Fuentes consultadas:
Kornai, J. (1992). The socialist system: The political economy of socialism. Princeton University Press.
Mahan, A. T. (1890). The influence of sea power upon history, 1660–1783. Little, Brown and Company.
Rid, T. (2020). Active measures: The secret history of disinformation and political warfare. Farrar, Straus and Giroux.
PAHO/WHO. (2022). Caribbean Regional Health Framework 2021–2025. Organización Panamericana de la Salud.
Stuenkel, O. (2022). The BRICS and the future of global order. Lexington Books.
Wardle, C., & Derakhshan, H. (2017). Information disorder. Council of Europe.
Zarate, J. (2013). Treasury’s war: The unleashing of a new era of financial warfare. PublicAffairs.
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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano
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