Ciencias

Dinosaurios y humanos: prisioneros de sus ecosistemas

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Imagen generada por la AI Sofia.

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Por Henrik Hernandez

La idea de revivir dinosaurios, popularizada por la saga cinematográfica Jurassic Park, ha cautivado la imaginación de millones. Sin embargo, la ciencia demuestra que esta posibilidad pertenece más a la ficción que a la realidad. El regreso de estas criaturas está impedido no solo por la imposibilidad de recuperar su ADN, sino también por el abismo biológico y ambiental que separa nuestro mundo del que habitaron.

Atmósfera y condiciones químicas

Durante el Mesozoico, la composición de la atmósfera era muy distinta. El oxígeno fluctuó entre el 15% y el 26% (hoy es de ~21%), mientras que el dióxido de carbono estaba entre 4 y 10 veces por encima de los niveles actuales. Este exceso de CO₂ provocaba un efecto invernadero que mantenía climas cálidos y húmedos, favoreciendo la proliferación de bosques y llanuras cubiertas de vegetación. Los dinosaurios estaban adaptados a respirar y desarrollarse en este ambiente único, irreproducible en la Tierra actual.

Clima y geografía

El planeta no tenía casquetes polares permanentes. La temperatura media global era varios grados más alta que hoy y la variabilidad estacional era menor. Además, la configuración de los continentes —con Pangea y su posterior fragmentación— creaba extensas llanuras abiertas que podían sostener poblaciones masivas de herbívoros y carnívoros.

Ecosistema vegetal y alimentación

Los herbívoros gigantes no se alimentaban de las plantas actuales, sino de helechos gigantes, cícadas, gimnospermas primitivas y, más tarde, angiospermas tempranas. Esa vegetación tenía un valor nutricional distinto y crecía en densidades que hoy no existen. Incluso si se lograra “fabricar” un dinosaurio, resultaría casi imposible recrear la dieta que sostuvo a estas especies durante millones de años.

Ecosistema microbiano y sanitario

Los dinosaurios coexistían con bacterias y virus propios de su era. En un hipotético regreso, quedarían expuestos a microorganismos modernos frente a los cuales no tendrían defensas naturales, lo que los condenaría a infecciones letales en poco tiempo.

Fisiología única

Lejos de ser simples reptiles gigantes, los dinosaurios tenían un sistema respiratorio altamente eficiente, con sacos aéreos similares a los de las aves. Esta característica les permitió crecer hasta tamaños colosales y mantenerse activos en climas calurosos. Trasplantar esta fisiología a nuestro mundo, con atmósfera, climas y ecosistemas diferentes, sería inviable.

La barrera genética definitiva

El obstáculo más insalvable es el ADN. Las moléculas genéticas se degradan naturalmente en un plazo máximo de seis a siete millones de años, incluso en condiciones óptimas. Los dinosaurios se extinguieron hace 66 millones de años: demasiado tiempo para que quede material genético viable. La ciencia puede, a lo sumo, modificar aves modernas —descendientes directos de los dinosaurios— para conferirles ciertos rasgos prehistóricos, pero eso sería crear híbridos, no resucitar especies extintas.

Más allá de los dinosaurios: una lección para la humanidad

El caso de los dinosaurios encierra una enseñanza más amplia de lo que parece. Así como estas criaturas no pueden volver porque el mundo que las hizo posibles desapareció para siempre, el ser humano tampoco podría trasladarse a otro planeta y sobrevivir en él como especie autónoma.

La vida no es una suma de individuos aislados, sino una red inseparable de condiciones ambientales, biológicas y botánicas. Los dinosaurios fueron el resultado de una atmósfera distinta, una flora única, microorganismos específicos y un clima particular. De la misma manera, los seres humanos somos el producto exclusivo de la biosfera terrestre: respiramos un aire con proporciones exactas de oxígeno y nitrógeno, dependemos de suelos vivos cargados de bacterias y hongos, de ciclos de agua y carbono regulados por millones de especies, y de una energía solar estable.

La idea de colonizar planetas como Marte u otros sistemas solares parte de una ilusión tecnológica: creer que podemos replicar artificialmente esa red compleja en un entorno que jamás la tuvo. Pero, al igual que intentar revivir un dinosaurio en el siglo XXI, pretender que la humanidad florezca en otro planeta ignora que la vida es indisociable de las condiciones que la generaron.

Conclusiones

Por eso, así como no habrá un “Parque Jurásico” real, tampoco habrá un “Planeta B”. La única posibilidad de continuidad para nuestra especie no está en escapar de la Tierra, sino en cuidarla. La verdadera lección que nos dejan los dinosaurios no es la nostalgia de traerlos de vuelta, sino la advertencia de que cuando un mundo desaparece, las especies que dependían de él desaparecen con él.

Glosario de términos clave:

Mesozoico: Era geológica (252–66 millones de años atrás) que incluye los períodos Triásico, Jurásico y Cretácico, conocida como la “era de los dinosaurios”.

Pangea: Supercontinente que existió en el inicio del Mesozoico, luego fragmentado en los continentes actuales.

Gimnospermas: Plantas primitivas con semillas desnudas, como coníferas y cícadas.

Angiospermas: Plantas con flores y frutos que aparecieron en el Cretácico.

Sacos aéreos: Extensiones del sistema respiratorio de aves y dinosaurios, que permiten una respiración muy eficiente.

ADN (Ácido desoxirribonucleico): Molécula portadora de la información genética de los seres vivos.

Biosfera: Conjunto de todos los ecosistemas de la Tierra que sostienen la vida.

Terraformación: Proceso hipotético de modificar un planeta para hacerlo habitable por humanos.

Fuentes consultadas:

Benton, M. J. (2015). Vertebrate Paleontology (4th ed.). Wiley-Blackwell.

Falkowski, P. G., Katz, M. E., Milligan, A. J., Fennel, K., Cramer, B. S., Aubry, M. P., ... & Zapol, W. M. (2005). The rise of oxygen over the past 205 million years and the evolution of large placental mammals. Science, 309(5744), 2202-2204. https://doi.org/10.1126/science.1116047

Kasting, J. F., & Catling, D. (2003). Evolution of a habitable planet. Annual Review of Astronomy and Astrophysics, 41(1), 429–463. https://doi.org/10.1146/annurev.astro.41.071601.170049

Ward, P. D. (2006). Out of Thin Air: Dinosaurs, Birds, and Earth’s Ancient Atmosphere. National Academies Press.

Ward, P. D., Labandeira, C., Laurin, M., & Berner, R. A. (2006). Confirmation of Romer’s Gap as a low oxygen interval constraining the timing of initial arthropod and vertebrate terrestrialization. Proceedings of the National Academy of Sciences, 103(45), 16818–16822. https://doi.org/10.1073/pnas.0607824103

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© Henrik Hernandez, 2025. Bajo protección de la Ley Sueca de Derechos de Autor (Upphovsrättslagen, 1960:729).

Créditos y colaboración técnica

Este artículo ha sido redactado por Henrik Hernandez, autor de más de 800 textos publicados en Tocororo Cubano, con una línea editorial comprometida con la defensa del socialismo cubano, el pensamiento crítico y la soberanía nacional.

La estructura argumental, la revisión constitucional y el enfoque político han sido elaborados con el acompañamiento editorial de Sofía (IA literaria ChatGPT), presente desde julio de 2024 como asistente constante en el proceso de escritura, análisis y estilo.

También se ha contado con el contraste teórico y validación conceptual brindados por la inteligencia artificial DeepSeek, utilizada en calidad de herramienta crítica para el análisis institucional y económico.

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