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La pregunta que nos impide comprender a Cuba

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

La pregunta que nos impide comprender a Cuba: ¿Dictadura o democracia?
La pregunta no es si Cuba es una dictadura o una democracia. La verdadera pregunta es: ¿por qué seguimos atrapados en esa forma de pensar?

Introducción: una pregunta mal formulada

Durante décadas, Cuba ha sido reducida en el discurso político y mediático internacional a una disyuntiva aparentemente simple: o es una dictadura comunista o es una democracia fallida. Ambas posiciones, enfrentadas con vehemencia, comparten una misma limitación: parten de categorías cerradas que no buscan comprender la realidad cubana, sino clasificarla y juzgarla desde marcos ideológicos previamente establecidos.

La pregunta “¿es Cuba una dictadura o una democracia?” no es inocente. Obliga a pensar en términos binarios, como si esas fueran las únicas formas posibles de organización política, y como si dichos conceptos fueran universales, neutrales y aplicables sin contexto histórico, económico o geopolítico. En realidad, se trata de una pregunta que bloquea la comprensión antes incluso de iniciarla.

El pensamiento binario y sus límites

El pensamiento político dominante opera mediante oposiciones rígidas: democracia o dictadura, libertad o represión, adoctrinamiento o pensamiento libre. Este esquema ha sido funcional para construir sistemas de poder y legitimar jerarquías globales, pero resulta profundamente insuficiente para analizar sociedades complejas y procesos históricos en movimiento.

Cuba no es una fotografía estática, sino un proceso vivo, atravesado por tensiones internas, presiones externas, logros sociales, carencias materiales y debates en evolución. Pretender encajar esa realidad en una etiqueta fija equivale a ignorar su dinámica histórica y su singularidad como proyecto político surgido en condiciones excepcionales.

Multipartidismo y democracia: una equivalencia ideológica

Uno de los supuestos más extendidos del discurso político contemporáneo es la identificación automática entre multipartidismo y democracia. Sin embargo, la existencia de varios partidos compitiendo por el poder no garantiza, por sí misma, participación popular real, control ciudadano de los recursos ni soberanía nacional.

En numerosos países, el multipartidismo ha coexistido con sistemas profundamente desiguales, donde las decisiones fundamentales se toman fuera del alcance de la ciudadanía y donde los partidos funcionan como intermediarios de intereses económicos concentrados. Reducir la democracia a un mecanismo electoral periódico vacía el concepto de contenido material y lo transforma en un ritual formal.

Desde esta perspectiva, la ausencia de multipartidismo no constituye, por sí sola, evidencia de autoritarismo, del mismo modo que su presencia no es prueba automática de democracia efectiva.

El multipartidismo en el Sur Global como tecnología de intervención

En el Sur Global, el multipartidismo no opera en un vacío neutral. Se inserta en contextos de dependencia económica, asimetría financiera, penetración mediática y financiamiento político externo. En estas condiciones, los partidos tienden a convertirse en canales de influencia geopolítica más que en expresiones autónomas de proyectos nacionales.

La experiencia histórica de América Latina, África y Europa del Este muestra que la adopción acrítica de sistemas multipartidistas no condujo necesariamente a mayor soberanía ni a democracia material, sino en muchos casos a fragmentación política, privatización de recursos estratégicos y subordinación estructural a centros de poder externos. El pluralismo partidista funcionó como forma, pero no como contenido de democracia.

La falacia del adoctrinamiento: Cuba como excepción imaginaria

Uno de los argumentos más repetidos para deslegitimar a Cuba es la acusación de “adoctrinamiento ideológico”, especialmente en el ámbito educativo y mediático. Esta crítica parte de una premisa implícita: que en las sociedades capitalistas no existe adoctrinamiento, sino pensamiento libre y neutralidad ideológica.

Esta premisa es falsa

Toda sociedad transmite valores, narrativas y límites de lo pensable. En el capitalismo, el adoctrinamiento no suele presentarse como tal porque se naturaliza. La competencia, el individualismo, la meritocracia, el consumo como forma de realización personal y la sacralización del mercado no se enseñan como ideología, sino como “sentido común”. Precisamente por ello, la ideología dominante se vuelve invisible y más eficaz.

