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La Crisis de Octubre no fue una sorpresa:

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La Crisis de Octubre no fue una sorpresa: soberanía declarada y relato silenciado
Introducción: cuando el derecho antecede al acontecimiento

Durante décadas, la Crisis de Octubre de 1962 ha sido presentada como una reacción súbita de Estados Unidos ante una provocación inesperada: la instalación de cohetes soviéticos en Cuba. Sin embargo, una lectura atenta de la Primera Declaración de La Habana, proclamada el 2 de septiembre de 1960, obliga a revisar de raíz ese relato. En ese documento, Cuba no anuncia un hecho consumado ni adelanta un despliegue militar concreto. Cuba proclama un derecho. Y al hacerlo, fija una doctrina preventiva de soberanía que convierte a 1962 no en una sorpresa, sino en una consecuencia anunciada.

Este análisis no pretende agotar todas las variables geopolíticas de la Crisis de Octubre —incluidas las consideraciones estratégicas soviéticas o los debates internos en Washington—, sino iluminar un elemento doctrinal previo que suele quedar fuera del eje explicativo central, pese a su relevancia causal.

Cuba no pide permiso: proclama

La Primera Declaración de La Habana no es una respuesta coyuntural ni una pieza retórica. Es un acto de proclamación soberana, aprobado por la Asamblea General Nacional del Pueblo y leído públicamente por Fidel Castro ante una movilización popular sin precedentes. En ella, Cuba no solicita comprensión ni tolerancia internacional; afirma su derecho a decidir, incluso en el terreno más sensible: la defensa.

La referencia explícita a la posibilidad de aceptar cohetes soviéticos en caso de agresión militar no describe una situación existente, sino que establece un principio. Cuba no estaba anunciando un hecho. Estaba fijando una doctrina: frente a la amenaza, la defensa no se negocia ni se subordina a autorizaciones externas. Se ejerce.

“CUARTO: La Asamblea General Nacional del Pueblo declara, que la ayuda espontáneamente ofrecida por la Unión Soviética a Cuba en caso de que nuestro país fuera atacado por fuerzas militares imperialistas, no podrá ser considerada jamás como un acto de intromisión, sino que constituye un evidente acto de solidaridad, y que esa ayuda, brindada a Cuba ante un inminente ataque del Pentágono yanki (EXCLAMACIONES), honra tanto al Gobierno de la Unión Soviética que la ofrece, como deshonran al Gobierno de los Estados Unidos, sus cobardes y criminales agresiones contra Cuba (APLAUSOS).                                                                                                                                                                    “POR TANTO: La Asamblea General Nacional del Pueblo declara ante América y el mundo, que acepta y agradece el apoyo de los cohetes de la Unión Soviética (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Muere, gringo!”), si su territorio fuere invadido por fuerzas militares de los Estados Unidos. 

1960: una declaración preventiva de soberanía

En 1960 no había cohetes en Cuba, ni Crisis de Octubre, ni Plan Mangosta. Lo que sí existía era una percepción clara de amenaza y una decisión política explícita: no reconocer límites “inferidos” a la soberanía nacional, particularmente aquellos derivados de la Doctrina Monroe. La Declaración funciona, así, como una declaración preventiva de soberanía, un aviso público de que Cuba se reservaba el derecho de aceptar cualquier forma de ayuda defensiva que considerara necesaria.

Desde el punto de vista del derecho internacional, esta proclamación se inscribe en el principio de legítima defensa, reconocido por el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas. El conflicto no surge de la ilegalidad del principio, sino de su colisión frontal con un orden hemisférico que negaba, en la práctica, el pleno ejercicio de ese derecho a determinados Estados.

La falacia de la sorpresa

La narrativa de la “sorpresa” de 1962 cumple una función política precisa: ocultar que la verdadera ruptura no fue la llegada de los cohetes, sino la negativa estadounidense a aceptar la soberanía cubana. Si se admite que Cuba declaró ese derecho en 1960, la idea de una escalada improvisada se derrumba.

La Crisis de Octubre no fue una provocación súbita, sino la consecuencia anunciada de una decisión soberana proclamada dos años antes. El conflicto no nace con los misiles, sino con el hecho de que un pequeño país se arrogara el derecho —peligroso para el orden hemisférico— de decidir por sí mismo su defensa y sus aliananzas estratégicas.

