Sociedad

La tercera vía cubana: una contrarrevolución silenciosa hacia la restauración del capitalismo

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

Introducción: el retorno de una vieja tesis

En los debates contemporáneos sobre el futuro de Cuba ha reaparecido una idea que la historia política del último siglo conoce bien: la llamada “tercera vía”. Algunos sectores intelectuales sostienen que el país debería avanzar hacia un sistema “post-revolucionario”, capaz de combinar mercado, bienestar social y derechos humanos sin regresar al capitalismo existente antes de 1959. La propuesta se presenta como una alternativa pragmática entre capitalismo y socialismo.

Sin embargo, cuando se examina desde la lógica histórica de la economía política, surge una pregunta fundamental: ¿es realmente posible un sistema intermedio estable entre dos modos de organización social basados en principios estructuralmente opuestos?

La historia del pensamiento socialista ha enfrentado esta cuestión en repetidas ocasiones. Desde finales del siglo XIX, las corrientes reformistas dentro del movimiento obrero europeo defendieron la idea de que el capitalismo podía transformarse gradualmente mediante reformas sociales y expansión del Estado. Esta posición fue criticada por numerosos teóricos marxistas porque desplazaba el debate desde la cuestión central —la propiedad de los medios de producción— hacia problemas administrativos de gestión económica.

La cuestión central: propiedad y excedente social

Desde la perspectiva de la economía política marxista, el problema fundamental de cualquier sistema social es la forma en que se organiza el excedente económico. En el capitalismo, ese excedente se manifiesta como plusvalía apropiada privadamente por quienes poseen el capital. En cambio, en un proyecto socialista el excedente tiende a organizarse como producto social destinado al desarrollo colectivo, financiando salud pública, educación, infraestructura y desarrollo científico.

Esta diferencia no es simplemente contable o administrativa; define la naturaleza misma del sistema social. Cuando el excedente se socializa, la economía se orienta hacia la reproducción ampliada de la sociedad en su conjunto. Cuando el excedente se privatiza, la lógica dominante pasa a ser la acumulación de capital.

Por esa razón, el análisis de la propiedad y de la distribución del excedente ha ocupado un lugar central en el pensamiento de Karl Marx y en la teoría revolucionaria desarrollada posteriormente por Vladimir Lenin.

La ilusión de la tercera vía

La llamada tercera vía suele presentarse como un modelo híbrido que combinaría mecanismos de mercado con políticas sociales y determinados principios heredados de los procesos revolucionarios. Sus defensores sostienen que este modelo permitiría preservar ciertos logros sociales sin reproducir las desigualdades estructurales del capitalismo clásico.

Sin embargo, esta formulación contiene una tensión fundamental. Cuando una economía introduce de manera sistemática la acumulación privada de capital, el excedente económico deja de organizarse como producto social y comienza a funcionar nuevamente como plusvalía apropiada privadamente. A partir de ese momento se desencadena un proceso de transformación estructural: surgen grupos económicos con capacidad de acumulación, se amplía la desigualdad en la distribución de ingresos y el sistema político comienza a adaptarse gradualmente a los intereses de las nuevas élites económicas.

La experiencia contemporánea de países como China y Vietnam ha sido presentada por algunos analistas como ejemplo de una posible síntesis entre planificación estatal y mecanismos de mercado. Sin embargo, el debate sobre la naturaleza estructural de estos modelos continúa abierto dentro de la economía política. Mientras algunos los interpretan como adaptaciones pragmáticas del socialismo a las condiciones de la globalización, otros consideran que el desarrollo progresivo de la acumulación privada puede transformar gradualmente las relaciones sociales de producción.

De la burguesía funcional a la burguesía propietaria

Un fenómeno particularmente relevante en este tipo de transiciones es la transformación de las élites administrativas. En muchos sistemas socialistas se desarrolló lo que en este ensayo se denomina burguesía funcional: cuadros directivos, tecnócratas y gestores estatales que ejercen control sobre recursos económicos estratégicos sin ser propietarios legales de ellos.

Cuando se introducen mecanismos de privatización o acumulación privada, ese control administrativo puede transformarse en propiedad efectiva. En ese proceso, la burguesía funcional tiende a convertirse en burguesía propietaria, apropiándose de activos que anteriormente administraba en nombre del Estado o de la sociedad.

La transformación de élites administrativas en burguesía propietaria ha sido observada en varios procesos históricos de transición económica. Tras el colapso de la Unión Soviética, numerosos miembros de la antigua nomenklatura transformaron su control administrativo sobre empresas estatales en propiedad privada, convirtiéndose en la base de la nueva oligarquía económica. Procesos similares, aunque con características nacionales diferentes, se produjeron también en varios países de Europa del Este durante las privatizaciones de la década de 1990.