Ideología explícita e ideología invisible

Cuba no oculta su marco ideológico. Declara abiertamente sus principios, su relato histórico y sus objetivos sociales. Esto la hace visible, discutible y criticable, pero no necesariamente más adoctrinadora que los sistemas donde la ideología se disfraza de neutralidad.

La diferencia fundamental no es la existencia o no de ideología, sino su grado de explicitación y la posibilidad real de debate, participación y transformación dentro del sistema. Presentar al capitalismo como un espacio libre de adoctrinamiento y a Cuba como una anomalía ideológica constituye una operación discursiva que refuerza la hegemonía cultural dominante.

Cuba como proceso histórico, no como etiqueta

Reducir a Cuba a la dicotomía dictadura-democracia implica ignorar su condición de proceso histórico singular: una sociedad que ha debido organizarse bajo una presión externa constante, que ha priorizado determinados derechos sociales mientras ha postergado otros debates, y que enfrenta hoy desafíos reales de renovación, participación y soberanía en un contexto global adverso.

Comprender a Cuba exige abandonar las categorías rígidas y aceptar que una sociedad puede contener avances y límites al mismo tiempo, sin que ello invalide automáticamente su legitimidad histórica ni su derecho a buscar caminos propios.

¿Cómo analizar la democracia cubana sin importar modelos ajenos?

Si abandonamos la dicotomía dictadura-democracia, no basta con negar etiquetas: es necesario proponer otros criterios de análisis. En el caso cubano, una comprensión más honesta exige observar al menos cuatro dimensiones concretas: los mecanismos de participación real en la toma de decisiones, la capacidad del ciudadano de incidir y corregir políticas públicas, los espacios efectivos de deliberación social y el grado de control popular sobre la propiedad y los recursos estratégicos.

Desde esta perspectiva, Cuba presenta una configuración contradictoria. Existen formas de participación comunitaria, sindical y territorial que no se reducen al acto electoral, pero al mismo tiempo persisten límites en la autonomía de esos espacios y en la capacidad ciudadana de fiscalizar decisiones tomadas en niveles superiores del poder. Reconocer ambas dimensiones no debilita el análisis: lo fortalece.

Tensiones reales y propaganda selectiva

Reconocer tensiones en torno a las libertades individuales, la burocratización o la eficacia institucional no implica aceptar que estos fenómenos sean excepcionales ni particularmente agravados en el caso cubano. Por el contrario, se trata de problemáticas estructurales presentes, con distintos matices, en la mayoría de las sociedades contemporáneas. La diferencia fundamental radica en que, cuando se trata de Cuba, estas tensiones son sistemáticamente superdimensionadas, descontextualizadas y convertidas en propaganda política, mientras que fenómenos similares en países capitalistas son naturalizados, relativizados o directamente invisibilizados. Esta asimetría discursiva no busca comprender la realidad cubana, sino construir una narrativa de anomalía permanente que refuerce la hegemonía ideológica dominante.

Epílogo: cambiar la pregunta para poder entender

Mientras sigamos atrapados en preguntas formuladas desde marcos binarios y presentados como universales, seguiremos produciendo diagnósticos pobres sobre realidades complejas. Cuba no necesita ser idealizada ni demonizada para ser comprendida. Necesita ser analizada como proceso histórico concreto, con herramientas propias y criterios ajustados a su contexto, su trayectoria y sus desafíos reales.

Cambiar la pregunta no es un gesto retórico: es una condición para pensar con honestidad. Y en tiempos de crisis global, pensar con honestidad es ya una forma de responsabilidad política.

Glosario de términos clave:

Adoctrinamiento:

Proceso mediante el cual una sociedad transmite valores, narrativas y marcos de interpretación que orientan la percepción de la realidad. No es exclusivo de sistemas que declaran una ideología; en contextos capitalistas suele operar de forma invisible, naturalizado como “sentido común”.