Lo verdaderamente peligroso para el orden hemisférico

Aceptar esta lectura implica reconocer algo profundamente incómodo:
la Doctrina Monroe ya estaba políticamente muerta en 1960, y Estados Unidos lo sabía.

El problema nunca fueron únicamente los cohetes, sino el precedente. Si Cuba podía proclamar y ejercer ese derecho, cualquier otro país de América Latina podría hacerlo. La arquitectura hemisférica de tutela quedaba cuestionada en su raíz. La crisis, por tanto, no expresa solo un conflicto militar puntual, sino la quiebra de una doctrina de dominación que había operado durante más de un siglo.

El silencio selectivo como estrategia narrativa

La Primera Declaración de La Habana no ha sido ignorada por la historiografía especializada. Investigadores como Piero Gleijeses han subrayado su importancia como expresión temprana de la autonomía estratégica de la Revolución Cubana en el contexto de la Guerra Fría. Sin embargo, incluso en estos trabajos, el vínculo explícito entre la proclamación de 1960 y la Crisis de Octubre de 1962 suele aparecer como trasfondo político o marco general, más que como causa doctrinal anunciada.

Lo que este artículo plantea no es la inexistencia de referencias previas, sino la persistente falta de centralidad otorgada al contenido específico de la Declaración relativo al derecho a aceptar ayuda militar estratégica. Este relegamiento selectivo es el mecanismo que permite mantener la disociación clave entre el principio proclamado y los hechos de 1962, y resulta fundamental para sostener la narrativa de la “sorpresa”.

No es casual, en este sentido, que se hable mucho más del Plan Mangosta, que viene después, que de esta declaración doctrinal previa. Mangosta permite presentar la confrontación como una escalada reactiva; la Declaración de 1960 obliga a admitir previsión, coherencia y anuncio público.

La vigencia del problema

Lo que revela la Primera Declaración de La Habana no pertenece únicamente al pasado. La criminalización de la soberanía preventiva sigue siendo un rasgo central del orden internacional contemporáneo. Hoy, como en 1960, no se sancionan hechos consumados, sino derechos proclamados: el derecho a decidir alianzas, a proteger infraestructuras críticas, a garantizar la supervivencia nacional fuera de los marcos impuestos.

La lección histórica es clara: cuando un Estado pequeño afirma públicamente su autonomía estratégica, el conflicto no surge por lo que hace, sino por lo que se atreve a declarar. En ese sentido, la Crisis de Octubre no fue una anomalía de la Guerra Fría, sino un precedente temprano de un mecanismo que sigue operando bajo nuevas formas.

Conclusión

La Primera Declaración de La Habana demuestra que la Crisis de Octubre no fue un accidente de 1962, sino el desenlace lógico de una soberanía declarada en 1960. Cuba no pidió permiso. Proclamó. Y esa proclamación, más que los cohetes, fue lo que el orden hemisférico no podía tolerar.

Recuperar este dato no es un ejercicio de erudición, sino un acto de claridad histórica: devuelve coherencia a los hechos y desmonta una de las falacias más persistentes del siglo XX.

Glosario

Crisis de Octubre: Confrontación de octubre de 1962 entre Estados Unidos, la URSS y Cuba, conocida en EE. UU. como Crisis de los Misiles.
Declaración preventiva de soberanía: Proclamación anticipada del derecho de un Estado a ejercer su autodefensa y decidir alianzas ante una amenaza previsible.
Doctrina Monroe: Política estadounidense del siglo XIX que reclamó tutela sobre el hemisferio occidental.
Legítima defensa (Art. 51 ONU): Derecho de los Estados a defenderse individual o colectivamente ante una agresión armada.
Silencio selectivo: Omisión deliberada de elementos específicos de un hecho histórico que alteran su interpretación causal dominante.

Fuentes (APA 7)

Castro Ruz, F. (1960, 2 de septiembre). Primera Declaración de La Habana. Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba. https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20191017035145/primera_declaracion_habana_2-09-1960.pdf

Gleijeses, P. (2002). Conflicting missions: Havana, Washington, and Africa, 1959–1976. University of North Carolina Press.

Huellas de la Historia. (s. f.). Primera Declaración de La Habana (2 de septiembre de 1960) – Fidel Castro Ruz [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=8-lgChgg8xs

United Nations. (1945). Charter of the United Nations. https://www.un.org/en/about-us/un-charter

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La Declaración de La Habana de 1960 ya proclamaba el derecho de Cuba a aceptar cohetes defensivos. La Crisis de Octubre no fue una sorpresa.

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