La dimensión geopolítica de la restauración capitalista

En Europa del Este la restauración capitalista surgió en gran medida desde las propias estructuras administrativas del sistema socialista. En el caso de Cuba, sin embargo, el fenómeno podría adquirir un carácter distinto. La formación de una nueva clase capitalista podría tener un componente exógeno, impulsado por la burguesía cubana establecida en el exterior —principalmente en Estados Unidos— que dispone de capital, redes financieras y capacidad de influencia económica.

Además, el marco jurídico establecido por la Helms–Burton Act condiciona cualquier proceso de normalización económica a transformaciones profundas del sistema político y económico cubano. Este elemento revela que el escenario de restauración capitalista en Cuba no sería únicamente el resultado de dinámicas internas, sino también de presiones geopolíticas externas.

Dos vertientes en el debate actual

En el debate contemporáneo sobre el futuro de Cuba comienzan a perfilarse dos vertientes claramente diferenciadas. Por un lado se encuentra la contrarrevolución abierta, que plantea explícitamente el desmantelamiento del sistema socialista y el restablecimiento de un modelo económico y político plenamente capitalista.

Por otro lado, emerge un discurso que se presenta como alternativa moderada: la llamada tercera vía. Sus defensores afirman no desear el regreso al capitalismo anterior a 1959, pero sostienen que el país debería transitar hacia un sistema “post-revolucionario”. Dentro de este enfoque aparece con frecuencia la exigencia de establecer igualdad de derechos económicos y políticos para los exiliados y emigrados cubanos, equiparándolos jurídicamente a los ciudadanos residentes dentro del país.

Al mismo tiempo, desde Cuba se han impulsado políticas orientadas a ampliar la participación económica de la emigración como vía para estimular el desarrollo económico nacional. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre incorporar recursos de la diáspora dentro de un marco de soberanía económica y transformar esa relación en un mecanismo de recomposición estructural del poder económico.

La función política de la tercera vía

Al igual que ocurrió con el reformismo y el oportunismo dentro del movimiento socialista de los siglos XIX y XX, la tercera vía cumple también una función política de mediación ideológica. Su objetivo no es necesariamente restaurar de manera inmediata el capitalismo anterior a 1959, sino canalizar a sectores de la sociedad que, sin desear el retorno al orden prerrevolucionario, se encuentran fatigados tras décadas de tensiones económicas y de la prolongada presión externa derivada del bloqueo.

De esta manera, la tercera vía actúa como un mecanismo de absorción política de ese espacio social intermedio: ciudadanos que no desean regresar al capitalismo anterior a 1959, pero que buscan una salida que prometa estabilidad económica tras décadas de resistencia.

Conclusión: revolución o contrarrevolución

Cuando el debate se traslada al terreno de la propiedad, de la organización del excedente económico y de la correlación de fuerzas sociales, la aparente neutralidad de las fórmulas intermedias comienza a disiparse. Al restablecer la acumulación privada del excedente y permitir la formación de una nueva clase propietaria, la tercera vía reconstruye gradualmente las relaciones sociales del capitalismo.

Por ello, cuando se examina desde su esencia económica y no desde su retórica política, la supuesta zona intermedia entre sistemas tiende a desaparecer. La historia vuelve entonces a plantear la alternativa con la claridad que tantas veces ha mostrado en momentos decisivos: no existe una tercera vía estable entre proyectos sociales antagónicos. La disyuntiva fundamental sigue siendo revolución o contrarrevolución.

Glosario de términos clave:

Plusvalía:

Valor producido por el trabajo que es apropiado por el capitalista como ganancia en el sistema capitalista.

Producto social:

Excedente económico generado colectivamente y destinado al desarrollo social cuando no es apropiado privadamente.

Burguesía funcional:

Concepto utilizado en este ensayo para describir capas administrativas que controlan recursos económicos sin poseerlos formalmente.

Restauración capitalista:

Proceso mediante el cual un sistema socialista vuelve a estructurarse en torno a la propiedad privada del capital.

Fuentes consultadas:

Lenin, V. I. (1917). El Estado y la revolución. Moscú: Editorial Progreso.

Lenin, V. I. (1918). La revolución proletaria y el renegado Kautsky. Moscú: Editorial Progreso.

Marx, K. (1867). El capital: crítica de la economía política (Vol. 1). Hamburgo: Otto Meissner.

Hobsbawm, E. (1994). The Age of Extremes: The Short Twentieth Century, 1914–1991. London: Michael Joseph.

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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano

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