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La Guerra de Todo el Pueblo en el dominio de la propaganda y la contrapropaganda

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Imagen generada por la AI Sofia (ChatGPT).

Fundamentos doctrinales para la defensa cognitiva de Cuba

La confrontación contemporánea contra Cuba no se expresa hoy, en primera instancia, como una guerra militar clásica, sino como una agresión cognitiva permanente. Su objetivo estratégico no es ocupar territorio ni derrotar fuerzas armadas, sino destruir el símbolo que Cuba representa: la posibilidad real de sostener soberanía, resistencia y proyecto histórico frente a la coerción prolongada. Para lograrlo, el enemigo necesita imponer previamente una narrativa de derrota, fracaso o ilegitimidad.

En este contexto, la Doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo no puede permanecer anclada exclusivamente a su dimensión militar-territorial. Debe ser refundada doctrinalmente en el campo donde hoy se decide la legitimidad de cualquier agresión: el dominio de la propaganda y la contrapropaganda. La propaganda anticubana no acompaña a la guerra; la hace posible, preparando psicológica y moralmente a las poblaciones para aceptar el castigo, la intervención o incluso la destrucción del Estado cubano como algo necesario o inevitable.

Aplicar la Guerra de Todo el Pueblo en el dominio cognitivo significa comprender que el primer territorio atacado es la conciencia colectiva. Allí se fijan los marcos que deshumanizan al pueblo, separan artificialmente al Estado de la sociedad, fragmentan la memoria histórica y normalizan el sufrimiento como instrumento político. Una vez esos marcos se consolidan, incluso la resistencia más firme puede ser reinterpretada como derrota.

Desde el Estado, la aplicación de esta doctrina exige reconocer formalmente la propaganda como una amenaza de seguridad ampliada. No se trata de responder de forma reactiva a cada ataque mediático, sino de anticipar marcos, explicar antes de que se manipule y mantener coherencia narrativa sostenida. Cuando las instituciones contextualizan los hechos, vinculan la propaganda con políticas coercitivas reales y actúan con previsibilidad conceptual, privan al adversario de la sorpresa estratégica y reducen la legitimidad de cualquier escalada posterior.

La media cubana ocupa un lugar central en esta arquitectura defensiva. Su función doctrinal no es únicamente informar, sino construir sentido y revelar las estructuras de manipulación. La propaganda no se neutraliza solo desmintiendo consignas, sino desmontando los marcos que las sostienen. La anticipación pedagógica, la explicación estructural y la exposición de los intereses que operan detrás del relato hostil son herramientas decisivas para impedir que la mentira se convierta en sentido común.

La Guerra de Todo el Pueblo en el dominio cognitivo es, por definición, popular y distribuida. Cada ciudadano actúa como un actor cognitivo cuya conducta comunicativa tiene impacto estratégico. No se trata de militarizar la vida cotidiana, sino de asumir una responsabilidad histórica mínima: no amplificar narrativas diseñadas para desmoralizar, distinguir entre crítica legítima y operación propagandística, y defender la complejidad frente a la simplificación moral. Millones de microdecisiones conscientes reducen la capacidad expansiva de la propaganda.

La dimensión extraterritorial completa esta doctrina. La propaganda anticubana es global y opera intensamente sobre la diáspora. Por ello, los cubanos en el exterior constituyen una frontera simbólica decisiva. Su papel no es reproducir consignas ni entrar en confrontaciones estériles, sino humanizar la realidad cubana, contextualizar históricamente el conflicto y desmontar la caricatura que legitima el castigo. Cada intervención serena y fundamentada eleva el costo político de la agresión y debilita su consenso social.

Esta doctrina solo es eficaz si se mantiene ética, preventiva y no deshumanizante. Copiar los métodos del adversario debilita la legitimidad y erosiona la disuasión. La fuerza de la defensa cognitiva reside en su capacidad de ser explicada, comprendida y aceptada incluso por quienes no comparten posiciones políticas, pero sí principios básicos de soberanía, justicia y legalidad internacional.

Aplicar la Guerra de Todo el Pueblo en el dominio de la propaganda y la contrapropaganda es, en esencia, organizar a la sociedad para que nadie pueda imponerle el sentido de su propia derrota. Cuando el relato hostil no logra fijarse, la agresión pierde rentabilidad política y la violencia deja de ser una opción viable.

Glosario de términos clave:

Guerra cognitiva:

Forma de confrontación orientada a influir, desestabilizar o controlar la percepción, la interpretación de la realidad y la toma de decisiones de individuos y sociedades.

Propaganda anticubana:

Sistema organizado y persistente de construcción narrativa destinado a deslegitimar al Estado cubano, deshumanizar a su población y normalizar el castigo colectivo.

Contrapropaganda:

Conjunto de acciones explicativas, preventivas y desarticuladoras destinadas a neutralizar marcos cognitivos hostiles, no a imponer un discurso único.

Defensa cognitiva:

Dimensión de la defensa nacional orientada a proteger la conciencia colectiva, la legitimidad y la coherencia histórica frente a la manipulación sistemática.

Derrota simbólica:

Condición en la que un Estado o pueblo es percibido como derrotado antes de cualquier colapso material, debido a la imposición de un relato de fracaso.

Responsabilidad cognitiva:

Capacidad individual y colectiva de identificar, no amplificar y desmontar narrativas diseñadas para manipular, desmoralizar o justificar la agresión.

Fuentes consultadas:

Bernays, E. L. (1928). Propaganda. New York, NY: Horace Liveright.

Clausewitz, C. von. (1832/1984). On War (M. Howard & P. Paret, Trans.). Princeton, NJ: Princeton University Press.

Freedman, L. (2013). Strategy: A History. Oxford, UK: Oxford University Press.

Herman, E. S., & Chomsky, N. (1988). Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. New York, NY: Pantheon Books.

Rid, T. (2020). Active Measures: The Secret History of Disinformation and Political Warfare. New York, NY: Farrar, Straus and Giroux.

U.S. Joint Chiefs of Staff. (2022). Joint Doctrine Note: Competition Continuum. Washington, DC.

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Por Henrik Hernandez - Tocororo Cubano

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