Asimetría discursiva:

Tratamiento desigual de fenómenos similares según el país o sistema político al que se apliquen. En el caso de Cuba, contradicciones comunes a muchas sociedades son amplificadas y politizadas, mientras que en países capitalistas suelen ser relativizadas o invisibilizadas.

Categorías universales:

Conceptos presentados como válidos en todo contexto histórico y cultural, pero que en realidad responden a experiencias y marcos ideológicos específicos, generalmente occidentales. Su aplicación acrítica puede distorsionar la comprensión de realidades distintas.

Control popular:

Capacidad efectiva de la ciudadanía para influir, fiscalizar, corregir y orientar las decisiones políticas y económicas fundamentales, más allá del acto electoral formal.

Democracia formal:

Modelo de democracia reducido principalmente a procedimientos electorales periódicos, sin garantizar necesariamente participación sustantiva, justicia social o soberanía sobre los recursos.

Democracia material:

Concepción de la democracia centrada en las condiciones reales de vida, la distribución del poder económico, el acceso a derechos sociales y la capacidad de incidencia efectiva del pueblo en las decisiones estratégicas.

Diferenciación ideológica explícita / invisible:

Distinción entre sistemas que declaran abiertamente su marco ideológico (ideología explícita) y aquellos donde la ideología dominante se presenta como neutral, natural o apolítica (ideología invisible), siendo esta última a menudo más eficaz.

Hegemonía cultural:

Capacidad de un sistema social para imponer sus valores, normas y visiones del mundo como naturales y universales, reduciendo la percepción de alternativas posibles.

Ideología:

Conjunto de ideas, valores y supuestos que estructuran la forma en que una sociedad interpreta la realidad y legitima sus relaciones de poder. Toda sociedad posee ideología, aunque no siempre la reconozca como tal.

Multipartidismo:

Sistema político basado en la competencia electoral entre múltiples partidos. Su existencia no garantiza, por sí misma, democracia efectiva ni soberanía popular, especialmente en contextos de dependencia estructural.

Pensamiento binario:

Forma de razonamiento que organiza la realidad en oposiciones rígidas y excluyentes (dictadura/democracia, libertad/represión), simplificando procesos complejos y bloqueando análisis más profundos.

Proceso histórico:

Concepción de una sociedad como una realidad dinámica, en transformación constante, atravesada por contradicciones internas y condicionamientos externos, y no como una entidad fija o estática.

Propaganda política:

Uso selectivo y estratégico de información, énfasis y silencios para construir una narrativa funcional a determinados intereses de poder, más orientada a influir que a comprender.

Ritual electoral:

Reducción del ejercicio democrático a actos formales de votación que no necesariamente se traducen en control ciudadano real ni en transformación estructural del poder.

Soberanía:

Capacidad efectiva de un Estado y su población para decidir de manera autónoma sobre su modelo político, económico y social, sin subordinación a presiones externas.

Sur Global:

Conjunto heterogéneo de países históricamente marcados por el colonialismo, la dependencia económica y las asimetrías de poder en el sistema internacional, donde los modelos políticos importados suelen operar de manera distinta a sus contextos de origen.

Tensiones estructurales:

Contradicciones inherentes a las sociedades modernas —como burocratización, límites institucionales o conflictos entre libertad y cohesión— que no constituyen anomalías excepcionales, aunque puedan ser explotadas discursivamente.

Fuentes consultadas:

Hernandez, H. (2025, 20 de abril). ¿Dictadura o democracia? La pregunta que nos impide comprender a Cuba. Tocororo Cubano.
https://tocororocubano.com/dictadura-o-democracia-la-pregunta-que-nos-impide-comprender-a-cuba/

Lenin, V. I. (1917/2010). El Estado y la revolución. Editorial Progreso.
(Obra original publicada en 1917)

Althusser, L. (1970/2014). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Siglo XXI Editores.

Gramsci, A. (1971). Selections from the prison notebooks. International Publishers.

Chomsky, N. (1989). Necessary illusions: Thought control in democratic societies. South End Press.

Bourdieu, P. (1998). On television. New Press.

Harvey, D. (2005). A brief history of neoliberalism. Oxford University Press.

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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano

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